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Rafel Michelini por Nuevo Espacio:
DDHH: FA se apura para evitar prescripción: Las próximas 96 horas serán claves en el Frente Amplio (FA) para definir si existen condiciones internas para presentar un nuevo proyecto de ley que prorrogue los plazos o declare la imprescriptibilidad de los delitos cometidos durante la dictadura militar.
Intensas negociaciones se llevan adelante en la coalición para tratar de que el próximo martes se alcance una formula de acuerdo, durante la sesión de la Comisión especial sobre Caducidad. Las negociaciones apuntan a acercar las posiciones para tener el compromiso de que todos los sectores darán sus votos para aprobar un proyecto de ley antes del 1º de noviembre.
La celeridad se produce ante la eventualidad de que en la Justicia prime la posición de no reconocer que los delitos cometidos durante la dictadura son de lesa humanidad. Por lo menos cuatro propuestas son las que están a consideración de los integrantes de la Comisión. Empero, fuentes del FA señalaron que algunos sectores, entre ellos Asamblea Uruguay, no son partidarios de apoyar una nueva solución legal.
Por otra parte, el conductor del Nuevo Espacio, Rafael Michelini, dijo a LA REPÚBLICA que si en el correr de la semana próxima el FA no llega a un acuerdo, el sector presentará su propia iniciativa.
Aunque el grupo no tiene redactado el proyecto, Michelini indicó que se analiza si se propondrá postergar el plazo de la prescripción o se planteará la imprescriptibilidad de los delitos. Otras fuentes consultadas expresaron que la presentación de una nueva alternativa legal tiende a dar respuesta a los reclamos de las organizaciones de derechos humanos, pese a dudar si se podrá aprobar en menos de un mes en el Parlamento.
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NUEVAS MIRADAS - Alvaro Rico
Varias inquietudes y confusiones quedaron en el tintero luego de lo ocurrido en el último período en torno a la impunidad. No son temas de ahora, sin duda. Pero aparecen aristas nuevas que es necesario analizar. Y a fondo.
¿Qué tan arraigado está el concepto de impunidad en nuestra sociedad?
¿Cuales fueron las ausencias en el debate parlamentario sobre la ley interpretativa?
¿ Es la impunidad un elemento estructurante de la sociedad uruguaya posdictadura.?
Pienso que el gran ausente del debate parlamentario sobre la ley interpretativa de la ley de caducidad, fue el período de la dictadura. La discusión terminó girando sobre la convicción democrática o no de la izquierda, sin que el cuestionamiento a la dictadura estuviera presente cuando en realidad, la ley de caducidad y la discusión sobre la misma es una de las secuelas fundamentales del terrorismo de estado, casi 40 años después del golpe.
Por consiguiente, cualquier argumentación que desde el presente se elabore, no debería perder de vista su origen. Una segunda conclusión, es como, a pesar de que por distintas vías se ha avanzado en el conocimiento de la etapa dictatorial, el discurso político y los argumentos jurídicos incorporan un poco de ese conocimiento acumulado por la sociedad a través de distintas vías: la investigación universitaria, el periodismo científico, el ensayo, las indagatorias de la justicia, las causas y el debate regional. Entonces, hay un desfasaje muy grande, por no decir una escisión completa, entre las investigaciones históricas que se han realizado y las explicaciones que desde la política se hace.
Un discurso político escindido de la realidad.
Por ejemplo, es muy sorprendente que luego de las investigaciones encomendadas por el Presidente de la República desde el año 2005, revisando archivos públicos y utilizando fuentes estatales, que documentaron los datos de las víctimas detenidas y desaparecidas, los operativos represivos contra las organizaciones de pertenecían, los centros clandestinos de reclusión, los asesinatos políticos y el involucramiento del aparato del estado en la operativa de la dictadura, así como la coordinación regional, el discurso político en democracia, a la hora de fundamentar las interpretaciones de la ley, a la hora de medir el espíritu democrático de unos actores y no tan democráticos de otros, no incorpora ninguno de estos resultados alcanzados.
Estamos, entonces, frente a un discurso político autosostenido, que no necesita del referente histórico ni de prueba para validarse. La verdad histórica y lo contenido del discurso político son dos hemisferios a parte.
El discurso político tradicional sobre la dictadura fue sistematizado, en el Uruguay posdictadura, sin necesidad de incorporar datos de la realidad. La construye y la presenta como “la” realidad. Su validez está otorgada más por la legitimidad de quien lo dice que por la veracidad de lo que dice, es el político que detenta la palabra autorizada, es el discurso del representante electo que, por tal razón, automáticamente convierte lo que dice en realidad, ya sea sobre el presente o sobre el pasado reciente, sin necesidad de apelar o incorporar argumentos contra fácticos u otras interpretaciones que no vienen del propio sistema y sujeto político.
En este sentido, también otro dato que ha surgido de esta discusión parlamentaria, es la capacidad de repetición o automatismo del discurso político tradicional. Determinados argumentos son muy dichos, una y 1000 veces, como si esa realidad hubiera permanecido congelada por 25 -30 años, sin incorporar datos nuevos.
Los discursos estereotipados que simplifican.
Al repetirse los mismos argumentos, ejemplos y datos durante mucho tiempo, se sistematiza así un conjunto de explicaciones sobre la dictadura, sus causas y responsables y opera como un modelo simplificado de argumentación extendido en el tiempo que logra popularizar la argumentación y memorizarla socialmente. Quedan como idea de sentido común al alcance de la mano, para aplicar a situaciones complejas y dolorosas.
Cuando analizamos allá por el año 2005 el discurso político del estado en la etapa de dictadura, fundamentalmente ejemplificado y muy personificado en el doctor Sanguinetti, lo que intentábamos demostrar eran las razones de esa explicación simplificada y prototípica de la dictadura, la sistematización de la tele teoría de los dos demonios. Evaluación simplificada, propia de la historia de las ideas religiosas; explicar los acontecimientos en función de la fuerza, la del bien y del mal confrontadas. Este biotipo se construye a partir de la afirmación de que la dictadura fue una excepción en la historia democrática, tolerante e integradora del Uruguay, y que, en cuanto excepción, fue un paréntesis sin consecuencias en el presente y sin antecedentes antes del golpe de estado.
En síntesis, aparte de instalar en la sociedad estos estereotipos que son reproducidos por los medios de comunicación, estos argumentos legitimados por el estatus de saber calificado que un político detenta y por la vía de la repetición del discurso, uno puede observar la capacidad que tiene el sistema político de sostener discursos autovalidado, autogenerado, autoreproducido, en particular, sobre los años 60 y la dictadura.
Otro de los elementos que señalamos es cómo la impunidad sale airosa nuevamente de esta circunstancia. Más allá de que otro podría haber sido el proyecto ley, o su redacción, más allá de que otro camino se podría haber elegido o que se podría haber procedido con mayor amplitud, la impunidad vuelve a salir renovada en una nueva instancia no plebiscitaria.
Entonces deberíamos preguntarnos, qué tan arraigado está el concepto de impunidad en nuestra sociedad. Uno de los indicadores fundamentales de ese arraigo es que muchos de los actores que participan en estas estancias, ni siquiera se lo preguntan. La impunidad está como naturalizada. Dicho de otra manera, la impunidad es un factor que estructura la sociedad uruguaya post dictadura, y ya no es un residuo o herencia de la dictadura a superar. La impunidad nos constituye políticamente.
La impunidad, un elemento estructural de la democracia y
de nuestras relaciones humanas.
También lo he sostenido en otras oportunidades. Podemos pensar la impunidad como un “efecto” de la dictadura, la herencia del régimen político terrorista de estado que pervive residualmente durante cierta temporalidad a superar o absorber con el tiempo o con la muerte de los protagonistas, como sostiene el presidente Mujica.
Otra manera de pensar la impunidad es como un factor estructurante de la democracia política y de los comportamientos de los actores de ese sistema y de la sociedad. Es decir, un componente de la cultura política posdictadura y de la lógica del sistema que funciona con la impunidad incorporada. Este posicionamiento hace mucho más difícil analizar el tema y mucho más radical la solución y el cambio político y cultural que hay que procesar en la sociedad.
Ciertas líneas de investigación que hemos impulsado en los últimos años tienen que ver con ese enfoque y con ampliar el concepto de impunidad, yendo más allá de su reducción interpretativa vinculada exclusivamente al tema de juzgamiento o no de los responsables de los crímenes de lesa humanidad, para ilustrar o estudiar las conductas generalizadas en diversos ámbitos de la sociedad uruguaya en democracia.
De allí surge que el concepto de impunidad puede entenderse en un sentido amplio como comportamiento de no asumir las responsabilidades o no tener actitudes críticas en el Uruguay pos dictadura.
Esto podemos verlo, por ejemplo, en el médico que llega tarde una consulta y no da explicaciones, hasta el docente que no entrega los resultados de los exámenes a tiempo y no ve necesidad de explicarse ante sus alumnos, o del albañil que compromete un plazo y un presupuesto termina cuatro meses después cobrándote el triple: simplemente, tómelo o déjelo. Lo mismo en las actitudes del sistema político que no revisa sus decisiones, que no incorpora la crítica, que no pide perdón institucionalmente.
Luego sigue la actitud de”¿cómo le voy a decir a esta autoridad que no está cumpliendo con su responsabilidad ?”, llámese médico, llámese docente, llámese político militar, cuando puede usar esa autoridad contra mí a la hora de evaluarme o a la hora de diagnosticarme o a la hora de gobernarme o estigmatizarme.
Me refiero con esto último a todas las diferentes acciones o reacciones que se generan a partir de la interrelación entre personas condicionadas por la relación social de impunidad o irresponsabilidad, y las dificultades de convivencia que de ello se derivan, la pérdida de espontaneidad en función del cálculo de costos y beneficios, la pesadez de gestionar los hechos cotidianos de manera saludable para no complicar las relaciones con el otro y obtener lo que quiero. Para obtenerlo, debo ser parte de un conjunto de complicidades mutuas que se entretejen entre dos o más personas o entre las personas y las instituciones que, a los efecto de obtener determinado objetivo personal, condiciona mi ubicación y mi crítica; por qué si actúo en consecuencia, como “lo que soy” o “lo que pienso” no logró lo que quiero. En realidad, la impunidad es un mecanismo de poder basado en complicidades mutuas y el mutuos chantajes que conservan el statu quo bajo la apariencia de la democracia y la convivencia tolerante.
La cultura de la queja.
En ese marco general, la impunidad como relación social y de dominio, otro ángulo que nosotros analizamos, está vinculado al predominio de la cultura de la queja, un correlato del anterior. En la queja individual o familiar salta, se expresa, lo que uno necesita contener lo que uno oculta o mimetiza en relación con los otros. No emerge, como en otras épocas, bajo la forma de protesta y movilización sino bajo la forma de queja asordinada entre pares o en la conversación en la mutualista, o como acción violenta en el ámbito doméstico familiar. Si protesto, no lo logro, si lo hago por la fuerza no lo logro; si me junto con otro para protestar colectivamente va a demorar. Entonces, a los efectos de un resultado personal más inmediato, condiciono todo lo que quería decir o todo lo que quería hacer en aras de una respuesta con buenos modales que disimula o esconde mi protesta.
La dictadura fue un quiebre. Ahora bien, cuando la democracia se fue reinstalando en el país, empezamos explicar todo por el factor político, por el factor de la democratización, sin profundizar demasiado en cómo la dictadura condicionó culturalmente nuestra forma de ser: afectivamente, humanamente, en nuestro vínculos interpersonales. Mucho de el “no te metas”, de la indiferencia, del mimetismo, de no pagar los costos, de no asumir responsabilidades, fueron en democracia prolongaciones y justificaciones de la cultura del miedo bajo la dictadura, que propició cultural y socialmente un conjunto de estrategias de sobrevivencia personal, familiares, grupales que, luego, cuando la política retornó, cuando la política se hizo pública sobre todo a partir de los años 80, permanecieron
En la duración media de la historia cultural del país, esta cultura del miedo y “el no te metas” de la dictadura continuaba con la impunidad y el “yo no fui” de la democracia, se anuda a la cultura del clientelismo político, que fue predominante en el Uruguay en los años 50, uno de los pilares del imaginario de “como el Uruguay no hay”. La lógica del clientelismo generaba una forma de relacionamiento interpersonal muy viciado, muy basado en el cálculo egoísta de venta de favores a cambio de beneficios, muy de “no digas nada”, de doble discurso. En cierto modo, la impunidad, ahora en el sentido reductor de no juzgar a los responsables de crímenes de lesa humanidad y de no avanzar en la búsqueda de la verdad, es también una política de favores entre sectores de las Fuerzas Armadas y sectores que se mueven en el ámbito político, ya sea de forma consciente o inconsciente.
La derrota de la izquierda.
No digo que haya habido un pacto político expreso, pero estos aspectos culturales y subjetivos son también elemento condicionante del quehacer político, aunque no se tenga en cuenta por los enfoques hegemónicos; habría que psicoanalizar a las instituciones y sus sujetos portadores para saber, en qué medida, las conductas de favores explícitos o tácitos, aceptados voluntariamente o por dominio, están incidiendo en la conservación de la impunidad, en un sentido estrecho y amplio de la sociedad uruguaya.
Yo había analizado, en un librito editado por Trilce que salió hace ya bastantes años, en el 2005, “Como nos domina la clase gobernante” que, en buena medida, el pedido que se abre con la derrota del referéndum contra la ley de caducidad en el año 89 y luego la caída del muro de Berlín, implicaban también una especie de tercera derrota de la izquierda.
La primera había sido la derrota militar, en los intentos de sectores de izquierda que de alguna manera habían elegido la vía armada para hacer el cambio revolucionario en el contexto de los años 60 y principios de los 70 del siglo pasado. La segunda era la derrota política, en ese trabajo la ejemplificaba en el levantamiento de la huelga general en julio del 73. Con el golpe y la dictadura, se derrotó lo que había sido una acumulación política social y cultural de la izquierda uruguaya, para un cambio también revolucionario de las estructuras económicas y de dominación del país.
Pero en esas ocasiones no se había derrotado los símbolos, en la medida de que la izquierda en el exilio, la izquierda la cárcel, en la clandestinidad, había hecho de su lucha, esfuerzos e intento, un símbolo de continuidad del ideal, de continuidad del proyecto de cambios del capitalismo.
Sin quitarle la importancia histórica que tuvo y tiene haber llegado al gobierno en el año 2005 y continuar actualmente esa experiencia y sus éxitos, yo hablaba de una derrota simbólica desde el año 89, en el sentido que la izquierda también negaba esa instancia reduciendo su mensaje, asumiendo en buena medida la lógica del sistema y el pragmatismo y el realismo del gobernar, desplazando su capacidad autocrítica y utópica.
La izquierda pagó en vidas, en experiencias generacionales, en sufrimiento, sus aprendizajes democráticos. Sin embargo, no hizo un una reelaboración crítica de su propia historia, incluso de su historia bajo la dictadura, que también está llena de secretos, de complicidades, de exaltaciones machistas y combatientes.
En la medida que ese pasado no fue puesto en su justo lugar en la experiencia colectiva de la izquierda. se vuelven a repetir los temas no resueltos. Yo no soy de los que creo, como también en la izquierda se dice para salir un poco del paso: "esa discusión nos la debemos"
En realidad, ese "debemos" disimula una imposibilidad estructural y existencial. Lo que estamos queriendo disimular es un vacío profundo de reflexiones, valoraciones, de autocrítica que se debiera dar en determinado momento y que no se dieron, o que se dieron (estoy pensando los intentos de renovación con participación que ensayó la izquierda), pero que resultaron frustrantes y truncos, no sólo por incapacidad intelectual o falta de cintura político, también por vaciamiento afectivo.
Como la izquierda intenta explicar todo racionalmente, a veces uno tiende a decir que hay una intencionalidad política detrás de la falta de difusión o reflexión; que se está demorando porque hay otras prioridades y urgencia. A veces hay una imposibilidad existencial de procesar una reflexión o una autocrítica que ponga en juego mis propios errores y mi propio tiempo puesto en esto, en el pasado.
Asimismo, es difícil acompasar eso con un presente que te encuentra con otro problema, con otra subjetividad a nivel de la sociedad, con otra agenda del sistema político, y con el tema de que si llegaste al gobierno, necesitas mantener ese gobierno. Porque la lógica de la política no es solamente conquistar el poder, sino conservarlo y ampliarlo. Desde Maquiavelo para acá la política moderna esta construida sobre la base de este axioma. Más allá de que los contenidos del ejercicio del poder sean bien distintos ( por algo hay izquierda y derechas), desde el punto de vista de la lógica política la izquierda de gobierno incorpora ese axioma de perpetuarse a través de mecanismos democráticos. Y esto es independiente de las intenciones del compañero tal o cual.
La dictadura lo que hizo son dos cosas, con eficacia extraordinaria: una, en lo inmediato, fue destruir las conformaciones políticas y los avances de la fuerza de la izquierda en Uruguay y la región del cono Sur, que constituían un desafío a los poderes constituidos que incluso en Chile eran gobierno. Es el aspecto contrarrevolucionario de la dictadura. Se propusieron y lograron desmantelar las estructuras de izquierda con su secuela de víctimas.
Pero las dictaduras también tuvieron un aspecto fundante, que hace a las relaciones de tipo cultural y social: impusieron, y cuyos efectos perviven más tiempo de lo que la misma duró como régimen político estatal, relaciones basadas en el miedo, la desconfianza, la enemistad, la autoridad, que sedimentan y se continúan, independientemente del régimen político, en democracia.
Esto no se da solamente en el plano del sistema político porque por ejemplo, en los temas de la criminalidad podés analizar cómo parte de la sociedad uruguaya funciona bajo lógicas autoritarias. Por eso mismo, no es posible analizar los fenómenos de delincuencia y criminalidad actual, sin tomar en cuenta los fenómenos delictivos y muy particularmente, de violencia estatal en el periodo anterior, en los años 60 y bajo la dictadura. Como no relacionar que el sistema político tradicional, por un lado, reafirma la caducidad de la pretensión punitiva del estado para no castigar a sus propios agentes acusados de crímenes de lesa humanidad y por otro lado, pretende exacerbar esa pretensión punitiva del mismo para actores no estatales, menores en particular, acusado de delitos comunes.
Uno puede ver todo esto como una continuidad de mismos problemas inscriptos en la sociedad uruguaya independientemente del régimen político y no efectos de una ruptura, un antes y un después, provocado por el golpe y la dictadura.
Las dictaduras, en realidad, son eficaces, por sobre todas las cosas, por la destrucción de formas de convivencia, en la destrucción de relaciones sociales. En ese sentido, buena parte de las relaciones sociales que antes estaban guiadas por ideales altruistas, solidaristas, de cambio revolucionario de la sociedad, de hombre nuevo, son eliminadas como cosa de otro tiempo, de otro contexto. También logran que no se reflexione: ¿para qué pensar en algo que ya pasó hace tiempo?.
Estas son algunas pistas que, de alguna manera, contribuyen a explicar cómo somos los uruguayos hoy en día, vinculando el cómo somos, al cómo fuimos y qué nos pasó. No es el afán de explicar toda la realidad presente por la dictadura, porque sería también muy fácil establecer una explicación causal sencilla y al alcance de la mano, sino de poder complejizar y reflexionar un conjunto de problemas y tiempos históricos sin escindir los hemisferios: el pensamiento de la realidad, de la dictadura, de la democracia, de la impunidad, de la verdad.
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Alvaro Rico: "El objetivo de la dictadura fue toda la población"
Alvaro Rico, coordinador de la investigación histórica sobre la dictadura realizada por la Udelar, destacó que el mismo presenta un listado de 5.295 presos, 116 asesinados políticos y 67 bebés que estuvieron presos con sus madres....
Gabriel Mazzarovich
El profesor Alvaro Rico, coordinador de la "Investigación Histórica sobre la dictadura y el terrorismo de Estado en el Uruguay 1973-1985" realizada por al Udelar, dialogó extensamente con LA REPUBLICA sobre el trabajo y sus principales conclusiones.
Para esta investigación revisaron varios archivos, ¿cómo fue la recopilación de datos?
Los archivos fueron 20. Desde el punto de vista de la información no pública, en primer lugar el de la Dirección Nacional de Información e Inteligencia, el Departamento 3. Desde el punto de vista de archivos es un patrimonio nacional por la importancia de la información allí depositada y custodiada. Con la característica de que este archivo, si bien es policial, en la medida que la dictadura y los servicios de inteligencia en particular trabajaron con múltiples copias a los organismos intervinientes en la represión, en ese archivo policial encontramos mucha documentación militar. Otros dos archivos muy importantes son los de la Cancillería, el histórico y el administrativo.
Desde el punto de vista de la parte de la reconfiguración del Estado durante la dictadura los archivos del Consejo de Estado y el material del archivo del Palacio Legislativo.
Revisamos los archivos del Instituto Militar de Estudios Superiores (IMES), allí se accedió ya de fuente militar directa, no tanto a información sobre procedimientos represivos pero sí a boletines de órdenes diarias. Esto permite elaborar una ubicación funcional de agentes involucrados en la represión directa que también es muy importante.
Otro archivo estatal importante es el de la Secretaría de Seguimiento de la Comisión para la Paz, que quedó en custodia del archivo que recopiló la Comisión para la Paz. Este es un archivo muy importante para el tema de desaparecidos, pero no solo, porque además de los legajos personales de las víctimas hay una cantidad de documentación conexa. También están allí los documentos desclasificados por el Departamento de Estado en EEUU.
También se analizaron archivos no estatales. El archivo Raúl Olivera-Sara Méndez fue muy importante para analizar la represión contra el PVP y la coordinación represiva regional. El archivo de Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos. Consultamos online del NCA con sede en Washington, que nos proporcionó documentación sobre el "Archivo del terror" en Paraguay, sobre los casos de uruguayos.
¿Cuáles son los aportes nuevos más importantes que tiene esta investigación?
Un aporte que no es sobre un tema concreto, pero que desde mi punto de vista sigue siendo muy importante, es la base documental que los libros tienen. En particular que se trata de documentación oficial. Hasta el momento las historias sobre la dictadura han girado o sobre los testimonios de las víctimas o sobre fuentes "éditas" públicas del período, fundamentalmente prensa. Durante todos estos años de democracia no se había podido tener acceso a información estatal. Tanto la investigación de Presidencia como esta de la Udelar tienen la base de documentación oficial.
En segundo lugar, otro aporte fundamental lo constituye el intento de reconstrucción global y sistemática del período histórico. La dictadura ha sido reconstruida desde experiencias parciales y fragmentarias, por la represión, por la incomunicación, por el exilio. Estas nuevas investigaciones buscan dar una visión global relacionando todas estas dimensiones y mostrando como la dictadura quiso reorganizar el Estado, la sociedad y a la propia ciudadanía.
En tercer lugar, por el carácter sistemático. No se trata de juntar datos dispersos y ponerlos todos juntos, sino de organizar la dispersión de estos datos dentro de algunos padrones historiográficos pasibles de ser entendidos.
Los asesinados políticos y la prisión
Resaltando esos aportes desde el punto de vista de la investigación, ¿cuáles son los temas o enfoques que usted destacaría?
Bueno, con todo el cuidado del caso, porque la dictadura usó mucho los números como estrategia para el anonimato y la pérdida de identidad y nuestro objetivo no es convertir a las víctimas en un número más, aún con todas estas prevenciones, importa mucho llegar a una cuantificación de las víctimas.
Pero reitero, no cualquier cuantificación, se les pone nombres, historias, militancia política. Entonces se puede decir los resultados de la dictadura desde el punto de vista de las víctimas son estos, las circunstancias de fallecimiento fueron estas.
Desde el punto de vista de los temas, uno importante es la incorporación a la investigación del tema de los asesinados políticos.
Con los asesinados políticos no hubo investigaciones oficiales anteriores, ni desde el Parlamento, ni desde el Poder Ejecutivo, por lo tanto el nivel de acumulación de información y documentación es mucho menor y se nota. Se nota por ejemplo en las dificultades que hemos tenido para conseguir las fotos de los asesinados políticos, en el libro la mayoría de las fichas aparecen sin fotos, esto no ocurre con los desaparecidos.
Me parece que es un aporte muy importante documentar 116 casos de asesinados políticos, las cifras siempre son relativas, pero las que están son documentadas.
Se incluyen las modalidades en que esto se produjo. No es un dato cualquiera, ayuda mucho a comprender la naturaleza de la dictadura y la represión. La mayoría de estas muertes se producen en los presidios, por omisión de asistencia, tortura o autoeliminación. Sólo 10 uruguayos mueren, durante la dictadura, en enfrentamientos directos.
¿Qué dimensión tiene en la investigación la prisión política?
Sin dudas la prisión política fue la modalidad represiva jerarquizada por la dictadura uruguaya.
Que además en su totalidad fueron torturados.
Casi en la totalidad, porque si no fue una tortura física directa, que en la mayoría sí lo fue, fue una tortura psicológica estando presa, tortura con el familiar o después de liberado.
Aportar un listado de 5.925 presos políticos al que dedicamos 200 páginas es un aporte importante. Seguramente algunos no se encontrarán porque este listado único surge de que los investigadores compararon infinidad de listados de los servicios de inteligencia.
No existía un listado único. En el caso del Penal de Libertad influyó mucho el trabajo previo realizado por Tiscornia y Trevi en su libro, "Vivir en Libertad".
Pero en esta investigación reconstruimos listados de cuarteles, jefaturas y presidios. También se estudian las condiciones de detención, que no es solo la privación de libertad, es la acción psicológica premeditada para operar sobre la sensibilidad de los detenidos para conseguir un logro determinado.
Las escuchas y grabaciones de las visitas con los familiares. Los presos "en depósito" que eran retenidos aún después de decretada su libertad. La modalidad de libertad vigilada.
Las mujeres y los niños presos
La investigación tiene un capítulo especial sobre las mujeres. ¿Por qué?
La represión contra las mujeres es un tema muy invisibilizado de la dictadura. La mujeres rehenes, las militantes del MLN, tuvieron condiciones de reclusión similares a la de los hombres. Una pregunta que nos hicimos en la investigación fue si en la represión de la dictadura podíamos encontrar un impacto diferencial por género. En ese marco también estudiamos la maternidad en prisión. Los menores de edad detenidos con las progenitoras. En este tema se logró la documentación de 740 mujeres presas en Punta de Rieles, la invisibilización llegaba al punto de que no se conocía ningún listado. De estas mujeres 23 mueren por razones políticas, la mayoría en prisión.
Con respecto a los niños, también mostramos las diferentes situaciones y un listado de bebés nacidos en prisión, que ellos también están presos, aquí el lenguaje se queda limitado para describir algunas situaciones.
En la investigación se presenta un listado de 67 bebés.
La población como objetivo
En esta investigación se maneja el concepto de "sociedad controlada" ¿Qué implica esta definición?
Estas investigaciones si bien dan cuenta de las víctimas directas, que en su mayoría eran militantes de organizaciones de izquierda, muestran claramente otra dimensión.
El objetivo de la dictadura fue toda la población, la vigilancia, el disciplinamiento.
La dictadura tuvo un objetivo inmediato que fue desmantelar la oposición, pero tuvo uno a largo plazo que tiene que ver con la reestructura de las relaciones sociales, de las normas de convivencia, de la instalación de formas de inseguridad, de desconfianza.
Entre fines de 1975 y 1979 podemos hablar de una dictadura que además de autoritaria fue totalitaria. Se buscó organizar completamente a la sociedad desde el Estado.
Es la documentación que damos cuenta en la parte que denominamos "Insilio". Se muestra la vigilancia sistemática y permanente sobre prensa, espectáculos artísticos, intelectuales, carnaval y clubes de fútbol. El control a las homilías de los domingos de la Iglesia Católica formó parte del trabajo permanente de los servicios de inteligencia. Pero también a los Testigos de Jehová, la religión umbanda. Fueron miles de agentes, toda la estructura del Estado puesta al servicio de vigilar a cientos de miles de uruguayos, permanentemente, en todas sus actividades.
También se incluyen documentos sobre la colaboración de parte de la población con la dictadura para vigilar y reprimir.
Todo esto también explica porqué la sociedad uruguaya es hoy lo que es, los cambios en los relacionamientos, en la amistad, en la violencia. Explicar la sociedad uruguaya de hoy sin incorporar el impacto en todos los niveles de la dictadura es imposible.
¿Qué se quiere decir en la investigación cuando se habla de un "estado clandestino"?
En la discusión en democracia sobre la dictadura, fue reconstruido sobre la base de culpables. Hubo un relato hegemónico durante años que explicaba que llegamos a la dictadura por el accionar de fuerzas de izquierda que cuestionaron el orden y hubo una respuesta que traspasó los límites. Estas investigaciones producen un cambio en esta concepción porque colocan como centro de la dictadura al Estado. El sujeto de la acción es el Estado, por lo tanto la responsabilidad se centra en las acciones institucionales.
Hay toda una degradación de la institucionalidad que lleva al autoritarismo que lleva a la dictadura. Eso en el discurso hasta ahora predominante se borra de un plumazo. En ese discurso la dictadura surge por la acción alocada de unos que desafían el orden y otros que van más allá de su fin específico en la represión. Es la teoría de los dos demonios. Esta investigación demuestra que eso no fue lo que ocurrió, hay que ver la reestructura del Estado, los cargos que se crean, los organismos que se crean. Se cambia la Ley Orgánica Militar en 1974, la represión pasa de ser una función a una misión. Se centran en la Junta de Comandantes en Jefe todos los organismos de inteligencia.
Esto se complementa con una dimensión secreta, clandestina del Estado, que asume tareas operativas, pero que funciona como parte del Estado, es el mismo aparato, pero tiene una doble faz.
Nosotros reconstruimos la existencia de 50 centros oficiales de detención de presos políticos y 9 clandestinos. Fue toda la estructura del Estado la que operó.
La actuación de la parte clandestina tiene como antecedente la de los Escuadrones de la Muerte que existieron en democracia. Hay dos desaparecidos en 1971.
Una diferencia de la dictadura uruguaya con respecto a otras de la región fue su fuerte institucionalización.
Esto relativiza totalmente el que los mandos no tenían conocimiento o que los responsables políticos no sabían lo que hacían. Hubo una institucionalidad de la represión y el actor central fue el Estado.
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Mota y Guianze suben la apuesta por DDHH
La jueza Mariana Mota y la fiscal Mirtha Guianze no atenderán el fallo de la Suprema Corte de Justicia según el cual los delitos cometidos en la dictadura prescriben en noviembre.
Con el procesamiento del ex canciller de la dictadura, Juan Carlos Blanco en 2001 por la desaparición de la maestra Elena Quinteros se abrió una nueva etapa en la Justicia. Con la fiscal Mirtha Guianze a la cabeza se reabrieron decenas de causas de violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura.
A su despacho llegaron las denuncias contra los principales militares que estuvieron al frente de la represión. Por la acción de la fiscal, fueron primero procesados y luego condenados José Gavazzo, Jorge Silveira, Ricardo Medina, Ricardo Arab, Ernesto Ramas, Gilberto Vázquez, Luis Maurente, José Sande Lima, el ex dictador Gregorio Álvarez, Juan Carlos Larcebeau y Erneso Soca, hoy recluidos en la Cárcel Militar de Domingo Arena.
Su postura le valió el aplauso de la izquierda y de las organizaciones de derechos humanos y la crítica de la derecha que la tachó de ser una fiscal “tupamara”. Los militares procesados sacaron a relucir el vínculo de su esposo, José Alvarizza, con el MLN, y señalaron que había sido procesado en 1972. Luego ella explicó: “A mi marido le pidieron esconder gente del M.L.N. cuando este ya estaba desbaratado y él habló para conseguir un lugar”, y concluyó que se ha hecho del tema “una bulla excesiva”.
La fiscal dijo a El Observador que se le hizo mucha campaña en contra. Relató que cuando pidió el procesamiento de Blanco, el entonces ministro de Defensa, Yamandú Fau y los comandantes en jefe le “cayeron duro”. Afirmó que el ministro de Educación de la época, Leonardo Guzmán -de donde dependen jerárquicamente los fiscales- quiso sacarla de la órbita penal por considerar que había cometido “un grueso error de derecho”.
Guianze sostuvo que con la llegada de Tabaré Vázquez al gobierno obtuvo respaldo para investigar las causas pero más tarde desde la oposición y desde la propia Presidencia (con el secretario de la Presidencia, Gonzalo Fernández a la cabeza) le hicieron una “zancadilla” para impedir que llegara a la Fiscalía de Corte.
Pero Guianze no es la única magistrada que se ha embarcado en el esclarecimiento de estas causas. Hay casi una veintena repartidas entre distintos jueces y fiscales que están investigando lo que ha ocurrido en el pasado (ver pieza aparte).
La jueza penal Mariana Mota al llegar al juzgado penal de 7o turno, proveniente de Ciudad de la Costa, heredó cinco causas que ya estaban en ese juzgado, entre ellas la de Juan María Bordaberry procesado por la jueza Graciela Gatti y condenado por Mota por diez homicidios cometidos en la dictadura.
También heredó el expediente por la desaparición de los militantes del Partido Por la Victoria del Pueblo, Gustavo Inzaurralde y Nelson Santana, por la que procesó al coronel Carlos Calcagno.
A pesar de que Calcagno negó su participación en la detención y tortura de los desaparecidos en Paraguay, la jueza se basó en documentación de la dictadura de ese país que “evidencian que tomó parte en los interrogatorios bajo tortura de Inzaurralde y Santana”, dijo en su fallo.
Mota afirmó que “el principio de que nadie está obligado a probar en su contra” es “obsoleto y profundamente injusto”.
El ex presidente Jorge Batlle y el ex vicepresidente Gonzalo Aguirre señalaron: “Significa claramente que todos tenemos que probar nuestra inocencia y, según este fallo, los jueces pueden, por convicción, aunque sea sin pruebas, condenarnos a todos”.
El Colegio de Abogados del Uruguay (CAU) cuestionó la posición de la magistrada por ser “opuesta a los principios” del Derecho en Uruguay y “descalificadora del principio de inocencia consagrado” en la Constitución.
La verdad “por dentro” 
En diálogo con El Observador Mota dijo que su “pecado” fue investigar y luego calificar los delitos como crímenes de lesa humanidad. La jueza aseguró que a partir de estas calificaciones, comenzó una campaña en su contra que busca “destuir” su imagen y que va a seguir.
Mota dijo que el cuestionamiento del Colegio de Abogados “le dolió mucho” porque jamás había tenido problemas con el órgano que “salió a decir algo muy ofensivo” .
La jueza tiene 47 años y señaló que cuando sucedieron estos hechos iba a la escuela. Aseguró que “nunca” tuvo militancia partidiaria en la izquierda, ni la hubo en su familia. A pesar de que hay abogados que afirmaron en estos días que militó en la Unión de Juventudes Comunistas (UJC), lo negó y aseguró que su única militancia fue en la Universidad y “en extensión universitaria, jamás en política”.
La magistrada no siempre tuvo la misma postura frente a los casos de derechos humanos, sino que la adoptó luego que empezó a investigar.
“Estar en las causas por dentro me ha hecho caer en la realidad. De afuera uno tiende a idealizar pero desde adentro me di cuenta que en aquel momento las cosas eran difíciles y que no se puede tomar partido ni de un lado ni del otro”, reflexionó.
En estos casos como en cualquier otro que llega a su despecho intenta “averiguar como ocurrieron los hechos”, dijo.
Pero en estos expedientes se topó con una dificultad como es la ley de Caducidad “porque no permite avanzar” y resulta “molesto”.
De todos modos, admitió que el tema esta “demasiado politizado” y por ello está pagando “el tributo” de asumir una postura que a su juicio es técnica y no política.
En la misma línea argumentó la fiscal Guianze. La magistrada dijo a El Observador que su posición política no le influyó en los fallos que ha dictado.
De hecho, mencionó la postura que han asumido otros jueces “jóvenes” y que “no han tenido militancia política jamás”, como el caso del juez Luis Charles, quien procesó al mayor número de militares, o el juez Eduardo Pereyra, quien tiene a su cargo la muerte de Gerardo Alter.
“Son personas honestas que luego de investigar estos casos e informarse con exactitud de lo que ocurrió siguen para adelante”, afirmó.
La fiscal negó rotundamente tener una postura vengativa como se le ha endilgado. Como prueba de ello, dijo que no se opone a una ley que les permita a los militares recuperar la libertad, si tuvieran la actitud de reconocer que estuvieron mal.
Ser y parecer 
La presencia de la jueza Mota en la marcha del silencio, que se organiza desde la salida democrática para reclamar conocer la verdad sobre lo ocurrido con los detenidos desaparecidos, desató la indignación de los militares que vienen siendo indagados por la Justicia y de sus defensores.
Sin embargo, la Suprema Corte de Justicia dejó el episodio en un rezongo por lo que consideró “una falta ética”. Mota disintió. A su juicio no faltó a la ética porque no cree que se trate de una actividad político partidaria.
Además aseguró que no fue algo premeditado. Había quedado de encontrarse con su marido en la Plaza de los Treinta y Tres, y al llegar allí se topó con la marcha y saludó al abogado denunciante de varias de las causas, Oscar López Goldaracena. “me quieren presentar como una jueza parcializada pero no es así. Tengo la conciencia tranquila”, concluyó Mota.
Desaparición y homicidioTanto la jueza Mariana Mota como la fiscal Mirtha Guianze seguirán peleando por tipificar los delitos cometidos durante la dictadura como crímenes de lesa humanidad y por lo tanto, como delitos imprescriptibles. Ambas magistradas creen que la independencia técnica de la que gozan, les permite mantener su posición más allá de que la jurisprudencia falle en sentido contrario.
Mota dijo que el reciente fallo de la Suprema Corte de Justicia que confirmó que los delitos cometidos son homicidios muy especialmente agravados y no desaparición forzada, no la obliga a fallar en ese sentido.
Agregó que ella como magistrada debe juzgar según su leal saber y entender. Y seguirá juzgando de esa manera aunque cada vez los defensores apelen. Los tribunales de apelaciones y la Suprema Corte deberán estudiar cada caso y resolver. A juicio de la magistrada llegará un momento en que la Suprema Corte cambiará su posición.
Mota y Guianze destacaron la posición del presidente de la SCJ, Leslie Van Rompaey, único ministro que opinó que se debe tipificar desaparición forzada. En su discordia planteó que ese delito por ser permanente, “se sigue consumando en la actualidad, hasta la aparición de los cuerpos de quienes fueron ultimados por los agentes estatales”. Desde su punto de vista aunque el delito haya sido incorporado a la legislación nacional en el 2006, no impide su aplicación al caso.
En base a esa posición, la jueza y la fiscal seguirán investigando los casos luego de noviembre, a pesar de que la mayoría de la jurisprudencia afirme que a partir de ese momento los delitos prescriben y no se puede seguir investigando si no hay un pedido de procesamiento.
COHERENCIA COSTANZA MOREIRA
Una mentira dicha mil veces termina transformándose en verdad, decía el ministro de propaganda de Hitler. Y si no hubiera sido por el permanente ejercicio de la memoria llevado a cabo por las víctimas del Holocausto, la inexistencia de los campos de concentración (¡sostenida hasta hoy!), hubiera podido ser sostenida y quizá, quién sabe, hubiéramos olvidado este genocidio. Fue la lucha de entonces, y la de ahora -jurídica, política y especialmente cultural (libros, películas, conferencias, etc.)- que llevaron a cabo generaciones y generaciones, para no olvidar. Esto es lo que hace hoy del nazismo una aventura irrepetible. La memoria. La lucha por no olvidar lo que pasó.
Mentiras repetidas que parecen verdad
También nosotros hoy estamos en la lucha por mantener viva la memoria. Igual que ellos. Por eso nos empeñamos en rebatir una y mil veces la hipótesis de la "guerra", la tesis de los dos demonios, y por eso luchamos por construir cultural, política y socialmente la idea de que hubo "terrorismo de Estado", y que a escala uruguaya, fue gigantesco. Pero no por los asesinados, ni siquiera por los torturados: lo que fue gigantesco fue el costo social de la dictadura. Nos ha convertido en lo que hoy somos: con todos estos miedos, con toda esta resignación, con toda esta cola de paja. Es por estas razones, y no por otras por las que la anulación de la Ley de Caducidad da tantas vueltas que tiene a todo el mundo confundido. Y esta es la razón por la que, cuando parece que el fin de la impunidad comienza, como una lucecita tenue, a iluminar al fin del túnel, tenemos otro tropiezo. Otra declaración en la prensa. Otra vuelta atrás. Hay miedo, y a no confundirnos: es mucho lo que está en juego. Por eso cuesta.
Por eso hay tantas mentiras repetidas con apariencia de verdad. La primera, la más repetida, es la de que "violentamos" la voluntad popular al impulsar esta ley en el Parlamento. Y que desconocemos dos plebiscitos. Error: uno fue un plebiscito y el otro una derogación. En la derogación, la voluntad popular se expresó: 58% de los uruguayos prefirieron mantener la ley. El otro, fue un plebiscito para anularla, veinte años después: 48% dijo que quería anularla. No alcanzó. Nos faltó un 2% para llegar a lo que la Constitución quiere. Pero esa es la voluntad popular: la que no alcanzó. No la otra, la del 52% que se mantuvo en silencio y del que no sabemos si quería mantener la ley, si se abstuvo, o si prefirió simplemente no votar. Eso no lo sabemos, no lo sabremos nunca. Y el silencio no es nunca expresión de voluntad soberana. Porque la voluntad soberana, desde la revolución francesa hasta nuestros días, es activa. Cualquier jurista lo sabe. Y esa es la razón por la que nunca los abogados se pronuncian sobre esto, porque ellos bien saben que decir que la "voluntad del soberano" ratificó la ley en octubre de 2009 es una mentira. Una mentira repetida tantas veces que se ha transformado en una verdad a la que, en su buena fe, mucha gente adhiere.
Otra mentira repetida es que el FA perderá las elecciones si vota la ley. Y que la única garantía de que no se violen los derechos humanos, es que haya gobierno del FA. Primero: el FA no perderá las elecciones si vota la ley. El FA perderá o ganará las elecciones por un conjunto de cosas, tantas y tan diversas, que politológicamente es imposible identificar hoy, cuando faltan aún cuatro años, qué peso tendrá la candidatura, el desempeño del gobierno, o la situación económica, que son las cosas que definirán la elección (y no la votación de la ley interpretativa, claro). Pero se dice, y se repite, y alguno se lo cree. Claro está que este mismo argumento no valió para la aplicación del IRPF: medida antipática si las había, y con varias encuestas de opinión advirtiendo: no hay cosa que disguste más a la gente que que le metan la mano en el bolsillo. No sólo pagamos costos electorales por el IRPF, sino que, además, se advirtió sobre su inconstitucionalidad, y se llevó adelante igual (y fue declarado inconstitucional en el caso de los pasivos). ¿Acaso en ese momento le tembló la mano al gobierno para implementarlo? Parece que la suerte electoral vale como argumento para algunas cosas, y no para otras.
No, no es el gobierno del FA el que va a asegurar que los derechos humanos se respeten. Esto es creer demasiado en la "voluntad de los hombres" y, por usar a Artigas, veleidosa es la voluntad de los hombres, sólo el freno de la ley puede cambiarla. Lo que va a asegurar derechos son las leyes y las normas. Los grandes gobiernos, como el primer batllismo, se caracterizaron por dejar un conjunto de leyes "de avanzada" que le cambiaron la historia a este país. Como lo será esta, de ser aprobada, para las generaciones que vengan.
Otra de las mentiras repetidas que se ha transformado en verdad, y más aun cuando a la mayoría los asuntos jurídicos le resultan un embrollo imposible de entender, es que esta ley es un "mamarracho jurídico" y adolece de vicios de "inconstitucionalidad". La única ley que es un mamarracho jurídico es la Ley de Caducidad. Por eso la Suprema Corte de Justicia la ha declarado inconstitucional, y la Corte Interamericana de Derechos Humanos nos la mandó sacar (sí, es correcto: la tenemos que eliminar por mandato de la Corte). La ley interpretativa tiene problemas, como todas las leyes. Y puede ser recusada por inconstitucional, como todas las leyes. Pero no es un "mamarracho": en ella han trabajado nuestros mejores juristas, y han puesto el empeño muchos de los partidos, grupos y personas del Frente Amplio. La hemos ratificado en el Plenario del Frente ya dos veces. ¿Por qué de pronto ahora aparecen soluciones mejores? ¿Cualquiera que venga y nos proponga una solución "mejor" saldremos corriendo a escucharlo, y abandonaremos el camino tan costosamente construido hasta aquí? Coherencia, compañeros. Es una virtud política esencial. Y más en tiempos difíciles.
La "solución Risso"
Recientemente hemos escuchado hablar de una nueva solución jurídica propuesta por un profesor de la Universidad Católica. Básicamente propone derogar la ley, y que el Poder Ejecutivo por decreto anule los actos anteriores en los que dijo que tal o cual investigación estaba comprendida en la Ley de Caducidad. Esta supuesta solución, para el FA es una trampa mortal. Y esto no tiene nada que ver ni con el jurista que la propuso, ni con la calidad de lo que propone.
La ley interpretativa que votamos en el Senado es infinitamente superior a esta solución, aunque tenga problemas. Pero la trampa mortal es hacer que el FA cambie de posición, otra vez. Y anule lo que el Plenario decidió. Y luego pedirle nuevamente disciplina en cámaras para votar la derogación (que, claro está, también "violaría al soberano"). Y dejar, al igual que en la Ley de Caducidad, que sea el Poder Ejecutivo quien diga, discrecionalmente: esto vale, esto no vale. Por si faltara poco, tampoco resolvemos lo de Gelman, y entonces habrá que inventar alguna cosilla "ad hoc" para resolver lo que la Corte Interamericana nos mandó.
Esta no es una solución, es una trampa. Y es la estocada final, no sólo al espíritu, ya tantas veces jaqueado, de quienes quieren poner fin a la impunidad, sino al propio Frente Amplio, en la forma en que lo conocemos. Esto sólo tiene costos y ningún beneficio. El único, colateral, es que el gobierno salga bien parado de haber impuesto su principio de "autoridad". Pero ya no podrá hacerlo. En primer lugar, porque fue el Poder Ejecutivo el que mandó el primer proyecto de ley. En segundo lugar, porque el gobierno dijo que estaría a lo "que la fuerza política decidiera". En tercer lugar, porque ya no hay tiempo ni circunstancia política favorable para ejercer el principio de autoridad.
La marcha atrás, las dilaciones, las postergaciones, las declaraciones ambiguas, las señales de la "interna" de las FFAA, el llamado a un nuevo plenario, la aparición de "nuevos elementos" (¿cuáles?, ¿la opinión de juristas de las universidades privadas?, ¿la especulación sobre el posible fallo de la Corte?), sólo confunden más y crean un peligroso clima de opinión, en especial cuando el gobierno está en el medio. Mal cálculo para los que lo proponen. El gobierno se debilita, metiéndose en el medio y generando "ruido". Debe dejar que la fuerza política continúe adelante con el plan ya acordado. La coherencia, ahora, es la única actitud posible. Coherencia y firmeza. Coherencia con lo que se acordó y firmeza para sustentarlo. No más aplazamientos. No más soluciones "de última hora".
El FA se debilita si hay marcha atrás. Y hay interesados en que eso suceda: los que preferirían un partido de líderes y electores (con una buena tecnoburocracia capaz de gobernar el Estado), sin molestos comités, plenarios, coordinadoras, y toda esa parafernalia de "bases" que han hecho del FA lo que es, aunque funcionen mal. Pero ese cálculo está mal hecho pues, ¿quién va a asegurar que los líderes no se devoren entre sí? ¿Qué la cooperación venza sobre la competencia? ¿Que los individuos obedezcan lo que las mayorías resuelvan y no se "corten" por sí mismos? Hasta ahora, la única argamasa que mantuvo todo unido fue esa estructura, pesada, envejecida y burocrática, pero garantía de que las decisiones se toman entre muchos, y no en el conciliábulo de unos pocos. Y que las decisiones colectivas no pueden ser "bypasseadas" por unos pocos poderosos. Sí, eso es lo que representa el Plenario, y por ello debe ser preservado.
|*| Senadora de la República, Espacio 609, FA
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Para reflexionar: Una colaboración del Dr. Edmundo Gomez Mango
¿PERDONAR? ¿PERO QUIÉN HA PEDIDO PERDÓN? - SOBRE LA POLÍTICA DEL OLVIDO
Perdonar, olvidar : son actos humanos, morales, de indudable valor ético. ¿Quién no ha conocido como experiencia interior una situación en la que perdonó una ofensa, reconciliándose con quien le había ofendido y también consigo mismo?
En las situaciones que acontecen en las relaciones humanas tal como se estructuran en nuestra civilización marcada por concepciones judeo-cristianas, pero también por el pensamiento laico, la persona agraviada perdona cuando el agraviante reconoce el agravio y solicita perdón por haberlo hecho.
¿Se puede perdonar a quien no ha pedido perdón? ¿Es lícito, humanamente legítimo, perdonar sin previamente juzgar? Ante los crímenes cometidos – y que se siguen cometiendo de manera perpetua en el crimen impune – ¿es posible humanamente renunciar a juzgar? “¡El perdón! ¿Pero alguna vez nos han pedido perdón?”
Esta pregunta sigue siendo vigente para todos los verdugos : Vladimir Jankélévitch la formuló en su “inolvidable” trabajo llamado “Lo imprescriptible”[1] pensando en los asesinos nazis y en los millones de víctimas del terror totalitario. Agregaba : “Es la zozobra, el desamparo del culpable que darán un sentido y una razón al perdón.
Pero cuando el culpable es corpulento, bien alimentado, próspero y hasta enriquecido por el “milagro económico” el perdón se parece a una broma..El perdón ha muerto en los campos de la muerte”. Mirar hacia atrás : ¿se puede, sin “retrovisor” histórico, andar hacia delante? Sería negar de manera simplista todo el trabajo de la historia que desde que la humanidad es humanidad caracteriza la civilización.
Cuidamos de nuestro pasado, personal y colectivo. Conmemoramos los aniversarios de los vivos que amamos y también de los muertos que no olvidamos. Los pueblos recuerdan el pasado para construir y asegurar el presente y el porvenir. ¿Quién pretende sensatamente dar vuelta la hoja y seguir hacia delante sin reflexionar sobre lo que somos hoy, sin considerar lo que fuimos y padecimos y construimos ayer? ¿Puede sostenerse a nivel de lo nacional un simplismo absurdo que cualquiera rechazaría tratándose de su propia vida?
La “anamnesis”, la historia clínica, es el primer gesto del médico que pretende ayudar al enfermo, o proteger su salud futura. Hemos escuchado con esperanza el elogio al saber sinceramente proclamado por las autoridades nacionales, a los hombres y mujeres de cultura, a los que pueden aportar la experiencia de sus conocimientos para el progreso de la comunidad.
¿Existe algún intelectual digno de ese nombre – sociólogo, historiador, psicólogo, psicoanalista, filósofo, escritor de renombre- que considere que la investigación del pasado remoto y reciente es obsoleta, que nada aporta para la construcción del presente y del porvenir?
Perico caminaba por las calles de Montevideo, transcurría el año 1986, un año después de la caída de la dictadura ; había estado preso por su militancia en las organizaciones de derechos humanos, no había cometido ningún otro delito. Reconoce en una esquina de 18 de Julio al militar que lo había torturado salvajemente en repetidas ocasiones en el quinto piso de la jefatura de policía. Se acerca a él.
Le pregunta cómo se siente, cómo está su familia. El militar apresura el paso y no quiere o no puede estrechar la mano tendida. Meses después Perico encuentra a su verdugo por segunda vez. Lo interpela nuevamente, le recuerda y le reitera lo que le había dicho en prisión : que lo perdonaba.
El torturador responde esta vez a la pregunta : “¿Cómo quiere que me vaya?, están investigando, todo está pronto para que me convoquen por la violación de los derechos humanos, según dicen.”
No quiso agregar más nada. Perico, Luis Pérez Aguirre, sacerdote católico, cree que después de esos encuentros el militar verdugo estaba convencido de que su antigua víctima no tenía deseos de venganza, que cuando prometió perdonarlo estando aún en prisión, no se burlaba de su torturador, aún cuando éste lo escuchaba entre risas y sarcasmos[2].
Luis Pérez Aguirre es un ejemplo, que algunos considerarán heroico, del perdón cristiano. Para el creyente, había sostenido el sacerdote defensor de derechos humanos, no sólo es necesario combatir la tortura y resistirla : debe ir más lejos, y perdonar a su torturador.
Sin embargo, Pérez Aguirre seguía considerando a su verdugo ( y el de muchos otros) como un “personaje siniestro”, que se paseaba por la ciudad disimulando ser un ciudadano honesto que nada tenía que reprocharse. Sostuvo hasta su muerte, tristemente acaecida en un accidente, en 2001, que la impunidad era inaceptable en el terreno político y social. Él diferenciaba su actitud moral de cristiano, íntima, religiosa y privada, y su exigencia ética de ciudadano que reclama la sanción de la justicia contra los crímenes de lesa humanidad.
Nadie, creo, tiene derecho a entrometerse en la conciencia moral de un ciudadano para cuestionar actitudes que lo conciernen en lo más intimo de su ser moral. La respuesta cristiana del perdón no es, claro está, la única. Existe también, no desde hace mucho tiempo, una conciencia moral laica, una ética humanista que no necesita de religión ni de dioses ni de sacerdotes para estipular valores de convivencia que ayuden a los hombres a cohabitar en sociedad.
La expresión más evidente de esa concepción humanista y laica es la declaración y el reconocimiento de los Derechos humanos, que se inicia con la Revolución francesa y que conoce un hito culminante en los juicios de Nuremberg de los criminales nazis.
¿Cómo no mirar hacia atrás, cómo no dar vuelta la cara y tratar de contemplar el horror de los crímenes de masas del siglo pasado, de los totalitarismos nazis y comunistas, de tantas dictaduras militares que asolaron la humanidad, para intentar que no vuelvan a repetirse? ¿Cómo no recordar, por ejemplo, para no caer en el mismo error, la intolerable presión militar que se ejerció sobre los parlamentarios de la recién reconquistada democracia uruguaya en 1985 para que se votara la ley de caducidad, e impedir así que se presentaran ante los tribunales de la justicia los militares que ya habían sido convocados por las denuncias de sus víctimas?
El cristiano se identifica con Cristo que en la agonía de la crucifixión imploraba a Dios Padre, “perdónalos, que no saben lo que hacen”. Para muchos pensadores, el mandamiento sin condiciones del Evangelio : “ama a tu prójimo como a ti mismo”, y su consecuencia, “ama a tus enemigos”, no tiene ninguna fundamentación humanista racional.
Son aserciones de índole religiosa, profundamente enraizadas en la fe en el Dios único. El Dios es imaginado como un padre que debe ser amado a pesar de los sufrimientos cotidianos de sus hijos. Por amor a Él, los hermanos deben amarse entre si y perdonarse mutuamente. Dejo de lado los terribles problemas que genera este “entre sí” : los fieles de cada monoteísmo se sienten “elegidos” por su Dios, el único verdadero, lo que implica combatir a los “infieles” de los otros monoteísmos (la guerra de las religiones lo atestigua).
Freud, entre otros herederos del “Siglo de las luces”, criticó severamente esos imperativos categóricos que niegan la realidad psíquica humana : el prójimo no sólo es objeto del amor, sino también del abuso, del odio, de la crueldad, de la explotación económica[3].
¿Qué sentido tiene amar al enemigo, al que abusa de nosotros, al que nos somete, al que nos usa, al que nos odia y nos tortura? Este amor apenas esconde una significación más profunda : un instrumento moral que utiliza el dominante para someter al dominado.
La ética laica no puede fundarse en el desconocimiento de la realidad humana, debe reconocer la existencia del odio y de la agresividad, para defender y preservar las posibilidades y la existencia misma del amor humano. Si se ama lo inhumano, se corre el terrible riesgo de deshumanizar el amor y degradarlo.
Amar lo digno de ser amado : es un principio de moral humanista que no necesita de ninguna creencia en el más allá o de la existencia de una figura de un Padre todopoderoso, siempre disponible para amar y perdonar sin equidad ni justicia. Karl Marx sostenía que la relación con lo “monstruoso”, con lo inhumano, cosifica y aliena, vuelve al hombre extranjero a su propia humanidad. “No puedo relacionarme humanamente con la “cosa” más que si la “cosa” se relaciona humanamente con el hombre”[4].
La dimensión psicológica del perdón y del olvido evocan la inmensa problemática de la culpa. Los psicoanalistas, psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales que se ocuparon y se ocupan de las víctimas del terror de Estado, saben de las complejidades de estas vivencias. Se conoce que muchas veces una culpa irracional invade a las víctimas : algunas de ellas se sienten culpables hasta de haber sobrevivido al tormento. Muchos sienten vergüenza de la terrible experiencia que les ha tocado vivir.
Les es muy difícil hablar de lo acontecido, aún en el ámbito protector de una psicoterapia. Son ganados muchas veces por la afasia, por la pérdida de la palabra. Atraviesan las “lenguas cerradas” (expresión de Juan Gelman) de la melancolía. Quisieran olvidar los acontecimientos terribles y no lo pueden.
No hay tratamientos quirúrgicos ni exclusivamente medicamentosos para este tipo de sufrimiento psíquico : no es posible mutilar la memoria, extraer los recuerdos dolorosos o borrarlos para siempre. Sólo se puede colaborar, acompañar en un trabajo de duelo doloroso, personal, que pasa por la rememoración del dolor vivido, por la elaboración psicológica de las pérdidas, de la capacidad de recuperar la potencialidad del amor humano que revalorice al ofendido y le permita revincularse creativamente con los otros.
Ningún imperativo “¡olvídate!”, ningún “¡da vuelta la hoja!” pueden auxiliar a los que padecieron en carne propia o en la de sus seres más queridos el escarnio de la tortura, de la desaparición de sus seres amados, del robo ignominioso de sus hijos o de sus nietos[5].
La relación entre el sufrimiento psíquico personal y el sufrimiento de los grupos humanos no es ni sencilla ni fácilmente comprensible. La memoria social y la memoria individual poseen funcionamientos singulares pero no totalmente heterogéneos. La memoria social suele parecer más olvidadiza que la personal, más influenciable por múltiples factores (propaganda, medios de comunicación, ideologías del consumismo superfluo entre otros) .
Los pueblos que atravesaron la experiencia dolorosa del terror de Estado, también sufren colectivamente, también necesitan reponerse y ser cuidados para salir adelante. Tampoco la memoria histórica debe ser mutilada o extirpada. Los grupos sociales y las comunidades humanas necesitan mirar hacia atrás para construir el presente.
¿Cómo podría ser de otra manera? Sólo las democracias permitieron el juego y la dinámica política necesaria para tratar con lo intratable del pasado. El estalinismo lo impidió. El franquismo no lo aceptó y sólo en tiempos recientes la sociedad española no sólo “remueve cementerios”, sino también archivos, memorias, trazas humanas de lo acontecido porque sabe que sin construir historia, sin mirar atrás, no se puede avanzar.
Lo que está sucediendo en el país hermano, la Argentina, es aleccionador. La lucha memorable de las Madres de la Plaza de Mayo, y luego de las Abuelas y de todas las organizaciones sociales que se reunieron en torno a la defensa de los derechos humanos, impulsaron al gobierno de Néstor Kirchner primero y de Cristina Fernández de Kirchner actualmente, a sostener una actitud de dignidad frente a los militares y policías que hostigaron y combatieron como enemigos a sus propios hermanos. Uruguay debe aún a Juan Gelman, al poeta de los desaparecidos, y con él a todos los padres y madres de los desaparecidos, saldar una inmensa deuda: investigar a fondo la desaparición en tierra uruguaya de María Claudia, su nuera, argentina, madre de Macarena, su hija, nacida en Uruguay en cautiverio.
El rapto, el traslado, el asesinato fue obra conjunta de represores argentinos y uruguayos. Ninguno de los presidentes uruguayos que se sucedieron en los últimos mandatos, tuvo el coraje de abrir la puerta que sólo ellos podían abrir : decidir que el caso de María Claudia, ejemplo emblemático y doloroso de tantos mártires rioplatenses, fuera examinado jurídicamente hasta sus últimas consecuencias.Parece que los acontecimientos se encaminan a la abolición de la ley de caducidad. Persisten siniestras dudas.
Se cuenta con la promesa del no veto presidencial. ¿No se producirán eventos que cambien el panorama, que impongan otras posibles pseudo soluciones, para que la impunidad se mantenga? Las dificultades serias, las renuncias senatoriales, las declaraciones de las más altas autoridades del poder ejecutivo ponen de manifiesto que dentro del Frente Amplio fuerzas muy importantes no adhirieron con la voluntad política necesaria a las consignas del voto contra la impunidad que fracasó por poco en el último plebiscito electoral[6].
El pueblo rioplatense encontró los caminos que lo ayudaron a reconstruirse.
El pueblo uruguayo eligió y construyó el programa político que le daba la oportunidad de rehacer su tejido social, atacado por la dictadura militar al servicio del neoliberalismo económico que condujo la región a una crisis sin precedentes.
Cuando se convoca la unidad nacional, debe pensarse en mantener la unidad de los millares de ofendidos y humillados por el terror de Estado. Unir a los ofendidos : fueron millares, no sólo las víctimas del combate de la guerrilla, sino de toda la sociedad organizada democráticamente en sus instituciones que se vio alevosamente agredida y humillada por una minoría cívico militar que instauró el terror de Estado.
Rememorar las heridas del pasado es una necesidad de todos los que las sufrieron y sufren todavía. Parecería que se ha comenzado a olvidar el traumatismo social inmenso que provocó la institucionalización del terror de Estado y que aclaró aún más la reciente investigación histórica realizada por la Universidad, coordinada por el profesor Álvaro Rico, que precisó hechos escalofriantes : 5.925 presos, 116 asesinados políticos, 67 bebés presos con sus madres, 50 centros oficiales de detención de presos políticos y 9 clandestinos. Personalidades ejemplares de la cultura desaparecidas, como Julio Castro.
Escritores nacionales representativos de la cultura uruguaya y de América latina como Juan Carlos Onetti, presos y vejados. Cada uno de estos nombres convocan a cientos de otros nombres.
La ilegalización de los sindicatos, de la Central de trabajadores, de la Federación de estudiantes universitarios, la persecución de sus dirigentes, el encarcelamiento de millares de ciudadanos en los penales de Libertad, de Punta Rieles, en el Cilindro Municipal, en el Frigorífico del Cerro ; los interventores militares que invadieron vergonzosamente todo el ámbito nacional, los Entes Autónomos, la Universidad y las Facultades, la imposición de la denigrante declaración de fe democrática, los sumarios y las destituciones masivas en todos los niveles de la enseñanza, la clausura de diarios y radios, la censura de toda la prensa y de todas las actividades culturales y asociativas, la intervención militar y policial de todas las asociaciones científicas del Uruguay, el éxodo masivo de trabajadores, científicos, artistas ( un grupo teatral entero como el Galpón abandonó el país), los asesinatos de reconocidos políticos uruguayos como Zelmar Michelini y Gutiérrez Ruiz en el exterior del país.
Y cuántas vejaciones más….
Cabe preguntarse : ¿las autoridades nacionales, la jerarquía eclesiástica, han solicitado a las Fuerzas Armadas que en aras de la reunificación nacional reconozcan las faltas y oprobios cometidos y pidan perdón a la inmensa mayoría de la población que los padeció?
El perdón cara a cara, de alma a alma, puede ser un acto noble y digno, que no reduce al criminal a su crimen, que reconoce en él una parte de humanidad que aún puede ser capaz de rehabilitarse. Pero el primer paso que ha dado la civilización para salir del ciclo infernal del talión, del ojo por ojo y diente por diente, es la justicia y el establecimiento de la ley. La mayoría vejada y ofendida no pide venganza, sino su contrario : justicia. ¿No será el de la justiçia el único camino a recorrer para consolidar la democracia y la unidad nacional?
El perdón político fácil me parece estar muy cerca de la culpa. Se perdona a veces al otro para otorgarse perdón a sí mismo, para olvidar y crear la ilusión de que aquí no ha pasado nada. ¿Quién puede atribuirse políticamente el derecho de perdonar en nombre de todos los agraviados?.
Mandela en el contexto trágico del apartheid, reconcilió dos comunidades, negra y blanca ; unificó primero a sus hermanos negros, y luego integró a los blancos. No puede compararse a la situación política de la conquista de la democracia después de las dictaduras latinoamericanas. Es una forma peligrosa de la política del olvido esta extraña inversión de valores que escandalosamente pretende imponerse en el Uruguay de hoy : la mayoría de la ciudadanía que sufrió el oprobio del terror de Estado, ¿debe otorgar perdón a quienes nunca lo pidieron, a los que nunca se arrepintieron de las atrocidades cometidas?
La inmensa mayoría de los ofendidos y humillados por un grupo cívico militar minoritario, al servicio de estrategias internacionales impuestas por el imperialismo político y económico dirigido por el neoliberalismo de Estados Unidos y sus testaferros provinciales, ¿debe sentirse culpable de pedir justicia, de abolir la amnistía, de reclamar que los torturadores y los asesinos se presenten ante los tribunales de la República para ser juzgados?
La justicia es la única forma civilizada de tratar lo intratable de los crímenes cometidos por el terror de Estado. Si la iniciativa del Frente amplio de eliminar a través del parlamento la ley de caducidad punitiva del Estado fracasara, o se postergara indefinidamente, triunfaría el revanchismo de los grupos políticos y militares responsables del terror de Estado.
Un abominable y segundo triunfo de los enemigos de los desaparecidos, de los muertos venerados por su pueblo, una nueva victoria de los militares impunes contra la memoria histórica de la nación, una catastrófica victoria del olvido contra el dolor y el combate de las luchas todavía tan recientes del pueblo uruguayo.
Luis Pérez Aguirre citaba en un trabajo en el que defendía la necesidad de terminar con la impunidad, esta frase de Artigas, dirigida al Cabildo de Montevideo el 18 de noviembre de 1815, que tiene el mérito de evocar las consecuencias éticas nefastas del olvido en la vida de un pueblo : "No conseguiremos jamás el progreso de nuestra felicidad si la maldad se perpetúa al abrigo de la inocencia. Llegado es el tiempo en que triunfe la virtud y que los perversos no se confundan con los buenos".[7]
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[1] W. Jankélévitch, L’Imprescriptible, Seuil, 1986.
[2] H. Luna, Luis Pérez Aguirre. Huellas de una vida, Montevideo, Ediciones Trilce, 1997, pp. 75-76.
[3] S. Freud, El malestar en la cultura. Existe un “mandamiento” análogo en el Antiguo Testamento : « no te vengarás, no guardarás rencor ante los hijos de tu pueblo, pero amarás a tu prójimo como a ti mismo » ( Levíico, 19, 18-19 ).
[4] K. Marx, Los Manuscritos de 1844, Ediciones sociales, 1972, p. 92.
[5] Sobre estos temas que apenas puedo evocar existe una bibliografía inmensa Remito en lo nacional a los trabajos de Maren y Marcelo Viñar, de Daniel Gil, entre otros muchos, y a los que yo mismo pude escribir, después de haber trabajado treinta años en un centro de atención médico-psicológica de París, consagrado a inmigrantes y refugiados políticos.
[6] Más de un millón de votantes ( 1.105.768), el 47.98%, eligió la papeleta rosada.
[7] L. Pérez Aguirre, Seminario Internacional: "Impunidad y sus Efectos en los Procesos Democráticos", Santiago de Chile, 14 de diciembre de 1996 .
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Sabato y sus fantasmas
› Por Silvina Friera
Su voz era un como un “río negro” con ese timbre cavernoso de orador sagrado. El acento pesimista de Ernesto Sabato coronaba a esa otra voz, la del monstruoso mundo de sus tinieblas, como decía en sus páginas, que surgía en sus novelas, especialmente en Sobre héroes y tumbas. Autor entrañable para miles de lectores, sin más patria o nacionalidad que el hachazo y la conmoción que significa transitar por los universos y laberintos de El túnel o Abaddón el exterminador, su muerte, hoy a la madrugada en su casa de Santos Lugares, a los 99 años, cuando parecía que festejaría su centenario de vida, no lo exime del “juicio de la historia”.
El dolor por la pérdida de un escritor fundamental del siglo XX de la literatura argentina no puede deslizar bajo la alfombra de la sociedad argentina heridas muy hondas que aún no han cicatrizado. El respeto y la admiración no debería traducirse automáticamente en indulgencia a las convicciones políticas de un intelectual ambivalente y paradójico, una especie de predicador atormentado que encarnaba la voz y los sentimientos de “todos”, una mascarada tan convincente que escapó a su control.
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Las repercusiones en el mundo
La prensa internacional destacó el fallecimiento del escritor argentino Ernesto Sabato, de quien reconoció sus virtudes literarias y su trabajo en la Conadep, que por pedido del entonces presidente Raúl Alfonsín investigó los crímenes de la última dictadura argentina.
El diario estadounidense The Washington Post tituló en su portal de internet "El escritor Ernesto Sabato muere a los 99 años", y lo recordó como un "físico y artista" que "investigó miles de muertes por los militares en Argentina de 1976 a 1983".
La versión on line del periódico español El País dijo que el escritor fue el "último clásico de la novela argentina" y agregó que el autor de El túnel fue un "gran luchador contra la dictadura".El diario ABC de Madrid, España, también destacó en su web el deceso de Sabato, de quien dijo que "fue el último gran escritor de la generación de Cortázar, Borges y Bioy Casares". "A pesar de su esfuerzo literario, Sábato cruzó las barreras del mundo por su participación en el informe de la Conadep.
De su puño y letra es el prólogo Nunca Más, donde se recogen más de quince mil casos de desaparecidos durante la dictadura militar (1976-83)", destacó el periódico español.
No obstante, ABC recordó que "en esas palabras, algunos quisieron ver su profundo arrepentimiento y pesar por haber adulado públicamente al dictador Videla: 'Un hombre culto, modesto e inteligente', dijo después de almorzar con él".El periódico la Vanguardia de Barcelona, España, calificó a Sabato como "el último superviviente de los escritores con mayúscula de la literatura argentina". El Telégrafo, de Ecuador, tituló "Argentina llora la muerte de Sabato", a quien consideró "el último mito viviente de la literatura del país suramericano y figura fundamental en la defensa de los derechos humanos".
La Tercera, de Chile, calificó a Sabato como "el último superviviente de los escritores de la literatura argentina". El gobierno de ese país lamentó la muerte del escritor y consideró que su fallecimiento es "una gran pérdida para todos los latinoamericanos". "Ernesto Sabato es un escritor con el que todos crecimos", dijo la ministra vocera de la presidencia de Chile, Ena Von Baer.
El País, de Montevideo, Uruguay, destacó que el escritor argentino como "ganador del Premio Cervantes y luchador por los Derechos Humanos".El Universal, de México, ponderó que "el mundo de las letras en español perdió la madrugada de este sábado a uno de sus máximos exponentes, el escritor argentino Ernesto Sabato, quien estaba a pocas semanas de cumplir 100 años".
La historia del escritor argentino Ernesto Sabato "no se puede explicar sin su compromiso por la defensa de los derechos humanos", afirmó hoy el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) de México en un comunicado.
Al expresar sus condolencias por el fallecimiento de "uno de los autores más importantes de las letras en Latinoamérica", Conaculta elogió al hombre de letras que "hizo de su obra ensayística una posibilidad para reflexionar sobre la condición humana". "La historia de Ernesto Sabato no se puede explicar sin su compromiso por la defensa de los derechos humanos y su lucha por los desaparecidos a consecuencia de la dictadura en su país", abundó.
Crysol denuncia a Gutiérrez y Britos
La Asociación de expres@s polític@s del Uruguay, Crysol, expresó su "repudio" ante la eventual contratación por parte del Estado de una empresa integrada por el siquiatra Martín Gutiérrez Gyhambruno y el sicólogo Dolcey Britos.
En una carta dirigida al ministro de Salud Pública, Daniel Olesker, el colectivo de ex presos recordó que Gutiérrez y Britos aplicaron técnicas para la destrucción de la personalidad en el ejercicio de sus funciones como profesionales de la tortura.
Tanto Gutiérrez como Britos fueron colaboradores de la dictadura civil y militar que mantuvieron un trato directo con los presos políticos, y "aplicaron sus conocimientos para inducir a la locura y a la muerte a las y los prisioneros", denunció Crysol.
La empresa señalada se "postula a la prestación de servicios para varias instituciones del Estado", alertó Crysol. "Repudiamos que se contrate directa o indirectamente a profesionales que asesoraron y/o actuaron al servicio de los torturadores en la dictadura:
Montevideo 14 de febrero de 2011
Sr. Ministro de Salud Pública
Ec. Daniel Olesker
Presente:
La Asociación de expres@s polític@s del Uruguay, CRYSOL
Hace saber a Usted que quienes fueron los mayormente comprometidos en la elaboración y práctica para la destrucción psíquica de las y los compañeros pres@s polític@s en las cárceles y prisiones utilizadas en el período de Terrorismo de Estado el Dr. Psiquiatra MARTÍN GUTIERREZ GYHAMBRUNO y el Psicólogo DOLCEY BRITOS, quienes aplicaron sus conocimientos para inducir a la locura y a la muerte a las y los prisioneros, en condiciones de total Impunidad, intentando la pérdida de identidad de l@s compañer@s, con consecuencias que se prolongan en el tiempo, inclusive con posterioridad a la liberación de l@s mism@s, se encuentran al día de hoy integrando una empresa que postula a la prestación de servicios para varias instituciones del estado. Repudiamos que se contrate directa o indirectamente a profesionales que asesoraron y/o actuaron al servicio de los torturadores en la Dictadura.
Muchos de nosotros fuimos sus víctimas, otr@s somos testigos de los horrores cometidos por estos “profesionales”.Afirmamos que el Psicólogo DOLCEY BRITOS elaboraba los perfiles psicológicos de l@s pres@s político@s, tanto en el penal de Punta de Rieles, como en el penal de Libertad, no para su rehabilitación como lo requiere su formación académica, sino para la destrucción despiadada del ser humano.
Por lo expuesto de lo que adjuntaremos documentación que avala nuestros dichos, dado además que han salido artículos de prensa con respecto a lo que mencionamos, exigimos la inmediata investigación correspondiente, así como que se tomen las debidas acciones, porque no concebimos que estas personas, continúen ejerciendo sus profesiones amparados en el desconocimiento de las autoridades, de su cruenta actuación anterior y en la más absoluta y espúrea Impunidad.
Entendemos que no pueden seguir en el ejercicio de su profesión, quienes por su conducta no son dignas de ello y que lo hacen en detrimento del resto de los profesionales que si lo hacen por vocación, con humanidad y entrega total.
Francesca Vaselli Julio R. Martínez
Presidenta Secretario
Crysol - Asociación de ex pres@s polític@s del Uruguay
Joaquín Requena 1533. Tel: 2408 44 65 - Montevideo. Uruguay
crysol2003@yahoo.com.ar
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Los nazis existen
Editorial, de "La República" - 24/01/2011.-
¿Qué importancia darle a la aparición de una célula neonazi en nuestro país? ¿Es realmente un peligro, y en caso de serlo, de qué peligro estamos hablando? ¿Qué es lo que corre peligro?Vayamos a los hechos. Hecho 1, se trata de algunas pintadas de contenido racista y nostalgia hitleriana. Pintadas muy chapuceras pero provocadoras; una manchó un local del Partido Comunista. Hecho 2, Inteligencia detectó reuniones de pocos integrantes y vinculaciones con grupos similares de Argentina y Chile.
No hay mucho más. Hace algunos meses pintadas similares habían aparecido en una localidad del interior. Todo parece indicar que se trata de algunos personajes aislados, probablemente poco equilibrados, que encontraron aquí una forma de sentirse importante. La consigna "White Power" es tan desubicada en Uruguay como lo eran en la década de 1920 las pintadas que reclamaban "Todo el poder a los soviets".
En Chile hay una derecha pinochetista importante y colonias alemanas con nostalgia del Reich de los mil años, pero no sabemos si son los corresponsales de nuestros amigos, ni si tienen planes en serio para extenderse al Uruguay.
Si los tienen y la estrategia fueron estos garabatos, probablemente no vayan por un camino muy productivo. En Uruguay hay otros fantasmas organizados y operando.
Hay torturadores presos vinculados electrónicamente a redes de "mano de obra desocupada" cuya mano se ha sentido detrás de una serie de provocaciones que sí han tenido significación política. Algunos durante la campaña electoral. Que parecen al menos indirectamente conectados a organizaciones nostálgicas de militares retirados que este año han tenido voz pública. Hay también hechos extraños, como los robos a la fiscal Mirtha Guianze.
Estos grupos sí están conspirando contra la democracia y el imperio de la ley. Pero nada obliga a pensar que tengan relación alguna con los autores de las pintadas. ¿Por qué, entonces, preocuparse por ellos?Primero, porque no hay que bajar la guardia. Hace bien la Policía en estar alerta.
El Estado no está autorizado a llevar fichas no hacer pesquisas secretas sobre los ciudadanos sin autorización del juez. Y menos en base a opiniones, dado que aquí hay libertad de conciencia, aunque no nos guste lo que piensan otros.
Pero la incitación al odio racial es delito. Segundo, porque Hitler cuando comenzó era un pintor medio ridículo que no parecía peligroso.
Y la Segunda Guerra Mundial costó unas 50 millones de vidas. La "resistible ascensión de Artur", como decía Bertolt Brecht, fue favorecida por un especial e irrepetible conjunto de factores que se anudaron en 1933 en una coyuntura única. Nada indica que en Uruguay esté por suceder una debacle económica, de legitimidad de la Constitución y de conflictos externos, ni que en caso de producirse el racismo vaya a ser visto como una salida.
Pero pasó una vez o dos. Tercero, porque no hay que perder los reflejos. Con el nazismo no se juega. No es algo con lo que debamos acostumbrarnos a convivir. Si alguien en su soledad y angustia quiere llamar la atención o descargar su agresividad, que elija otro tema. La memoria está para eso, para que algunas cosas sean demolidas en cuanto aparezcan, antes de que lleguen a instalar una discusión. Una persona puede odiar a los hombrecitos azules de Tabaré Cardozo en la intimidaad. Pero no instalar un debate.
El racismo no es opinable, el odio no es opinable, como no lo es si está bien matar por gusto.
Había que reaccionar rápidamente, y se hizo.
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CorteIDH. Juan Gelman y su nieta Macarena, Sara Méndez y la fiscal Guianze declararon en la causa
"Amplia omertá" para obstaculizar "el camino de la verdad y la justicia"
La familia Gelman reclamó a la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH) promover los mecanismos necesarios para dejar "sin efecto" la Ley de Caducidad. El poeta argentino habló de una "amplia omertá" para obstaculizar "el camino de la verdad y la justicia".
El poeta argentino Juan Gelman y su nieta Macarena Gelman solicitaron ayer a la CorteIDH impulsar los mecanismos necesarios para erradicar la Ley Nº 15.848, "Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado", del ordenamiento jurídico uruguayo por considerarla un obstáculo en la búsqueda de la verdad de los crímenes perpetrados durante la última dictadura.
"Yo espero que esta honorable Corte consiga de alguna manera que el gobierno uruguayo termine con la Ley de Caducidad", declaró Juan Gelman ante los siete ministros de la CorteIDH, durante la audiencia desarrollada en el marco de la demanda entablada por la familia Gelman contra el Estado uruguayo, por la vigencia de la norma.
En este sentido, el Estado uruguayo no brindó "absolutamente ningún apoyo" en la búsqueda de los restos de su nuera, María Claudia García, ni del paradero de la propia Macarena, siendo la Ley de Caducidad un obstáculo para el acceso a la Justicia de las víctimas del terrorismo de Estado. Gelman estimó necesario "voluntad política, más allá de las palabras".
Sin embargo, "pareciera que en nuestras sociedades existiera una especie de omertá, no sólo la militar, que niega la información, sino una omertá mucho más amplia, una suerte de tejido civil, militar, judicial, por el que se obstaculiza el camino de la verdad y por consiguiente el camino de la justicia", expresó Gelman ante la CorteIDH.
En tanto, Macarena Gelman catalogó como "bueno" el relacionamiento tenido con el actual y anterior gobierno uruguayo, pero estimó que si el Estado brindara los recursos humanos y materiales necesarios, podría esclarecerse en forma definitiva el paradero de los restos de su madre. "Los eventuales responsables viven hoy día y tienen esa información", señaló Macarena. Asimismo, la joven reclamó dejar sin efecto la Ley de Caducidad para que "la Justicia actúe libremente" en las causas vinculadas a los crímenes de lesa humanidad.
Poder Judicial subordinado
La fiscal Mirtha Guianze afirmó que la aprobación de la Ley de Caducidad supuso "una subordinación del Poder Judicial al poder político", en virtud de la disposición emanada del artículo 3 de la norma, por la cual se establece que los jueces deben consultar en forma preceptiva al Poder Ejecutivo para determinarse si los casos están o no amparados en la norma.
La representante del Ministerio Público compareció ante la CorteIDH como uno de los peritos propuestos por la familia Gelman, como forma de narrar los inconvenientes ocasionados por la vigencia de la Ley de Caducidad en la indagatoria penal de los crímenes perpetrados por el aparato represivo del Estado en dictadura.
En este sentido, Guianze estimó que la normativa impugnada por la familia Gelman "consolidó la impunidad", por cuanto "clausuró por completo las investigaciones que se venían realizando" sobre la participación de militares y policías en delitos de lesa humanidad.
La fiscal valoró el cambio de criterio del Poder Ejecutivo durante la gestión de Tabaré Vázquez para determinar los casos amparados o no dentro de la norma, como forma de avanzar en varias de la indagatorias sustanciadas. Sin embargo, "la interpretación puede cambiar si cambia el gobierno o el criterio del presidente", señaló Guianze.
La misma situación puede presentarse con la posición de la Suprema Corte de Justicia (SCJ), disponiendo la inconstitucionalidad de la norma, estimó Guianze. "La Ley de Caducidad existe y consagra la impunidad, porque la inconstitucionalidad se aplica al caso concreto", y con una nueva integración "el criterio puede cambiar", dijo.
La normativa uruguaya no permite revisar los casos ya resueltos en 1988, cuando el máximo órgano del Poder Judicial declaró la constitucionalidad de la norma. "No podemos reabrir esos casos", con lo cual la norma "sigue siendo una barrera infranqueable", afirmó Guianze.
Conformación de verdad
Por su parte, la activista por los derechos humanos y ex presa política Sara Méndez afirmó que "el avance que ha tenido las Justicia para conocer los hechos y para poder conformar una verdad sobre los acontecimientos (de la dictadura) ha sido en base a las víctimas, que han trabajado durante muchísimos años para obtener los datos".
En este sentido, Méndez afirmó que muchos detalles pudieron conocerse en base al testimonio de ex presos políticos "que en un contexto muy difícil del Uruguay" prestaron colaboración con los militares, por lo cual "tuvieron contactos directos con la guardia y conocimiento de los archivos" vinculados con los interrogatorios de otros detenidos.
Asimismo, "casi un 90% de los delitos cometidos durante el período de la dictadura", cuyas denuncias fueron presentadas ante la Justicia en los primeros meses posdictadura, "quedaron paralizados" en virtud de lo dispuesto por la Ley de Caducidad, señaló Méndez.
La demanda de la familia Gelman contra el Estado uruguayo fue interpuesta en 2006 ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) por la violación de los artículos 8 y 25 de la Convención Americana de los Derechos Humanos (violación de las garantías judiciales y de protección judicial de las víctimas), entre otros, ante la clausura de la indagatoria judicial en Uruguay por el crimen de María Claudia García, en atención de los preceptos emanados por la Ley de Caducidad.
El proceso culminó el pasado 21 de enero cuando la CIDH resolvió elevar el caso ante la CorteIDH, cuyos fallos son inapelables y de cumplimiento obligatorio para los Estados. La sentencia del máximo órgano jurisdiccional del concierto interamericano se conocería sobre principios de 2011.
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Juan Gelman y su nieta Macarena declararon ante la Corte Interamericana de Justicia en Quito, Ecuador
Causa contra el Estado
uruguayo por secuestro
La audiencia fue por la desaparición de la madre de Macarena, María Claudia Iruretagoyena, secuestrada en Argentina y trasladada a Uruguay, donde está desaparecida. La Ley de Caducidad impide el castigo a los responsables.
La desaparición de María Claudia Iruretagoyena, la nuera del poeta Juan Gelman, llegó ayer a la Corte Interamericana de Derechos Humanos. La denuncia había sido presentada en 2006 por Macarena Gelman y su abuelo contra el Estado uruguayo por la imposibilidad de obtener justicia en ese país. Las audiencias comenzaron en Quito y finalizarán hoy con los alegatos de las partes.
Ayer los jueces de la Corte Interamericana escucharon los relatos de las víctimas, Juan Gelman y su nieta, Macarena. El escritor contó que su hijo, Marcelo, y su nuera, María Claudia Iruretagoyena fueron secuestrados en Buenos Aires en la madrugada del 24 de agosto de 1976 y fueron llevados al centro clandestino de detención Automotores Orletti, que funcionaba como sede del Plan Cóndor, la coordinación represiva que tejieron las dictaduras sudamericanas. María Claudia tenía 19 años y estaba embarazada de siete meses. Con un embarazo avanzado, la joven fue trasladada en la segunda semana de octubre al Servicio de Información de Defensa (SID) de Uruguay. Semanas más tarde, dio a luz en el Hospital Militar. En enero de 1977, los represores uruguayos le arrebataron a Macarena y la dejaron en una canasta en la puerta de la casa del policía Angel Tauriño. Los restos de Marcelo aparecieron en 1989.
Después de años de lucha, Gelman encontró en 2000 a su nieta. En 2006, el poeta y Macarena denunciaron al Estado uruguayo por la violación de los derechos que están protegidos por instrumentos del sistema legal interamericano. “Pareciera que en nuestras sociedades existiera una especie de omertá. No sólo la militar, que niega la información, sino una mucho más amplia: una suerte de tejido civil, militar, judicial, por el que se obstaculiza el camino de la verdad y, por consiguiente, el camino de la justicia”, se lamentó Juan Gelman y denunció no haber obtenido ningún apoyo de los gobiernos constitucionales uruguayos.Más tarde, Macarena reclamó que el gobierno uruguayo dedique mayores recursos humanos y materiales para encontrar los restos de su madre. “Los eventuales responsables viven hoy en día y tienen esa información”, dijo la joven. “Falta la voluntad política de hacerlo, más allá de las palabras”, agregó la nieta del poeta. En la sala de Quito estaba Carlos Mata en representación del Estado uruguayo.Por pedido de los demandantes, declaró Sara Méndez, quien compartió cautiverio con María Claudia en Automotores Orletti. Por la tarde, les tocó el turno a la fiscal Mirtha Guianze y el historiador Gerardo Caetano, en calidad de peritos. “La Ley de Caducidad subsiste y eso consagra la impunidad”, sentenció Guianze, refiriéndose a la ley de amnistía a los represores uruguayos que fue aprobada en diciembre de 1986. “El hecho de que haya casos excluidos de sus alcances no modifica la situación de fondo”, agregó la fiscal ante una pregunta de los representantes del gobierno uruguayo, que intentaron demostrar que hubo cambios en materia de derechos humanos desde que el centroizquierdista Frente Amplio (FA) llegó al gobierno, en 2005. Los patrocinantes de Gelman y su nieta pidieron que compareciera Guianze porque fue la fiscal que impulsó la causa por el asesinato de la militante comunista Nibia Sabalsagaray, que terminó con la Corte Suprema declarando inconstitucional a la Ley de Caducidad.
Por su parte, Caetano se refirió a los archivos de la memoria y al Plan Cóndor, la coordinación represiva tejida por las dictaduras del Cono Sur. “No tengo ninguna expectativa de que se rompa el pacto de silencio entre los victimarios y sus cómplices”, afirmó el historiador.La abogada Liliana Tojo, del Centro por la Justicia y el Derechos Internacional (Cejil), comentó a Página/12 que la audiencia transcurrió según lo planeado. Durante la mañana de hoy, las partes deberán presentar oralmente sus alegatos.
“Vamos a plantear que la vigencia de la Ley de Caducidad constituye un obstáculo insalvable e incompatible con la Convención Americana de Derechos Humanos”, adelantó Tojo, que representa a Juan y Macarena Gelman.El Ejecutivo uruguayo impulsa desde hace semanas una norma interpretativa que dejaría sin vigencia la amnistía aprobada durante el primer gobierno de Julio María Sanguinetti. La iniciativa consiguió la media sanción en la Cámara de Diputados, pero no pasaría en el Senado, donde hay parlamentarios del FA que no le darán su voto.
El gobierno de José Mujica apuraba la anulación de esta ley para evitar que la Corte Interamericana sancione al Uruguay. “Esperamos que haya una condena que ponga en evidencia el significado horroroso que la Ley de Caducidad tiene para la sociedad uruguaya”, dijo a este diario Valentín Enseñat, referente de Hijos Uruguay.
Informe: Luciana Bertoia.
Desde Mexico
Uruguay ante la Corte Interamericana: los Gelman y la dignidad nacional
Ante la parálisis legislativa que afecta al último intento de dejar sin efecto la Ley de Caducidad a partir de las dudas e inconsistencias en que han caído un pequeño grupo de senadores del Frente Amplio debemos reconocer el significado de la decisión de los Gelman, de Macarena y de Juan, al haber sometido su caso a la jurisdicción de la justicia internacional en materia de derechos humanos.
Este juicio, que pone por primera vez en su historia al Estado uruguayo en el banquillo de la Corte Interamericana, lo aproxima a la posibilidad de recuperar la dignidad nacional hipotecada en octubre de 2009, cuando fracasó por una escasa cantidad de votos el último intento plebiscitario para nulificar la monstruosidad jurídica que constituye la Ley de Caducidad.
Si los Gelman no hubieran presentado la demanda ante la CIDH estos “defensores del soberano” ¿estarían discutiendo la política estatal en materia de derechos humanos y los mecanismos para juzgar el terror que ejerció el Estado dictatorial frente a un pueblo desarmado? Si no existiera la presión de la Corte Interamericana ¿estarían preocupados por una Ley que mancilla el orden jurídico y la dignidad nacional? Sin duda no porque ellos fueron los artífices del fracaso de la consulta ciudadana. No sólo guardaron silencio, sino que hicieron campaña en contra del plebiscito e instruyeron a sus círculos de alcance para retirar la papeleta del SI.
Y lo hicieron pese a que la SCJ uruguaya había modificado su sentir y declarado, en octubre de 2009, la inconstitucionalidad de la ley para el asesinato de Nibia Sabalsagaray. Existieron sin embargo sectores del FA que aun en contra de la decisión del V Congreso de esta coalición sustrajeron la papeleta rosa del voto ensobrado para anular la Ley. Declararon:“yo ni firmo, ni voto”.
No son “defensores del soberano”. Defienden su soberanía, su decisión firme e irrevocable de que la sociedad uruguaya legue a las generaciones futuras un pasado hipotecado y manchado por el oprobio jurídico. Son los mismos que se niegan a refrendar en el Senado el proyecto de Ley interpretativa de la Caducidad.
Esgrimen distintas causales, entre ellas el respeto a la voluntad ciudadana negativa a desaparecer la ley. Exaltan la derrota del emprendimiento en la última consulta; la derrota que ellos mismos ayudaron a gestar. Pero su oprobio y cinismo trasciende las fronteras nacionales: descalifican a la justicia interamericana a la que tildan de “imperialista” y conceptúan los Derechos Humanos como un “invento” de los Estados Unidos en la década de los 70. Insultan a los familiares de los desaparecidos cuando desde sus abultados estómagos sostienen ante los medios que muchos hicieron sus reclamaciones “no con un fin de justicia, sino por objetivos económicos”.
Sumen al país en la vergüenza y como el león creen que todos son de su condición. Simplemente un abuelo y una nieta: Juan y Macarena Gelman.
Un padre al que se le negó la paternidad y la abuelidad. Una nieta arrancada de los brazos de su madre por los esbirros de la dictadura a los veintiun días de nacida. Un anciano y una joven unidos por lazos de sangre en el reclamo de la justicia. Tan desnudos como los humanos llegamos a la vida social.
Aunque no fueran Gelman, el poeta brillante y laureado con su nieta: gracias por haber puesto a ese nuestro Estado por primera vez en su historia, en el banquillo de los acusados de la CorteIDH.
Lo hicieron porque nuestro Estado les negó mil veces la justicia. Lo hicieron porque agotaron los medios legales sin lograr que el crimen fuera amparado dentro del marco de la legislación nacional. Lo hicieron porque, desde el 22 de diciembre de 1986, cuando se aprobó la Ley de Caducidad en el Uruguay no existió justicia y la que se estableció lo hizo sólo cuando se logró exentar la Ley o establecer su inconstitucionalidad, como ocurrió esta semana, 37 años después del crimen de Nibia Sabalsagaray.
Pero esa justicia no amparó a María Claudia, la joven madre de Macarena que por ser portadora de una vida en sus entrañas se convirtió en botín de guerra de los “cóndores” uruguayos que actuaban en Orletti.
La acción que llevaron adelante los Gelman, desde la búsqueda empecinada de Macarena fue un aporte esencial al derecho a la verdad que merece la sociedad uruguaya. Se acabó desde entonces la afirmación encubridora de que los criminales eran sólo los militares argentinos como sostuvo Sanguinetti Coirolo cuando, como presidente del Uruguay afirmó, a sabiendas de que mentía, que “En territorio uruguayo no se han denunciado casos de pérdida de identidad de menores como los que han ocurrido en Argentina”.
Fue una contribución importante para establecer que en Uruguay también se mató, se torturó y se secuestró la identidad de menores.
Pero más grande aún fue el beneficio que hicieron a la justicia uruguaya. Esa justicia que se movió durante décadas en el marco de la Ley de Caducidad, la que cerró las puertas al juicio que Gelman pretendió llevar adelante y archivó el caso en 2003 por orden del presidente Batlle. Esa misma justicia, que a través de la Suprema Corte y por unanimidad se negó, en noviembre de 2004, a declarar la inconstitucionalidad de la Ley solicitada por Gelman. Y si esto no fuera suficiente, los mismos organismos judiciales de nuestra nación le volvieron a cerrar con mil candados el acceso a la justicia a la nieta y al abuelo cuando en junio de 2005 el presidente Vázquez colocó fuera de la Ley de Caducidad el caso Gelman.
El fiscal Moller se encargó de apelar al Tribunal de Apelaciones, órgano que se manifestó “estupefacto” por la decisión del presidente de reabrir una causa considerada por ellos “cosa juzgada”. Ese Tribunal de Apelaciones uruguayo la mandó a su definitivo archivo en Uruguay, el 19 de octubre de 2005, mientras la Suprema Corte se abstenía de toda intervención en el desacuerdo con el juez.
Fue precisamente este cierre de las opciones de justicia interna las que determinaron que en mayo de 2006 Gelman y su nieta Macarena, recurrieran a la jurisdicción de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). ¿Cómo podían seguir confiando en la justicia uruguaya? Por eso es tan indignante que recientemente un constitucionalista pretenda recriminarles por no haber apelado a la SCJ, que recién entre octubre de 2009 y noviembre de 2010, modificó su actuación.
¿Había alguna razón en mayo de 2006 para confiar en la decisión del órgano máximo del poder judicial? No deberíamos olvidar que en mayo de 1988 esta instancia ratificó la constitucionalidad de la ley con la honrosa oposición de dos ministros y que ante la Suprema Corte se apela solamente una vez y Gelman ya lo había hecho en 2004. ¿no lo sabrá el constitucionalista? Juan y Macarena optaron por la justicia interamericana. En el medio nacional no quedaba otra opción. Apelaron a la CIDH, que desde su informe 29 de 1992 le ha advertido a Uruguay que debe deshacerse de la Ley de Caducidad porque contraviene la Convención Americana que el país ratificó entre los primeros estados signatarios.
La CIDH admitió el trámite de los Gelman bajo la conclusión de que fue la propia y poco confiable justicia uruguaya: “...los tribunales civiles, no el sistema de la justicia militar -- ¨[quien] desestimó la acción de Juan Gelman, de acuerdo con la ley de amnistía” y pese a las advertencias reiteradas Uruguay siguió haciendo tiempo, estirando el trámite con las supuestas “excepcionalidades” de su régimen constitucional. Un régimen que pese a pertenecer a un estado laico parece dictado por Dios, un régimen donde los humanos no pueden deshacer los desaguisados que otros humanos hicieron antes.
Nadie puede desconocer las causas que motivaron a la nieta y el abuelo Gelman a presentarse ante la CIDH y si acaso lo ignora puede consultarlo en el texto los anexos y apéndices que acompañan la demanda ante la CorteIDH, caso 12 607.
Claro que los Gelman no están solos en esta lucha. Hay un Uruguay digno que a lo largo de décadas jamás sacó el dedo del renglón para destruir la estructura de la impunidad. Ese Uruguay tuvo sus primeras esperanzas en el 2000 cuando se formó la Comisión para la Paz, las renovó durante el primer gobierno frenteamplista, cuando se produjeron algunos procesamientos.
Ese mismo país llevó el 25 de octubre de 2009 la ley de amnistía casi al borde de su anulación, con un millón ciento cinco mil voluntades puestas en las urnas, 46.500 menos que las necesarias y sin un voto a favor de mantenerla. Esa misma sociedad sana que cifró sus anhelos en el proyecto de Ley Interpretativa que apenas sorteó diputados y se encuentra paralizado en el Senado.
Ese mismo Uruguay que recobró la confianza es sus instituciones judiciales cuando la Suprema Corte decretó la inconstitucionalidad de la Ley para 20 casos y procesó el lunes 8 de octubre a los coautores del asesinato de Nibia.
Existe un espectro nacional comprometido con el futuro. Ya no habrá silencio en torno a la impunidad en Uruguay. Con el estímulo del juicio ante los organismos interamericanos el país busca una vez más recuperar la dignidad nacional, restablecer la verdad y la justicia negada por casi por tres décadas. Sus órganos judiciales comienzan a reaccionar positivamente. Falta aún que lo hagan las instancias legislativas. La impunidad no es letra muerta todavía, pero lo será inexorablemente. Ojalá que no sea demasiado tarde.
Ojalá que alguno de los asesinos, desaparecedores, secuestradores de menores y torturadores que aún conviven con la sociedad conserven la vida para pagar sus crímenes. Ojalá la justicia, en tanto “antónimo del olvido” pueda alcanzarlos. Ojalá los uruguayos podamos legar a las generaciones venideras un pasado limpio y diáfano, sin las manchas que aún hoy lo agobian. Macarena y Juan Gelman contribuyeron significativamente al logro de este objetivo.
Desde México:Ana Buriano, Osvaldo San Giácomo, Mario García, Iván Altesor
Para reflexionar
Quien escribe este artículo es Julio Louis, uruguayo, profesor de historia. Estuvo preso muchos años durante la dictadura.
Reenvío, Julio Louis habla de la película "In my country" con Juliette Binoche y Samuel L. Jackson, que recomiendo: allí se explica in extenso el concepto de ubuntu
Ubuntu
Por Julio A. Louis Profesor
Un querido compañero nos recordaba que el humor era una forma de sobrevivir en los penales de la dictadura fascista. "Me río para no llorar", oímos con frecuencia.
En "¡Alerta! Comandos septuagenarios en acción" (3 de abril) quien escribe ha aplicado esa filosofía. Ya que se ha comparado al Pepe con Mandela ("el Mandela sudamericano" ha dicho el presidente Correa), ya que el Pepe lee sobre Mandela, y según publica "Búsqueda" habría dicho que éste "primero tuvo que convencer a los negros y después a los blancos" (edición del 25 de marzo), conviene que sepamos cómo actuó Mandela.
Ubuntu es un concepto de la cultura negra sudafricana cuyo significado es que todos estamos relacionados entre sí, que lo que afecta a uno nos afecta a todos, que no estamos solos en el mundo. Esa interrelación se traduce en pasión, o también en compasión. Basándose en el "ubuntu", el régimen de Mandela patrocinó una campaña nacional bajo los conceptos de que "la verdad es el camino a la reconciliación" y que "la verdad nos hará libres"
Mandela evitó la venganza de los negros sobre los racistas blancos, que hubiera provocado un baño de sangre de quienes fueron responsables del apartheid como de quienes no lo fueron. Pero lo hizo con determinados criterios. Se propagó por todos los medios disponibles que se procedería a amnistiar a quienes dijeran la verdad y justificaran que su conducta obedecía a órdenes recibidas.
Así, se formaron en los diversos rincones del país Comisiones de Verdad y Justicia, ante las que se presentaban las víctimas reclamando el conocimiento de la verdad, y los victimarios dispuestos a exponerla como condición previa para aspirar a la amnistía, en sesiones trasmitidas en vivo por radios y canales de televisión.
Cada caso se estudiaba en particular y la amnistía se concedía o no. Por dicha Comisión de Verdad y Reconciliación, creada en 1996, pasaron 21.800 personas mujeres y hombres, ancianos y niños, negros y blancos, madres, padres, esposas, hermanos, hijos, y fueron amnistiados 1.121 implicados. Se trataba de averiguar la verdad y de evitar "la muerte del olvido".
Así se declararon y reconstruyeron actos horrendos y se logró la catarsis de unos y otros. Las víctimas aliviaron su dolor al saberse comprendidas. Los victimarios expusieron sus angustias y llegaron a confesar públicamente "no puedo vivir, por favor, déjenme reparar el daño causado". Los victimarios fueron mayoritariamente blancos aunque también los hubo negros.
Esto es muy bien presentado en el filme "En mi tierra", coproducción anglo-irlandesa-estadounidense de 2005, dirigida por John Boorman.En los regímenes latinoamericanos, que suceden a las dictaduras de la Doctrina de la Seguridad Nacional, se ha abierto camino a la verdad muy lentamente, en diverso grado según los países.
Los ejecutores de la mencionada Doctrina en Uruguay no han solicitado el perdón a la sociedad, lo que sí han hecho las FFAA de Argentina. Lentamente se ha abierto el paso a la Justicia, en limitados casos, pero se ha arrojado luz sobre los hechos al pueblo en su conjunto. A su vez, los victimarios han preferido dejar correr el tiempo para ocultar las atrocidades cometidas. Es que el camino iniciado por Sanguinetti es muy diferente al de Mandela. Y nada tiene que ver con Mandela, la pretensión de lograr una extensión de la prisión domiciliaria con el pueril argumento de los 70 años y de las enfermedades incurables.
Si el compañero Presidente insistiera en esa actitud, enfrentará a todos los "negros" (que en Uruguay somos los frenteamplistas y algunos otros) y significaría un profundo desprecio a las resoluciones de la fuerza política que lo llevó a la Presidencia y al conjunto del movimiento obrero-popular, con graves consecuencias.
Mujica ha sido electo presidente de la República por el voto ciudadano que aspira a profundizar el avance del pueblo enfrentando al poder del dinero, de las armas y de los medios masivos de comunicación.
Con respecto al poder de las armas, en relación a las Fuerzas Armadas, hay buenas condiciones para avanzar. Queremos pensar que muchos honestos integrantes de ellas han asumido que, al haber aceptado las FFAA ser piezas del engranaje imperialista, de la Doctrina de la Seguridad Nacional, concluyendo en una feroz dictadura contra todo su pueblo y no sólo contra los tupamaros- el odio, el rencor y el desprestigio alcanzados no serán fáciles de borrar.
Y no basta decir, compañero Presidente, la semiverdad que sus componentes no deben cargar la mochila criminal de sus mayores. Todos queremos que así sea, pero para convertir ese deseo en realidad, tienen que ser esas Fuerzas Armadas las que reconozcan que combatieron a su pueblo. Sólo demostrando valor para ese reconocimiento y cooperando para reconocer los crímenes, excesos, o como quiera llamárseles, darán el gran paso para que se reconcilien con sus agredidos.
Mientras tapen a los responsables o cómplices de sus crímenes esa reconciliación no sucederá.
Opinión
Por Daniel Gatti
Banderas
Quienes el año pasado votaron por Mujica presidente no podían ignorar que la problemática que tiene que ver con eso que habitualmente se sobreentiende cuando se habla de “derechos humanos” (léase las torturas, asesinatos, desapariciones y otras sevicias cometidas bajo la dictadura) no estaba entre las prioridades del hombre. Mujica lo había dejado en claro muchas veces, y paradójicamente remarcado el día mismo que estampó su firma por la anulación de la ley de caducidad.
Se notó que lo hizo más por embole que por convicción, por que le dejaran de hinchar con el tema, ¿ta?, y a su firma la acompañó de un decálogo de condiciones y relativizaciones. Pero como la esperanza es lo último que se pierde, y el hombre despertó tantas, se podía uno ilusionar con que, en esto, “alguito”, al decir de Galeano, el hombre cambiara. Ya había cambiado tanto en tantas otras cosas...
El discurso de asunción, soñaron muchos, podía ser una buena ocasión para que entre tantas miradas y tantas guiñadas en tantas direcciones alguna se escapara hacia esa (¿vergonzante?) vertiente del voto propio. Vana espera.En los días siguientes (treinta, cuarenta, cincuenta) hubo otros muchos gestos del presidente.
Las Fuerzas Armadas los recibieron a raudales. Como si se tratara de un pago de deudas, de un reconocimiento. Tal vez de reconocimiento a la propia “culpa” (¿de qué?, puede uno preguntarse).Como presidente, Mujica ha mantenido –también aquí hay persistencia– una lectura de la historia reciente que comparte con otros muchos de sus viejos compañeros de armas, una lectura según la cual en “aquellos años” “la cosa” fue entre dos bandos, y que pasada la guerra es de buenos caballeros y combatientes el intercambio de gestos de buena voluntad. Se promete clemencia, se reciben banderas, y pelota al medio.
La hora habría llegado de trabajar juntos, sin rencores, la main dans la main. De poco serviría discutir sobre cómo se llegó a lo que se llegó puesto que todas las interpretaciones tendrían cabida (yo culpable, tú también) y nadie estaría habilitado a marcar fronteras. El Estado, en el medio, no optaría...La gestualidad de la reconciliación se acompañaría de otra hacia los extremos refractarios de ambos bandos: los familiares de las víctimas de la dictadura, por un lado, los brontosaurios nostálgicos del “Proceso” por otro.
Hacia los segundos (algunos de los cuales –unos “pobres y enfermos viejitos”– están presos), clemencia y olvido.Constante ha sido la prédica de Mujica en estos últimos tiempos para que la actitud de “la sociedad” hacia las Fuerzas Armadas sea revisada. El país debe reconciliarse con sus soldados, ha machacado sin mayor agregado el presidente, mirando por el rabillo del ojo hacia la izquierda.Esta semana, casi dos meses después de asumir, una delegación de Familiares de Desaparecidos fue recibida en la Presidencia.
El mismo día del encuentro, “las viejas” difundieron una carta abierta a José Mujica. En esta misma página se la reproduce in extenso, pero vale la pena extraer algunos pasajes. “Comprendemos perfectamente las responsabilidades que tiene frente a las fuerzas que hoy usted comanda”, le dice la siempre ponderada asociación al presidente, pero “queremos trasmitirle que estas Fuerzas Armadas son la continuidad de aquellas que dieron el golpe, que coparon el aparato del Estado, que no admiten su responsabilidad y que se abroquelan en su silencio (...).
Mientras no reconozcan su responsabilidad institucional en el proceso dictatorial, no rectifiquen su destino renegando de la doctrina de la seguridad nacional y sigan configurando y avalando las posiciones que expresan a través del Círculo y el Club Militar, no digan las verdades que ocultan, no se saneen (...) la ciudadanía las tolerará (¡qué más remedio¡) pero no las respetará ni integrará”.Es dable imaginar que no sólo los “familiares“, con mayúscula o sin ella, piensan de esa manera.
Casi la mitad del país se expresó explícitamente en el mismo sentido en el plebiscito de octubre. Delimitar los campos, marcar fronteras, fue uno de los mensajes de esa parte de la ciudadanía, extrañamente ausente de los discursos del presidente.
Y si por esos avatares de la vida, o de la cercanía de la muerte, un Gavazzo, un Silveira, convertidos en corderitos de Dios, hicieran acto de contrición y sumaran sus huesos a las voluntarias huestes de soldados reconvertidos en albañiles del Uruguay del futuro, ¿cabría el perdón? Hay quienes pueden creer que sí (tal vez, entre ellos, el presidente).
Otros, que ni olvido.
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 LOS 80 de GELMAN
Reflexión.
"Estar en medio de lenguas ajenas me llevó a estar más cerca de mis propias raíces
"Poesía es resistencia, dijo ayer Juan Gelman, al cumplir ochenta años
El poeta argentino Juan Gelman, quien vive en México desde hace mucho tiempo, cumplió ayer 80 años de edad, afirmando que la poesía es "una forma de resistencia contra un mundo cada vez más mercantilizado, en el que se nos quiere manufacturar y uniformizar el alma".
Gelman. "La lengua es un lugar de muchas patrias".
Ayer, en ocasión de cumplir su vuelta ochenta alrededor del sol, Juan Gelman afirmó que "la poesía abre puertas a la riqueza interior de cada uno". En declaraciones al diario "Milenio", donde colabora semanalmente, afirmó que la lengua "es un lugar de muchas patrias" y que durante el exilio le tocó vivir en países donde no se hablaba castellano.
"Uno se arma una suerte de defensa y hay un aferramiento mayor a la propia lengua. Estar en medio de lenguas ajenas me llevó a estar más cerca de mis propias raíces", indicó el poeta.
El jueves próximo Gelman presentará en el Centro Cultural España de la ciudad de México una edición ilustrada de su libro "Bajo la lluvia ajena", en el cual el tema del exilio vuelve a estar presente como una obsesión.Ganador de los premios Cervantes de Literatura y Reina Sofía, Gelman, quien vive en México desde hace muchos años tras haber estado exiliado en Italia, Francia, España y Nicaragua durante la dictadura militar argentina (1976-83), lucha aún por encontrar los restos de su nuera María Claudia Irureta Goyena.
Gelman nació en Buenos Aires, en Villa Crespo. Aprendió a leer a los 3 años y pasó su infancia andando en bicicleta, jugando al fútbol y leyendo. Comenzó a escribir poemas de amor cuando tenía ocho años y publicó el primero a los once (1941) en la revista "Rojo y Negro".
En 1955 fue uno de los fundadores del grupo de poetas El pan duro, integrado por jóvenes militantes comunistas que proponían una poesía comprometida y popular y actuaban cooperativamente para publicar y difundir sus trabajos.
En 1956 el grupo decidió publicar su primer libro, "Violín y otras cuestiones". En 1959, influenciado por la Revolución cubana comenzó a adherir a la vía de la lucha armada en Argentina y a disentir con la postura opuesta del Partido Comunista.
En 1966 comenzó a trabajar como periodista. Se desempeñó como jefe de redacción de la revista "Panorama" (1969), secretario de redacción y director del suplemento cultural del diario "La Opinión" (1971-1973), secretario de redacción de la revista "Crisis" (1973-1974) y jefe de redacción del diario "Noticias" (1974).
En 1967, durante la dictadura militar autodenominada "Revolución Argentina" (1966-1973), se integró a la organización guerrillera recién formada Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), de orientación peronista-guevarista. A fines de 1973 pasó a integrar la organización guerrillera Montoneros, de orientación peronista, a raíz de su fusión con las FAR.
En 1975 Montoneros lo envió al exterior para hacer relaciones públicas y denunciar internacionalmente la violación de derechos humanos en Argentina, durante el gobierno de Isabel Perón (1974-1976). En esa misión se encontraba cuando se produjo el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, que inició la dictadura militar autonominada "Proceso de Reorganización Nacional" (1976-1983), e impuso un régimen de terrorismo de Estado que causó la desaparición de 30.000 personas.
Salvo una breve entrada clandestina a Argentina en 1976, Gelman permaneció exiliado en el exterior residiendo alternativamente en Roma, Madrid, Managua, París, Nueva York y México y trabajando como traductor de la Unesco.
En 1979 decidió abandonar Montoneros por estar por completo en desacuerdo con el verticalismo militarista del movimiento y por las negociaciones que había entablado entonces en Francia su Conducción Nacional con el miembro de la Junta Militar almirante Emilio Massera.
A raíz de ello Montoneros acusó a Gelman de traición y lo condenó a muerte.En 1998 Gelman descubrió que su nuera había sido trasladada a Uruguay a través del Plan Cóndor, que vinculaba a las dictaduras sudamericanas y Estados Unidos, y que había sido mantenida con vida al menos hasta dar a luz a una niña en el hospital militar de Montevideo. A raíz de ello exigió la colaboración de los estados argentino y uruguayo en la investigación con el fin de hallar a su nieta.
Gelman topó con la oposición a investigar del presidente de Uruguay, Julio María Sanguinetti, con quien entabló un debate público en el que volvió a ser apoyado por destacados intelectuales y artistas como Günter Grass, Joan Manuel Serrat, Darío Fo, José Saramago y Fito Páez.
En 2000, al mes de asumir Jorge Batlle como nuevo presidente, la nieta de Gelman, de nombre Andrea (Andreíta, la menciona el poeta en varios poemas) fue encontrada y Gelman pudo reunirse con ella.
Luego de verificar su identidad, la joven decidió tomar los apellidos de sus verdaderos padres, para llamarse María Macarena Gelman García.
HOMMAGE A JUAN GELMAN POUR
SON QUATRE-VINTIÈME ANNIVERSAIRE
LE 3 MAI 2010.
Autour de l’œuvre poétique de Juan GelmanExtrait d’une conférence d’Edmundo Gómez Mango, prononcée le 03/05/10 à l’Institut Mutualiste Montsouris, à Paris.
J’ai proposé pour ce soir d’aborder l’œuvre de Juan Gelman, un des plus grands poètes contemporains de l’Amérique Latine. Les hasards du calendrier ont fait que j’évoquerai son ouvre, intimement liée à son destin d’homme, le jour de son quatre vingtième anniversaire.
Se rapprocher de son œuvre évoque encore une autre source du trouble signalé par Jean Wahl. Je rappelle que plusieurs des poèmes du philosophe français recueillent son expérience de la captivité et de l’exil, certains d’entre eux ont été publiés dans les revues de la résistance pendant l’occupation nazie.
Un des aspects essentiels de la poésie de Juan Gelman est aussi traversée par l’expérience de l’exil et, comme dirait Goya, par « Los desastres de la guerra », dans son cas, le désastre des dictatures militaires qui ont désolé le cône sud de l’Amérique latine dans les années soixante dix du siècle dernier.
La transgression d’une autre frontière, celle qui sépare l’intime et le politique, le « for intérieur » et l’espace de la polis ou de la cité, est incarnée dans le poème de Gelman. Ses chants, comme ceux de la maturité de William Blake, deviennent les « chants de l’expérience »[1].
Mes retrouvailles avec son œuvre datent de l’été 2000. Je passais un séjour de vacances à Hendaye, à la frontière de la France et de l’Espagne, et j’ai eu l’occasion d’écouter un disque qu’un ami uruguayen venait de m’offrir ; j’ai pu alors entendre, dits par le poète lui-même, une vingtaine de ses poèmes. J’avais lu cet auteur dans ma jeunesse, il faisait partie des mouvements d’avant garde de la poésie du Río de la Plata. Certains de ses livres étaient très connus à l’époque, comme Gotan [1962] (inversion de tango) ou Cólera buey [1971], littéralement « colère bœuf ».
Sa poésie chantait la ville de Buenos Aires, la vie de ses quartiers, mais surtout la vie de sa langue. La tâche essentielle de cette œuvre est centrée sur l’invention langagière d’un chant jeune qui chante la jeunesse du chant.
Dès le début, ce qui caractérise fondamentalement sa poésie, ce ne sont pas les thèmes (l’amour, l’enthousiasme et les rêveries juvéniles, la rébellion contre l’injustice, l’invention d’hétéronymes à la Pessoa qui lui permettent d’explorer son imagination féconde et hétéroclite) mais la volonté esthétique de faire sienne la langue des gens, celle qu’on écoute dans les quartiers, le porteño, l’espagnol couramment parlé à Buenos Aires, dont il s’approprie d’une façon intime et personnelle.
Dès les commencements de son œuvre, on ne peut pas confondre avec aucune autre sa façon de faire chanter la langue native.
Parler comme les gens ne consiste pas à imiter une sorte de langue moyenne, ou à récréer le lunfardo ou l’argot des classes populaires ; c’est aller dans la profondeur ou vers le fond de la langue à la recherche des traces les plus personnelles de sa mémoire parlante, se saisir d’une sorte de verticale qui traverse le centre du vocable, ciel et racine de la parole poétique.J’avais perdue d’ouïe, si j’ose dire, la poésie de Gelman, dans les années d’exil. Écouter l’enregistrement où lui-même lisait des poèmes que je ne connaissais pas, fut pour moi une expérience poétique intense. Cet enregistrement avait été fait in vivo, dans un acte d’hommage qui avait eu lieu à Montevideo, ma ville natale. Il venait d’être nommé citoyen d’honneur de la ville.
Ses amis, des poètes et des écrivains, ses lecteurs, les gens s’étaient réunis autour de lui dans la salle du théâtre El Galpón, compagnie qui s’était exilée toute entière à l’époque de la dictature pour s’installer au Mexique. On fêtait ainsi les retrouvailles du poète et de sa petite fille, dont on n’avait pas eu des nouvelles depuis la mort et la disparition de ses parents.
Après l’étape des disparus, de ceux qui avaient été arrachés de leurs maisons ou de leurs lieux de travail par l’armée, la police ou des forces paramilitaires, c’était la période des « apparitions ». Il s’agissait le plus souvent des enfants des disparus nés en captivité et donnés par les autorités - en transgressant toutes les lois éthiques et morales - non pas à leurs parents, mais à des familles des militaires en « mal d’enfant ». Juan Gelman venait de rencontrer pour la première fois, sa petite fille Macarena, fille de Marcelo Ariel Gelman et de son épouse María Claudia (la première rencontre, préparée avec beaucoup de soins, eut lieu le 30 mars 2000).

Tous les deux étaient disparus en 1976. Marcelo était âgé de vingt ans ; journaliste et poète, comme son père, il était étudiant à la faculté de philosophie et des lettres de l’Université de Buenos Aires. María Claudia avait dix neuf ans, elle était enceinte de sept mois. Ils ont été torturés dans la prison clandestine Automotores Orletti ; le corps de Marcelo fut retrouvé treize ans plus tard caché dans un fût de ciment et de sable jeté dans une rivière. Il a été assassiné d’une balle dans la nuque, ces restes furent exhumés par l’Équipe argentine d’anthropologie légale de Buenos Aires.
María Claudia avait été transférée à Montevideo, par la mise en œuvre de cet étrange et terrible dispositif appelé le « Plan Condor », auquel obéissaient les forces armées des dictatures latino-américaines, coordonnées par les services d’intelligence des États Unis. Elle a accouchée d’une petite fille à l’Hôpital militaire de Montevideo; quelques semaines plus tard elle disparaissait à son tour.
Jamais on a pu retrouvé les restes de son corps, malgré les efforts constants réalisés dans ce sens par Gelman et sa femme Mara de la Madrid, les familles des disparus et les associations qui défendent leurs droits[2]. Juan Gelman connaît sa petite-fille quand elle est une jeune femme de vingt trois ans. Il avait tout essayé pour la retrouver. Il s’était adressé aux présidents successifs de la République uruguayenne réclamant l’apparition des dépouilles mortelles de sa belle fille María Claudia.
Il avait adressé une lettre émouvante à l’enfant né de l’union de Marcelo et María Claudia quelques années auparavant, quand il ne savait pas encore si il était une fille ou un garçon : « Tu as maintenant presque l’âge de tes parents quand ils ont été tués et tu seras bientôt plus vieux qu’eux. Ils auront vingt ans pour toujours. Ils rêvaient beaucoup de toi et d’un monde plus habitable pour toi.
J’aimerais te parler d’eux et que tu me parles de toi. Pour reconnaître mon fils en toi et pour que tu reconnaisses en moi ce que j’ai de ton père : nous sommes tous les deux orphelins de lui. » Cette lettre, écrite en avril 1995, se terminait ainsi : « Tu as peut-être les yeux gris-vert de mon fils ou les yeux châtains de sa femme, qui possédaient une lueur très spéciale et tendre et coquine. Qui sait comment tu peux être si tu es un homme. Qui sait comment tu peux être si tu es une femme. Au mieux, tu peux sortir de ce mystère pour rentrer dans un autre : celui de la rencontre avec un grand-père qui attend.[3] »L’acte d’hommage qui a eu lieu à Montevideo les premiers jours d’avril de l’an 2000, rassembla tout une ville autour d’un poète. Les gens célébraient à la fois un acte éminemment éthique, celui de la reconnaissance d’une identité volée, un acte donc de justice et de réparation sociale, mais aussi, fait rarissime, un triomphe de la poésie. Ces retrouvailles étaient d’une part le fruit de la volonté imparable du poète dans sa quête de la vérité. L’objet de cette quête était constitué par deux actes d’une cruauté extrême commis par la terreur d’État, qui semblaient étrangement et horriblement se rejoindre.
L’un frappait le cadavre d’une jeune mère, et l’autre, le fruit de ses entrailles qui venait de naître. L’outrage du cadavre : il ne suffisait pas d’avoir tué la jeune femme, mais il fallait profaner son cadavre, le voler et le faire disparaître. L’outrage d’un nouveau-né, son rapt, l’ « appropriation » comme l’appellent les grands-mères de la Place de mai, le vol de l’identité d’un tout petit être qui vient de naître, est lui aussi un crime abominable. Il interrompt la filiation charnelle, elle prétend, et souvent réussit, à effacer un passé fait de chair, d’espoirs et de projets, qui palpitaient dans le couple des parents mais aussi dans leurs familles.
Il est une mutilation de l’avenir d’une vie, la falsification et parfois le meurtre des origines d’une existence. Macarena a raconté dans un entretien avec un journaliste en 2008[4] qu’elle n’avait jamais rien su de ses vrais parents.
Elle a été élevé par un couple, le père, qui a toujours caché son caractère de père adoptif, était un commissaire de police. C’est seulement quelques mois après la mort de celui-ci que la mère adoptive a pu lui dire qu’elle n’était pas sa mère biologique, et qu’ils l’avaient reçue quand elle était encore un tout petit bébé. On suppose que la date la plus probable de sa naissance est le premier novembre 1976.
Elle a été déposée chez la famille qui s’occupera d’elle le 14 janvier 1977. Elle lui a aussi appris que son grand-père paternel la cherchait depuis très longtemps et voulait la rencontrer. Cet entretien journalistique, que j’ai découvert en préparant ce travail, est très intéressant et très émouvant à plusieurs titres.
Macarena a gardé son prénom, empreint de la croyance religieuse de la famille qui l’a élevée, mais elle a changé son nom lors d’un jugement de filiation, elle s’appelle maintenant Macarena Gelman García, elle porte ainsi les noms du père et de la mère disparus. Lors de l’entretien, Macarena dit maman pour désigner María Claudia : «Ils ont amenée ma maman à Montevideo, raconte-t-elle, le 22 décembre c’est pour la dernière fois qu’on nous a vu toutes les deux ensemble et vivantes, ma maman et moi » ; et à d’autres moments de l’entretien, elle signale : «
Quand je parle de ma famille adoptive, je parle seulement de ma maman, avec laquelle je vis encore actuellement (au moment de l’entretien, Macarena a 31 ans et la mère adoptive 76 ans).Quand la journaliste lui demande comment s’est passé le moment où la mère adoptive lui a raconté la vérité, elle raconte : « Un jour je suis arrivée à la maison et je l’ai rencontrée en pleurs…Elle m’a dit qu’elle devait parler avec moi […] Elle pleurait et pleurait, je lui ai demandé si c’était quelque chose à voir avec papa, ou avec elle-même ou avec moi, elle m’a dit avec les trois.
Et alors, ne me demandez pas pourquoi, jamais je ne l’avais soupçonné, devant son silence et ses pleurs, je lui ai demandé : « Est-ce que je ne suis pas votre fille ? » Elle m’a répondu : « - Qui te l’a dit ? » Et c’est là que je me suis rendu compte de ce que je venais de dire ». La journaliste lui fait remarquer que d’une certaine façon, même inconsciente, elle savait. « Il me semble que je finirais pour l’accepter, oui… ».
La journaliste finit son article en rappelant ceci : en avril 2008, Juan Gelman reçut le prix Cervantès, le plus prestigieux des lettres espagnoles ; il a affirmé à cette occasion : « Certains disent qu’on ne doit pas remuer le passé, qu’il ne faut pas avoir des yeux dans la nuque, qu’il faut regarder en avant et non pas s’acharner à rouvrir des vieilles blessures. Ils sont parfaitement dans l’erreur. Les blessures ne sont pas encore fermées. Elles palpitent au sein de la société comme un cancer qui ne cesse pas. Leur seul traitement est la vérité.
Et après, la justice. Seulement de cette façon devient possible l’oubli véritable. » Macarena l’écoutait assise aux premiers rangs. Les deux recherchent ensemble les restes de María Claudia.La rencontre du poète avec les gens à Montevideo fut un événement étrange, plein d’un sens qu’on ne pouvait pas immédiatement saisir ; il suscita dans l’intimité des personnes et de la ville un trouble émouvant, un obscur étonnement qui devenait une sorte de clarté partagée, qui surgissait, là aussi, d’une transgression exaltante : la parole intime du poète, qui portait l’expérience de sa douleur et de son espoir, devenait, entendue par les gens de la ville, au for intérieur de chacun, la mémoire retrouvée d’une communauté. Quelle étrange et puissante amitié surgissait alors entre le poète et les gens !
Celui qui s’est retiré longtemps dans sa douleur, dans son deuil, langue muette et fermée, revenait maintenant vers les autres, il parlait, et il disait avec ses mots les plus propres, les plus siennes, la douleur et la joie de tous. Une des significations majeures de la poésie, mais presque oubliée pour nous, une de ses puissances les plus primitives, animistes ou magiques, semblait revenir dans cette réunion ou les hommes et les femmes se rassemblaient, se remembraient, se raccordaient autour de la parole du chant, de l’Éros poétique ; ce que l’exil, la torture, la disparition, avaient délié et démembré, séparé et oublié, semblait resurgir au grand jour, dans la clairière du chant, dans l’enchantement orphique du poème. J’écoutais seul la voix du poète enregistré dans le disque.
J’entendais aussi le silence des gens qui l’entouraient et le mien. Les poèmes de Gelman, qui ont souvent été catalogués comme difficiles, comme s’ils provenaient d’une sorte de trobar clus, hermétique ou fermé, démontraient exactement le contraire. Ils sont des chants d’un «trobar » clair, parce qu’ils sont capables d’atteindre le cœur des gens, par ce que ceux qui l’entendent deviennent un chœur musical silencieux qui entoure l’émergence du chant solitaire.
La réunion de cette journée mémorable était un véritable acte poétique : il avait rouvert l’écoute de la ville à ce qui en elle avait eu lieu et qui était devenu inaudible. La parole poétique devenait la grande ouïe de la langue, elle faisait entendre l’inouïe de la disparition, l’épouvante des années de la terreur d’État. Elle atteignait une sorte de communion laïque avec la langue des gens, elle dévoilait l’énigme du poème : fermé sur soi comme une forme unique et originale, il s’ouvre à ce qui le transcende, l’histoire, la ville, la communauté.
Elle semblait recouvrer la voix de l’aède qui disait seule la mémoire et l’espérance de tous. tu as entendu/ mon cœur ? nous partonsavec la défaite ailleurs/avec cet animal ailleurs/
les morts ailleurs/
qu’ils ne fassent pas de bruit/ eux qui se taisent/
ni qu’on n’entende le silence de leurs os/
leurs os sont des petits animaux aux yeux bleus/
ils s’assoient paisiblement à table ils broutent des douleurs sans vouloir/ne disent pas un seul mot de leurs coups de feu
ont une étoile d’or et une lune dans la bouche/
apparaissent dans la bouche de ceux qui ont aimé
passent des nouvelles de leurs rêves/traînent derrière eux leurs larmes avec un petit mouchoircomme s’ils balayaient le souffrir/
comme s’ils ne voulaient pas le mouiller/
afin que le souffrir éclate et brûle et fasse siège où s’asseoir pour penser à nouveau nous partons/ mon cœur/ ailleurs
¿oíste, corazón ?
con la derrota nos vamosa otra parte/
con este animal a otra parte /
los muertos a otra parte
que no hagan ruido
callados como están
ni se oiga el silencio de sus huesos/
sus huesos son animalitos de ojos azules
se sientan mansos a la mesa/ tragan dolores sin querer/
no dicen una sola palabra de sus balazos/
tienen una estrella de oro y una luna en la boca/
aparecen en la boca de los que amaron/
pasan noticias de sus sueños/arrastran sus lágrimas/ con un pañuelito detrás como barriendo el padecer
como no queriendo mojarlo
para que el padecer estalle y arda y haga
asiento donde sentarse a pensar otra vez
nos vamos/ corazón/ a otra parte[5]
« Le contraire d’écouter est d’entendre » dit René Char. Le poème nous apprend à entendre poétiquement. En lui nous devenons « tout ouïe », et c’est le cœur qui entend. La parole poétique nous « parle à l’ouïe ». L’entendement poétique va plus loin que le raisonnement de la prose ; en lui, la parole s’ouvre et nous prête ouïe, la bonne oreille, celle qui sait entendre la musique de l’âme et du langage.
Le poème de Gelman entend la nuit comme une sentinelle, ausculte les mouvements de la douleur de l’âme. Il parle avec ses morts.
Lui et Juan Rulfo, narrateur mexicain, auteur de ce chef-d’œuvre, Pedro Páramo, sont peut-être les deux écrivains latino-américains qui ont véritablement parlé avec leurs morts. Le poète et les gens s’entendent, dans la déroute ils vont ensemble, ailleurs, à « otras partes », à d’autres pays. Ils partagent une secrète confiance, une mutuelle amitié. L’entente poétique dans la langue sauvent l’humain de la totale défaite.
Il me semble parfois que les poèmes de Gelman rêvent des tableaux de Picasso. Dans le tableau et dans le poème, on peut retrouver une expérience de la défiguration, de la déformation provoquées par l’horreur de la dévastation de l’humain. Qui ne voit pas la panique dans ce cheval qui agonise, traversé par une lance, qui écrase le combattant qui tient encore dans sa main l’épée rompue, jeté par terre comme un Christ aux bras étendus ? Qui n’entend pas le cri muet des bouches ouvertes des trois femmes ?
L’une d’entre elles éclaire le désastre avec une lampe. Qui ne tremble pas quand il perçoit le visage horrifié de la mère avec son enfant mort dans les bras, qui se rapproche, jusqu’à l’épouvante de presque toucher la tête du taureau impavide ? ¿Qui ne sait pas que la vision de ces images défigurées, rompues et brisées, sont la destruction de Guernica ?
Et comment ne pas ouïr, entendre l’horreur de la disparition dans ces images parlées : oh douce soit ta mort/ combattant qu’on a vu transporter la douceur du monde/ visagedégainé commeépée ou foi/ petite cuillèreremuant les ombres/ te rappelles-tu
de la vie ? Te rappelles-tu de la viedéversant automne suave/des vers tombent de toi/ coups de feu/ tigres/ lampes cassées ventres petites cuillères dans la moitié de la nuit/une moitié pourrissant dans la patrie/ lui donnantarôme splendeur/ reposes-tu en guerre ? reposent-ils tes osselets ? en guerre ?en paix ?/ petite eau ?/ jamais ?/
« […] oh dulcefuera tu muerte
combatiente que vieron
transportar la dulzura del mundo
rostro desenvainado como
espada o fe
cucharita revolviendo las sombras ¿te acordás
de la vida? Te acordás de la vidadesparramando otoño suave
caen versos de vos/ balazos/ tigres
lámparaspartidas vientres cucharitas en mitad de la noche
mitad pudriéndose en la patria/ dándole
aroma resplandor/ descansás en guerra/
descansantus huesitos?
¿en guerra?
¿en paz?¿agüita?/
¿nunca?[6]
Le poète va par ces ravins de langue, il s’abrite dans des cavernes de paroles, dans des grottes du langage pour sculpter, tailler des vocables comme des hiéroglyphes ou des dessins rupestres ou de petits animaux ou de petites figures d’enfant. Juan Gelman travaille dans la fabrique de la langue comme un Picasso des vocables ; il compose - décompose le corps du poème avec la jambe d’une femme et l’œil d’un oiseau, l’osselet d’un enfant et un visage dégainé comme une petite cuillère qui remue la nuit.
Le poète a abandonné l’Académie et l’illusion mensongère d’une beauté impassible. Le vent de l’horreur qui secoua le siècle a frappé son visage et il s’est abrité pour pouvoir vivre, écrire et se souvenir dans une petite chambre de l’idiome, une chambre obscure où il révèle mais aussi où se rebelle son langage le plus personnel.
C’est là où il forge et rompt des mots, lie et délie des langues, construit son dialecte intime, gelmanéen, et que, pour cela même, ne lui appartient guère : c’est l’idiome dialecte de ses poèmes, un des langages les plus profonds et désemparés de la poésie espagnole.Le dialecte de Gelman est fait avec les idiotismes de la langue de Buenos Aires, il porte la marque de la ville, traversé par le tango, l’argot, le russe ou le yidisch de son enfance. La petite chambre idiomatique de Gelman c’est celle d’un immigrant : on y écoute des langues aux accents divers, étranges, entremêlées, déformées, souffrantes, qui viennent de très loin et de tout près.
La migration est un destin de son dialecte poétique qui détermine son expérience de la langue. Il migre vers les continents et les horizons les plus éloignés, et pourtant tout proches, du langage. Unamuno s’était « exilé dans sa mémoire », disait il, « desterrado en su memoria », (desterrado : mot castillan qui dit l’arrachement de la terre, le déracinement de l’exil). Gelman s’est exilé, desterrado, dans son idiome poétique pour préserver en lui l’essentiel de sa mémoire : dans n’importe quel lieu, depuis les premières jusqu’à les lus récentes de ses créations poétiques (un de ses derniers livres s’appelle Mundar de monde, « monder »), le poème va toujours dans sa langue idiomatique, qui change pour devenir elle- même, et chaque fois plus, la sienne.
Chacun de ses poèmes est un événement : il advient dans la langue, l’altère, pour l’habiter d’une manière tout à fait singulière et inimitable. Il la dit dans sa voix, l’invoque dans son accent de migrant, dans sa tonalité et dans son accord. Le poème ne veut pas appartenir totalement à la langue qu’il parle, il ne se rend pas à elle, il la combat, il s’impose, il la pénètre avec ce qu’il emporte d’invention, de gémissement, d’amour, de rêve, de néologisme qui est souvent un ancien logos qui provient des arcanes du langage. Le poète les extrait, les déterre du passé, il les met au présent langagier qui parle et qui nous parle.
Le poème de Juan Gelman est un événement parce qu’il advient, il arrive, il tombe dans la langue ; il l’émeut, la trouble, secoue son inertie, lui arrache le son, la fait sonner et résonner dans la trempe de sa voix, il la rêve.
C’est ainsi que je lis Gelman : c’est ainsi, plutôt, que les poèmes de Gelman me lisent, qu’ils adviennent en moi.Gelman est un traducteur à sa façon. Il est significatif que des grands poètes – Mallarmé, Baudelaire, Yves Bonnefoy, Pedro Salinas, Luis Cernuda, et tant d’autres – sont attirés par cette étrange tâche de tra-duire, de faire migrer la parole de l’autre dans la sienne, d’aliéner l’intime activité de la poïesis personnelle dans le poétiser de l’autre. Gelman a récréé les mystiques, il a incarné dans sa langue des absents, des autres du passé et des religions. Aliéner ce qui est propre, rapprocher le lointain c’est la dynamique de la traduction poétique, de la poésie qui reconnaît comme sienne l’activité de tra - duire, de trans dire, de faire du poème un dire de l’autre dans mon dire.
Les poèmes de Gelman (depuis ceux de Sydney West jusqu’à Commentaires ou Dibaxu) sont des traductions qui partent des éléments hétérogènes et distants pour parvenir au même élément linguistique, son dialecte poétique. La traduction dans Gelman est une sorte d’intra ou de trans traduction, elle se confond avec son poiën ou faire poétique : il avance en créant, en mêlant, en composant, avec des restes de mots, des termes cassés, des vocables oubliés, qui viennent de l’ancien et du premier castillan, du judéo espagnol de la diaspora, des paroles épouvantées des langues étranges et des exils, qui fuirent des pogroms et des persécutions de la police des tsars où ses parents faillirent mourir.Ses poèmes reviennent comme les disparus, comme les exilés.
L’exil dans la langue idiomatique du poème est le chemin de qui se rapatrie à la terre sans frontières de la grande poésie. Sa poésie explore incessamment l’expérience de la mort, son « plus de vie » (másvida) se confronte au « plus de mort » de l’horreur. Son expérience si singulière de l’idiome ravive la négativité inhérente du langage. Si son poème est si fréquemment commémoration, c’est parce que a langue est hantée par le spectre, par l’absent.
La parole vive de sa poésie surgit dans cette frontière invisible et inaudible, dans cette rêverie spectrale de l’exilé : ni ici ni là-bas, dans ce qui est vivant et dans ce qui est mort, le vivant porte en lui ses morts, et le mort appelle dans le cœur des vivants. Dans son poème revient le spectre : non seulement celui de l’enfant assassiné, du compagnon mort au combat, mais le spectre de la langue elle-même, de la parole poétique dans son essence fantasmagorique, faite et tissée par des absences aimées, par des ombres chères. Lors de la réception du prix Cervantès (2008), Gelman a caractérisé sa poésie comme « l’ombre d’une ombre ».
corps qui me tremble
entrant dans l’âme
froid qui me refroidit
petite main la tienne
ruisselante d’ombre, d’ombre, d’ombre…
cuerpo que me temblás
entrando al alma/frío que me enfrías
manito tuyamanando sombra/ sombra
sombra[7]
Ces vers appartiennent au recueil intitulé Lettre ouverte, Carta abierta [1980] tous ses poèmes sont adressés à son fils. C’est le début d’une longue et douloureuse nekuia, qui fait de sa poésie une évocation et une invocation des morts.
Son poème aspire l’ombre du fils de l’enfer des disparus, essaye douloureusement de le rapatrier à la lumière de la langue.
qu’est-ce cette lumière qui monte de tes morts ? vois-tu quelque chose à la lumière de cette lumière ? que vois-tu ? des osselets soutenant l’automne?
“¿qué es esta luz que sube de tus
muertos?
¿ves algo/
a la luz de esta luz?/
¿qué ves?
¿huesitos sosteniendo el otoño?[8]
Il parvient ainsi, presque naturellement, à rencontrer la grande poésie mystique, surtout castillane, celle de Saint Jean de la Croix, peut-être le plus haut poète de la poésie espagnole, Sainte Thérèse d’Avila. Ils étaient tous les deux des marranos, de nouveaux chrétiens, Gelman entend peut être en eux le murmure du ladino, l’espagnol de la diaspora des juifs d’Espagne, préservé presque intact et qu’on peut écouter encore de nos jours. Il publiera quelques années plus tard Dibaxu,
En dessous, [1985] un recueil écrit en deux langues, le ladino et l’espagnol - argentin. Dans Commentaires, Comentarios, [1978-79] Citations, Citas, [1979] chaque poème et l’évocation d’un autre poème, le plus souvent appartenant aux deux poètes mystiques castillans mentionnés, mais aussi à des auteurs des paroles de tango, souvent chantées par Carlos Gardel, tels Homero Manzi ou Julio Lepera.
La petite chambre idiomatique où Gelman écrit ses poèmes ouvre ainsi ses fenêtres à la rumeur de l’ancien castillan, quand la langue était en train de se faire, la langue disons native du castillan, mais aussi à l’air des tangos, à ses paroles, au porteño, le parler des quartiers de Buenos Aires, le bon air de la langue naissante, natale de l’enfance du poète.
Commentaire VI (Sainte Thérèse)
cette secrète union qui passepar un point très intérieur de l’âme
ce doit être là que tu te trouves toi
et làque sont pareils le plaisir et la gloire et d’autres créatures qui passent
unies commeeaux du ciel allant vers le fleuve entrant en mer / ou des mains
qui par des faits contraires ne font qu’une /
ou le support qui me supporte
tu es dans moi
comme bois dans le bâton /
bien que reste une douleur plus grande
et un désirplus grand parce que grandit
l’aimer à mesure que se découvre le délice de toi
esta secreta unión que pasa en un punto muy interior del alma/que debe ser donde estás vos/ y dondetales son el deleite y la gloria y demás/ criaturas que pasan/ conunidas como aguas del cielo que van a río entrando a mar/ o manosque por lados contrarios se hacen una
o sustento que me sustenta/ así me soscomo madera en el palito/ aunque
mayor dolor queda después/ y deseo mayor porque crece el amar cuando más se descubrela delicia de vos/... »[9]
Le poète a atteint la “secrète union”, une version personnelle de l’unio mystique, impersonnelle, tradition du lyrisme religieux de tous les temps et de toutes les cultures. Ce noyau de la mystique universelle que Gelman fait sien, est une exigence de la parole poétique elle-même.
L’objet manifeste de la poésie mystique est bien l’Autre, le Tout Autre, Dieu ou l’Être, mais il est possible de dégager d’autres sens, d’autres significations de cette expérience extrême. Gelman s’identifie aux poètes mystiques dans le chant à l’absent, le chant de l’absence.
Son poème est un mouvement de présentation de la disparition, le verbe poétique est événement présent de ce qui a été, révélation et incarnation du disparu. C’est peut-être une des expériences radicales de la poésie : rejoindre la douleur humaine originaire, comme cristallisation sonore dans la langue de ce mouvement d’aspiration suscité par l’absence.
L’absent peut être un être aimé, le fils ou le compagnon disparus, le pays perdu, mais aussi l’infans qui encore ne parlait pas, l’infans, que Gelman nomme l’enfant fondamental, el niño fundamental :
Ce que j’ai d’enfant fondamentalse me rebelle
Esto que tengo de niño fundamental se me rebela
[10]
L’enfant fondamental est celui des fondements de l’enfance, celui qui habite muet dans le fond du langage, « avant d’être celui qui parle »[11],
celui qui reste silencieux enseveli dans les couches profondes de l’âme.
Nous l’avons tous connus avant d’entrer, une fois pour toutes et sans la possibilité d’un retour en amont, au monde du langage. J.-B. Pontalis, dans une inscription en latin qui apparaît tout à la fin d’un de ses plus beaux livres, L’amour des commencements, l’a pour toujours associé à l’écrivain : infans scriptor, c’est bien lui l’infans celui qui ne parle pas, qui s’exprime par la langue muette de l’écriture, et non plus l’ego scriptor, le moi qui écrit (titre d’un recueil des poèmes de Paul Valéry).
La tendresse si particulière qui émane de la poésie de Gelman, même quand elle atteint les expériences les plus douloureuses de son âme, est un rappel constant à l’enfant fondamental.
Un enfant nous fonde, semble-t-il nous dire sans cesse son poème, il se souvient de nous, il veut que nous le parlions, il nous fait parler de lui ; il attire le poète vers cette frontière de la parole naissante, l’aube de la langue, du balbutiement qui abandonne le silence sensuel originaire, auquel on ne pourra plus revenir, mais que le poème évoque comme son horizon inatteignable.
L’infans est la frontière même de la plénitude sensorielle et sensible qu’il est en train de perdre irrémédiablement, qui reste derrière lui quand il avance dans la vie de la langue pour ne plus l’abandonner. Un des plus beaux poèmes de Gelman s’appelle Enfants.
Le poète regarde un enfant fiévreux, il ne voit que ses yeux fermés, mais le poème est le seul à voir ses hallucinations :
« un enfant enfonce sa main dans sa fièvre
et arrache des astres qu’il lance dans l’air
et personne ne voit
moi non plus je les vois
». C’est le poème qui est l’infans, le muet dans la langue qui parle ses hallucinations, le seul à les entendre et à les voir. L’enfant fiévreux devient l’enfant aux cendres : « il a l’âme fermée et il l’enfonce
dans les cendres qu’il laissera parce qu’il a brûlé ».
Le poète aperçoit par la fenêtre un arbre illuminé par le soleil.
« maintenant passe un enfant dans la rue avec une main dans la poche de son pantalon/ ».
Il sort sa main et il l’ouvre à la lumière et « lâche des fièvres que personne ne voit
je ne les vois pas non plus », dit le poète. C’est encore le poème qui hallucine, qui fait voir au lecteur et au poète lui même les visions de deux enfants, les fièvres qui surgissent de la paume de l’enfant à la lumière, et les visions de l’enfant fiévreux qui « voit les os de l’atlantique// et les os de toutes les mers se bousculant dans son cœur/ ».
Le poète ne voit rien, ne sait rien, il ne sait le jour où il est né, il meurt pour la énième fois dans le poème, et ce jour-ci tous ceux qui sont morts meurent à nouveau avec lui et lui avec eux. « maintenant – dit-il - passent les lettres que tu ne m’as jamais écrites/ mon fils/ toi/ qui naît de cette lumière/ ». Le poème « enfants » finit ainsi :
“la vie est nue comme une mer sans rives/ et je ne peux pas pousser la vie en arrière/
la porter jusqu’à ton berceau/ ni la porter en avant/
je suis moins réel que la table où je mange/
je mange pour être réel comme l’arbre derrière la fenêtre/ maintenant un enfant s’est arrêté à côté de lui/ sort la main de la poche du pantalon/
ouvre sa paume à la lumière
et pense que la mort est la mort
et pas plus que ça.”
“la vida está desnuda como un mar sin orillas
y no puedo volver la vida atrás
llevarla hasta tu cuna/
ni llevarla adelante/
yo soy menos real que la mesa en donde como/
yo como para ser real como el árbol detrás de la ventana
ahora un niño se le paró al lado/
saca la mano del bolsillo del pantalón/
abre su palma a la luz/
y piensa que la muerte es la muerte/
y no más que eso/ »
L’enfant fondamental, enseveli dans les profondeurs de Psyché, est tout proche de la vie et de la mort. Il est l’enfant qui permet de rêver, d’animer les mots avec le souffle poétique, il est l’enfant qui célèbre la lumière naissante et accepte la mort comme son inévitable destin.
Pour terminer, je voudrais lire un poème de Gelman dédié à Lautréamont. Il a écrit plusieurs en hommage du poète « montévidéen ». Vous entendrez un autre aspect de la poésie de Gelman, peut-être le plus difficile à commenter, le plus insaissable, l’humour poétique. la poésie
doit être faite par tous
et non par un/ dit-il
ces choses là seulement un français
boîteux peut-il les dire
personne ne sait ce qu’il a fait à la commune de paris personne ne sait si il est mort ou si il n’a pas pu tous se rappellent qu’il jouait le piano jusqu’à les hautes heures de la petite âme […] le pire c’est qu’il avait un accord dans la tête et on ne pouvait pas le lui arracher
l’accord du boiteux […] le boîteux leur avait fait un accord dans la tête
et par là passaient furies, petits matins, augures,
[…] la question est que les voisins du boiteux
avaient des visages comme des pianos
au milieu du soir
[…] une fermme très belle chantait
dans les têtes des voisins du boîteux
en réalité il n’était pas français il était plutôt uruguayen
seulement un uruguayen peut dire des choses pareilles
que la poésie doit être faite par tous
et non par un
c’est comme dire que la terre est de tous et non seulement d’un seul
que le soleil n’est pas d’un que l’amour est de tous et de personne comme l’air et la mort est de tous
et la vie
n’a pas de propriétaire connu
tu n’étais pas boiteux lautréamont
ce qui s’est passé c’est que tu as abandonné l’uruguay tu as laissé tomber un morceau qui
joue du piano et ne laisse pas dormir
la poesía
debe ser hecha por todos
y no por uno, dijo
esas cosas solamente las puede decir un francés
rengo
que nadie sabe que hizo en la comuna de parís
nadie sabe si se murió o no pudo
todos se acuerdan de cuando tocaba el piano
hasta altas horas del almita
[…] lo peor es que tenía un acorde en la cabeza
y no se lo podían sacar
[…] el rengo les había hecho un acorde en la cabeza
y por allí pasaban furias, mañanitas, agüeros
[…] la cuestión es que los vecinos del rengo
tenían cara de piano en la mitad del atardecer
[…] una mujer bellísima cantaba
en la cabeza de los vecinos del rengo
que en realidad no era francés
más bien era uruguayo
solamente a un uruguayo se le puede ocurrir
que la poesía debe ser hecha por todos
y no por uno
que es como decir que la tierra
es de todos y no solamente de uno
que el sol no es de uno
que el amor es de todos y de nadie
como el aire
y la muerte es de todos
y la vida
no tiene dueño conocido
vos no eras rengo
lautréamont
lo que pasó es que dejaste Uruguay
se te cayó un pedazo que
toca el piano y no deja dormir[12]
Notes:1] Songs of Experience [1794] c’est une œuvre tardive de Blake, qui fait écho à un de ses premiers recueils, Songs of Innocence [1789].
[2] L’enquête menée par Gelman et sa femme, Mara de la Madrid, et par des journalistes uruguayens ont pu déterminer sûrement les noms des militaires qui participèrent à l’assassinat et le lieu du premier enterrement. Les militaires ont appelé le procédé par lequel ils ont dissimulé et changer la place des restes mortels des plusieurs disparus, « opération carotte », un exemple du cynisme macabre des bourreaux.
[3] On peut retrouver cette lettre in Edmundo Gómez Mango, La poésie de Juan Gelman et l’appel des disparus, Myriam Solal éditeur, 2001.
[4] Entretien avec Gabriela Cañas, publié dans El País, Madrid, 10/08/08.
[5] J. Gelman, « Otras partes », in En abierta oscuridad, S XXI editores, 1997, traduction par Jean Portante, in Juan Gelman, Obscur ouvert, éditions PHI, 1997.
[6] J. Gelman, »Repos », « Descansos », A Paco Urondo, Faits, Hechos, 1974-78. (Ma traduction).
[7] J. Gelman, , Carta abierta,VI, 1980.
[8] J. Gelman, “Otras escrituras”, Hacia el sur, 1982. [9] Comentarios, Antología personal (Anthologie personnelle), op. cit. , p. 143.
[10] J. Gelman, « Niños : Corea1952 », Gotán, Seix – Barral, 1996, p. 29.
[11] Titre du beau livre de J.C. Rolland, publié in Connaissance de l’inconscient, Tracés, Gallimard, 2007.
[12] J. Gelman, « Siempre la poesía », Hacia el sur [1982].
Juan Gelman - Dr.Edmundo Gomez Mango. - Paris - Mai du 2010.-
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