El último eslabón en la cadena del terror
La Unidad Especial de la Procuración analizó 2758 planillas de vuelo realizados entre 1976 y 1978. Al margen de Adolfo Scilingo, condenado en España, sólo hay un procesado con prisión preventiva por participar en los “vuelos de la muerte”.
Por Diego Martínez
La impunidad de centenares de militares, marinos, policías y civiles que participaron en los vuelos de la muerte podría comenzar a revertirse. El fiscal federal Miguel Osorio, que investiga el Plan Cóndor de coordinación entre las dictaduras del Cono Sur, dejó trascender el martes, durante un panel realizado en el Congreso, que está identificado el vuelo específico en el que fueron arrojadas al Río de la Plata las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo secuestradas por un grupo de tareas de la ESMA en diciembre de 1977.
La investigación, que permitirá avanzar contra sus tripulantes y la cadena de mandos que les daba órdenes y les garantizaba el encubrimiento, fue realizada por la Unidad Fiscal de coordinación de causas de lesa humanidad de la Procuración General de la Nación y está en poder de los jueces federales Norberto Oyarbide –que instruye la causa Plan Cóndor–, Sergio Torres –a cargo de la megacausa ESMA– y también de Eduardo Taino, fiscal de la causa.
Ante un pedido expreso de la Justicia, Página/12 omite por el momento los nombres de los involucrados y otros datos que puedan perturbar el avance de la pesquisa.El informe final de la investigación realizada por la Unidad Especial que conduce el fiscal general Jorge Auat y coordina Pablo Parenti data del 19 de noviembre pasado.
A partir de un universo de 2758 planillas de vuelo realizados entre 1976 y 1978, los investigadores analizaron regularidades y, en contraposición, excepciones: vuelos cuya duración no se condice con los puntos de despegue y aterrizaje, horarios sin relación lógica con las finalidades explicitadas, un mismo destino de salida y llegada en vuelos de “instrucción”, omisiones llamativas en los registros.
El universo se acota primero según la duración: por la velocidad de los aviones y en base a las precisiones que aportó el condenado ex capitán Adolfo Scilingo sólo se consideran vuelos de dos horas y media como mínimo. El segundo parámetro es el destino. Descartados los vuelos de duración justificada (a provincias del norte, la Mesopotamia o la Patagonia), los restantes tienen una particularidad: el despegue y el aterrizaje tiene lugar siempre en el Aeroparque Jorge Newbery o en la base de Punta Indio, y en algunos casos ambas en el primero.
El dato es sugestivo: los dos vuelos en los que participó Scilingo despegaron desde Aeroparque. El marino confesó que “todos los ‘traslados’ tenían como plan de vuelo Punta Indio pero sin aterrizar: continuaban vuelo a baja altura mar adentro para no ser detectados por el radar de Mar del Plata”.
El tercer filtro es la nocturnidad, asociada por la Unidad Fiscal “a todo aquello que pretende ocultarse”. Los vuelos entre las seis de la tarde y las seis de la mañana son excepcionales: rondan el seis por ciento en 1976 y 1977, crecen hasta casi un diez por ciento en 1978. Por último se considera la “finalidad”. En más de la mitad de los casos se menciona un genérico “traslado”, por lo general con un objeto preciso: “material clasificado”, “buzos”, “maquinaria”, “contraalmirantes”. También figuran finalidades específicas: “apoyo regata”, “sanitario”, “relevo de personal”, “arrojar paracaidistas”, “vuelo de prueba”, “patrullaje” o “instrucción”.
Los vuelos que sortean los cuatro filtros y en los que se menciona a Aeroparque como punto de partida y llegada son apenas once en tres años. Todos menos uno tienen por finalidad la “instrucción” y en ninguno se registra la existencia de pasajeros. A partir de este análisis se pudo individualizar el vuelo en el que se habría “trasladado” a las monjas francesas y a las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo.
El operativo del grupo de tareas de la ESMA en la iglesia de la Santa Cruz fue el 8 de diciembre de 1977. Dos días después fue secuestrada Azucena Villaflor de De Vicenti. El grupo de familiares estuvo en cautiverio en la ESMA al menos hasta el 14 de diciembre, cuando los marinos fotografiaron a las monjas francesas Alice Domon y Léonie Duquet con una bandera de Montoneros de fondo y un ejemplar del día del diario La Nación en sus manos.
Los restos aparecieron en las costas de San Bernardo y Santa Teresita entre el 20 y el 28 de diciembre, y fueron enterrados como NN en el cementerio de General Güemes. El Equipo Argentino de Antropología Forense identificó en 2005 los restos de Duquet, de Angela Aguad y de tres fundadoras de Madres de Plaza de Mayo: Villaflor de De Vicenti, Esther Ballestrino de Careaga y María Ponce de Bianco. “Las fracturas son compatibles con la caída desde una altura determinada y el impacto contra un cuerpo duro”, dictaminó el EAAF.
El método argentino de desaparición de personas, que Rodolfo Walsh denunció en 1977 y Scilingo confesó en 1995, continúa dando frutos. Más allá de condenas aisladas como las de Riveros, Verplaetsen & Cía. por el asesinato de Floreal Avellaneda, cuyo cadáver apareció en la costa uruguaya, los asesinos que participaron de las ejecuciones que según Scilingo bendijo la jerarquía eclesiástica e incluyeron hasta “invitados especiales” aún disfrutan de impunidad y anonimato.
Al margen de Scilingo, condenado en España a un millar de años de prisión, el único procesado con prisión preventiva por ese delito es el capitán Emir Sisul Hess, quien contó en privado que las víctimas “caían como hormiguitas”. El teniente de fragata Julio Alberto Poch, extraditado desde España luego de confesar su actuación ante colegas de la aerolínea holandesa Transavia, se benefició con una resolución de la Cámara Federal, que le encomendó al juez Torres mejorar los argumentos del procesamiento. El juez volvió este año a tomar una serie de declaraciones testimoniales en Holanda, pero no a pronunciarse sobre la situación del marino.
El magistrado no avanzó aún contra la cadena de mandos que estaba por encima de Hess y de Poch, ni contra el suboficial Rubén Ricardo Ormello, quien –tal como informó Página/12 en 2009– relató ante sus compañeros de trabajo de Aerolíneas Argentinas su participación en vuelos que partían de Ezeiza. El juez Torres tampoco indagó aún al abogado Gonzalo Torres de Tolosa, mencionado por Scilingo entre quienes lo ayudaron a tirar personas al vacío en uno de los dos vuelos que confesó, y mucho menos a los capellanes Luis Antonio Manceñido y Alberto Angel Zanchetta, que sedaban las conciencias de los marinos y continúan en actividad en las filas de la Iglesia Católica.
SIN EMBARGO ESTOY AQUI, RESUCITANDO > A LOS 80 AñOS, MURIO LA ESCRITORA Y COMPOSITORA MARIA ELENA WALSH
El día en que el mundo volvió a quedar
patas para arriba
Por Silvina Friera
Verano imperdonable, con la tristeza embotellada en los ojos, en el cuerpo. El país está de riguroso luto. Las niñas y los niños de ayer, las mujeres y los hombres de hoy que siguen cantando a coro a Manuelita que vivía en Pehuajó tienen una pena infinita. Esas voces ahora se quiebran –la congoja siempre desafina– cuando intentan completar lo que hizo la tortuga: un día se marchó. “¡Qué de campanas en la sangre siento/ cada vez que me olvido de la muerte!/ Pero sucede que ella no me olvida”. Estos versos, pletóricos de exquisito dolor adolescente, pertenecen al primer libro que publicó María Elena Walsh, Otoño imperdonable, en 1947.
Prologaban, con la energía desmesurada de los primeros pasos, la obra de una artista genial, tan fuera de serie que todo lo que tocaba –poesía, narrativa, música, dramaturgia– devenía inmediatamente en oro. Tan fuera de serie es –en presente, porque su inmenso legado no admite el pretérito– que considerarla un “icono nacional, “prócer cultural”, “blasón de casi todas las infancias”, “un mito o patrimonio de la Argentina”, es recitar –de memoria– una seguidilla de lugares comunes de la lengua contra los que ella luchó hasta pulverizarlos.
La muerte no se olvidó de ella.
Aunque se deseó que la noticia se hiciera humo, como un mal presagio, ayer murió María Elena o la Walsh –como prefiera cada lector–, a los 80 años, “luego de una prolongada internación y como epílogo de padecimientos crónicos que la aquejaban”, según indicó el parte emitido por el Sanatorio de la Trinidad.La muchacha que alguna vez se definió como “desabrida, limpia y chúcara” nació en “cuna de oro” el 1º de febrero de 1930, en Ramos Mejía. Su padre, Enrique Walsh, era un alto empleado de los ferrocarriles, “un anglo-argentino enamorado de Dickens y fabuloso músico autodidacto” que tocaba muy bien el piano.
Su madre, Lucía Elena Monsalvo, descendía de andaluces. En la tranquila población de la línea del Oeste, la niña trovadora crecía con el abono ideal: infancia de clase media ilustrada, rodeada de libros y de cine. Entre sus fantasías más secretas –confesaría muchos años después, cuando ya era María Elena Walsh y se arrimaba a la orilla de lo que se llama un clásico– se imaginaba cantando y bailando en un escenario, como en las “maravillosas” comedias musicales que admiraba, las de Ginger Rogers y Fred Astaire. En el aula de sus recuerdos brillaba la alumna aplicada, amiga atenta de los árboles y las gallinas, y del pastito que brotaba entre los ladrillos de las antiguas veredas, las mismas que evocó en una de sus canciones, “Fideos finos”.
En ese ambiente de libertad, el oído se afinó con las canciones tradiciones inglesas para niños que su padre le cantaba. Ahí comenzó a meter manos a la obra gracias a las construcciones verbales del nonsense británico.Dueña de un pudor victoriano que se confundía tal vez con timidez, María Elena se plantó, incorregible en su rebeldía, cuando a los 12 años decidió ingresar a la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano. Allí conoció a la fotógrafa Sara Facio, quien con los años se convertiría en su “gran amor, ese amor que no se desgasta sino que se transforma en compañía perfecta”, como se lee en su última novela autobiográfica, Fantasmas en el parque, publicada en 2008. En 1945, con tan sólo 15 años, apareció su primer poema, titulado “Elegía”, en la revista El Hogar, y también escribió para el diario La Nación.
Dos años después, en ese 1947 dolorosamente inolvidable, murió su padre al mismo tiempo que publicaba el poemario Otoño imperdonable, que recibió el segundo Premio Municipal de Poesía. Una lluvia de elogios coronó a la “joven promesa”. Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Silvina Ocampo y Juan Ramón Jiménez celebraron ese primer libro.Cuando se recibió de profesora de Dibujo y Pintura, enfiló con una beca para la Universidad de Maryland (Estados Unidos), invitada por Jiménez, el autor de Platero y yo. Los seis meses que permaneció junto al poeta fueron una experiencia traumática. Inolvidable, en el peor de los sentidos.

“Cada día tenía que inventarme coraje para enfrentarlo, repasar mi insignificancia, cubrirme de una desdicha que hoy me rebela –escribió Walsh en un texto publicado en la revista Sur, en 1957–. Me sentía averiguada y condenada. Suelo evocar con rencor a la gente que, mayor en mundo, tuvo mi verde destino entre sus manos y no hizo más que paralizarlo.”De regreso en Buenos Aires, consiguió la medicina para superar ese mal trago junto a Jiménez. Volvió a escribir ensayos en diversas publicaciones y frecuentó los círculos literarios e intelectuales.
“Como a sus vanas hojas/ el tiempo me perdía./ Clavada a la madera de otro sueño/ volaban sobre mí noches y días.” Otra vez llegó un libro, el segundo poemario, Baladas con Angel, editado en un mismo volumen con Argumento del enamorado, de Angel Bonomini, quien entonces era novio de María Elena. No todo iba viento en popa, aunque pocos lo pudieran percibir. No soportaba las presiones familiares ni de la sociedad.
Para ella el peronismo era una “dictadura”. Necesitaba un cambio, respirar otros aires. La aventura arrancó con una carta que sería el principio de una asociación artística y amorosa. La tucumana Leda Valladares, que entonces se encontraba en Costa Rica, la tentó con una propuesta: juntarse en Panamá para rumbear juntas hacia Europa. En el barco Reina del Pacífico, María Elena se probó el traje de cantante. Días y noches su voz se fue fogueando con las zambas de Yupanqui y los hermanos Abalos; cantó chacareras, bagualas y vidalitas anónimas, al son de los instrumentos de la compañera tucumana. Instaladas en París en 1952, en el Hôtel du Grand Balcon, una desvencijada pensión de artistas, la dupla fue eclipsando los escenarios parisienses con su exótico repertorio de canciones folklóricas.
El dúo llegó nada menos que al famoso cabaret Crazy Horse. Pablo Picasso, Jacques Prévert y Joan Miró estuvieron entre su fascinado público. Las muchachas compartieron camarín con Charles Aznavour, por entonces un simple debutante.En la “ruta a la libertad”, en la París donde se codeó con la chilena Violeta Parra y grabó sus primeros álbumes –Chants d’Argentine (1954) y Sous le ciel de l’Argentine (1955), con canciones de tradición oral del folklore andino argentino–, empezó a escribir su primer libro para chicos, Tutú Marambá. Leda & María Elena volvieron a la Argentina en 1956 y pronto salieron de gira por el noroeste argentino.
Después grabarían los dos primeros álbumes en el país, Entre valles y quebradas vol 1 y Entre valles y quebradas vol 2, ambos de 1957. Canciones de Tutú Marambá (1960) incluye las primeras canciones que harían famosa a María Elena: “La vaca estudiosa”, “Canción del pescador”, “El Reino del Revés” y “Canción de Titina”.

El espectáculo musical-dramático para niños concebido por el dúo, Canciones para mirar, se estrenó en el Teatro San Martín en 1962. A partir de doce canciones, Leda y María irrumpían en el escenario vestidas como juglares mientras los actores –Alberto Fernández de Rosa y Laura Saniez– representaban mímicamente, entre otras, “La Pájara Pinta”, “Canción del estornudo” y “La mona Jacinta”. La sociedad parió un nuevo espectáculo más, Doña Disparate y Bambuco, dirigido por María Herminia Avellaneda, donde aparecieron el Mono Liso y la tortuga Manuelita, el personaje insignia del universo infantil amasado por Walsh.Antes de la separación de María Elena & Leda, hubo un último disco, Navidad para los chicos (1963). Etapa creativa y amorosa cerrada, publicaría un puñado de libros para chicos –El reino del revés (1964), Zoo loco (1964), Dailan Kifki (1966), Cuentopos de Gulubú (1966) y Aire libre (1967), que consolidó el universo infantil que MEW construyó en la década del ’60.
Desde entonces, las infancias de millones de argentinos estarán enlazadas por una liturgia inoxidable.Narradora del disparate, “milagrera” a la hora de expandir el humor y el absurdo, irreverente hasta lo inconcebible, además de irónica y satírica, no habrá otra igual. La genia MEW, como si fuera una hechicera, tenía una pulsión poética extraordinaria.
En la matriz de su escritura está la poesía. En el prólogo de Hecho a mano, su poemario para adultos de 1965, está la clave. “No sé, yo solamente versifico/ pura conversación a mi manera”, decía. Las etapas, del folklore a las canciones para chicos, pasaban. La poesía siempre quedaba. En el ’68 arrancó con sus recitales unipersonales para adultos, Juguemos en el mundo, que fue disco también y en 1971 se transformó en una película en la que actuó, dirigida por Avellaneda. Ese espectáculo-disco incluía la emblemática “Serenata para la tierra de uno”: “Porque me duele si me quedo,/ pero me muero si me voy/ con todo y a pesar de todo/ mi amor yo quiero vivir en vos”.A la Walsh –opción que suena mejor para repasar sus intervenciones públicas– le encantaba levantar polvareda.
La bandera que se enarboló como símbolo de libertad y coraje fue el artículo que publicó en 1979 “Desventuras en el País-Jardín de Infantes”, cansada por la censura y las prohibiciones de películas, programas de televisión y libros. Ya estaba retirada de los escenarios; dictadura, terror y espanto trajeron el parate artístico en 1978. Esa pieza contra la figura del censor merece ser revisada y discutida sin menoscabar la importancia capital que tuvo.
Un párrafo de los menos recordados legitima sin artilugios lingüísticos el accionar de la represión y convalida la teoría de los “dos demonios”. “Que las autoridades hayan librado una dura guerra contra la subversión y procuren mantener la paz social son hechos unánimemente reconocidos –señaló en ese texto–. No sería justo erigirnos a nuestra vez en censores de una tarea que sabemos intrincada y de la que somos beneficiarios. Pero eso ya no justifica que a los honrados sobrevivientes del caos se nos encierre en una escuela de monjas preconciliares, amenazados de caer en penitencia en cualquier momento y sin saber bien por qué.” Ante la posibilidad de implementar la pena de muerte en el país, en 1991 escribió un poema demoledor: “Cada vez que se alude a este escarmiento, la Humanidad retrocede en cuatro patas”. La Walsh no sintonizaba con el imperativo de la “corrección política”.
Una de sus últimas intervenciones más criticadas fue cuando –en 1996– invitó a la Carpa Blanca docente a retirarse de la plaza “por autoritaria e inofensiva”.Su primera novela para adultos, Novios de antaño, fue publicada en 1990, el mismo año en que recibió el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional de Córdoba, cuando ya era –desde 1985– Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires. En 1994 se recopilaron las canciones completas para niños y adultos bajo el título Las canciones; toda su obra literaria ha sido reeditada por Alfaguara y sus libros han sido traducidos al inglés, francés, hebreo, italiano, finés, danés y sueco.
En una de sus últimas entrevistas con el suplemento Radar habló de su reconciliación con el peronismo. “Al ver los manejos de la Revolución Libertadora recapacité sobre todo lo que había sido la obra del peronismo, aparte de sus manejos, así, represivos, digamos. Me di cuenta de lo que había representado para el pueblo, que es mucho. Años después viajé por el interior y la única escuela que había y el único puente eran restos de esa época del peronismo.” Se burlaba, en esa entrevista, sobre lo que le generaba la palabra “póstumo”.
La pensaba como “una especie de chiste”. Y confesaba que le gustaría ser recordada “como alguien que quería dar alegría a los demás”. La vida sin María Elena tiene un gusto amargo. Entre risas y lágrimas, dos sentimientos que no son incompatibles, los argentinos la despedimos, emocionados:
“¡Gracias, maestra, por tanta alegría!”.
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TRIUNFO DE LA JUSTICIA ARGENTINA:
El Gral. RAFAEL VIDELA, como otros militares integrantes de las Juntas sangrientas, condenados a duras penas de prisión:
Videla y Menéndez, condenados a prisión perpetua en Córdoba
La condena a prisión perpetua ha llegado otra vez para Jorge Rafael Videla y esta vez en Córdoba. Argentina ostenta ahora no sólo el hecho inédito en la región de haber juzgado a la dictadura sino de haber vuelto a sentenciar a su máximo responsable tras la impunidad del indulto.
El Tribunal Oral Federal Nº1 dictó a las 17.49 de hoy la máxima pena para Videla, Luciano Benjamín Menéndez (la quinta en su haber), el ex D2 Carlos Yanicelli y otros 13 represores (6 ex militares y 7 ex policías) por los asesinatos de un total de 31 presos políticos en 1976 que en su mayoría estaban a disposición del Poder Ejecutivo Nacional en la actual cárcel de San Martín, por entonces Unidad Penitenciaria Nº1
En este juicio, el tercero por lesa humanidad que se lleva a cabo en la Justicia Federal de Córdoba, se registró la mayor cantidad de absoluciones hasta ahora, siete en total: los ex combatiente de Malvinas Pablo D’Aloia y César Osvaldo Quiroga (fue inesperado); los ex policías retirados Ricardo Cayetano Rocha; Luis Alberto Rodríguez; José Antonio Paredes; Luis David Merlo; y Gustavo Salgado.
El Tribunal dictó penas de entre 6 y 14 años para otros siete acusados.En total, hubo 23 condenas. Al margen quedó el ex médico de la Policía Felipe Tavip, quien fue apartado del juicio por razones de salud .
Menéndez todavía continuará bajo arresto domiciliario, pero una Junta Médica del Hospital de Clínicas definirá si está en condiciones de salud de volver al penal de Bouwer.
Gran expectativa.
En la sala estuvieron presentes representantes de organismos de derechos humanos –como el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel y Sonia Torres, titular de Abuelas de Córdoba-; funcionarios nacionales como Eduardo Luis Duhalde, secretario de Derechos Humanos; y provinciales, como los ministros Luis Angulo y el intendente capitalino Daniel Giacomino.Videla fue responsabilizado por los asesinatos de una treintena de presos políticos que estaban en la UP1, la mayoría de ellos cometidos en simulacros de fuga para encubrir los crímenes. Otros tres presos fueron ultimados en el Departamento de Informaciones (D2) de la Policía, pero esos hechos no alcanzaron al dictador.
Hace 25 años, el 9 de diciembre de 1985, Videla fue condenado a prisión perpetua en el histórico Juicio a las Juntas, pero el indulto del presidente Carlos Menem lo dejó en libertad cinco años después. Al igual que Menéndez, Videla también debe afrontar ahora múltiples juicios, como los del robo de bebés.
Sensaciones amargas.
En este juicio iniciado el 2 de julio pasado, también se investigó los secuestros y torturas de cinco ex policías (Raúl Urzagasti Matorras, uno de ellos, falleció poco antes) y el hermano de uno de estos ex uniformados. Durante las 63 audiencias y tras el paso de 110 testigos, también quedaron en evidencia las complicidades de la Justicia Federal con la dictadura.
Sobre el final quedó un ambiente contradictorio entre los familiares porque hubo condenas pero un número inesperado de absoluciones en un fallo que llega con 34 años de retraso.
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Fiscales sorprendidos por la absolución de Quiroga
Habían pedido prisión perpetua para el militar por el asesinato de tres presos políticos.
Para Adolfo Pérez Esquivel, el juicio fue histórico.
Tras la sentencia que condenó a Videla y Menéndez a prisión perpetua, uno de los fiscales del juicio se mostró “sorprendido” por la absolución de César Osvaldo Quiroga, para quien había pedido la máxima pena.“Estoy sorprendido por lo de Quiroga, pero hay que esperar a conocer los fundamentos del fallo”
El fiscal adelantó que esperará a conocer los fundamentos del veredicto, que podrían difundirse los próximos días, tras lo cual analizará si recurre o no a Casación en contra de la absolución.
Pérez Esquivel. 
Al mismo tiempo, el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel calificó “como histórico” las condenas en la Argentina. “Antes había que recurrir a las justicias de Italia, España, pero ahora está la Justicia de acá”, resaltó.
En esa misma sintonía se expresó el secretario de Derechos Humanos de la Nación, Eduardo Luis Duhalde y el viceintendente, Carlos Vicente.
Conformidades a medias.
El ex policía D2 Luis Urquiza, quien fue torturado en la última dictadura, se mostró “conforme en líneas generales” con el veredicto.El secretario de Derechos Humanos de la Municipalidad, Luis Baronetto, se mostró más cauto con el fallo, al considerar que “esto es lo que hay”.
El ministro de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, Julio Alak, calificó hoy de "ejemplares" las condenas a los represores Jorge Rafael Videla y Luciano Benjamín Menéndez, y sostuvo que "en la Argentina de hoy no hay otro lugar que la cárcel para los genocidas".
"Esta tarde, quienes se arrogaron la facultad de decidir quién vivía y quién moría y ejercieron esa potestad ilegal con inhumana discrecionalidad para servir a siniestros objetivos, han recibido justo y ejemplar castigo después de haber gozado de todas las garantías del debido proceso que establece la Constitución Nacional", sostuvo Alak en un comunicado de prensa.
Para el titular de la cartera de Justicia, las condenas a prisión perpetua de los represores demuestran que los argentinos "hemos sabido recuperarnos de la tragedia y hemos podido construir una sociedad que, aún con defectos por corregir, se rige por las normas del Estado de Derecho".
"Videla y Menéndez fueron actores centrales de la más sanguinaria maquinaria represiva que sufrió nuestra sociedad en el siglo pasado, un régimen macabro que persiguió, secuestró, torturó, mató e hizo desaparecer a decenas de miles de argentinos y argentinas", afirmó el ministro.Añadió que "por sus métodos, su crueldad y el corpus ideológico que lo inspiró, resulta equiparable al nazismo de Hitler y Goebbels"
.Alak señaló que ambos represores "estuvieron entre los máximos responsables del plan que puso en marcha la destrucción del estado de bienestar en defensa de intereses imperialistas y hundió al país en un proceso de endeudamiento que terminó en la trágica crisis institucional, política, económica y social de 2001/2002".
"Por eso las condenas aplicadas hoy por el tribunal cordobés constituyen un nuevo hito histórico en el proceso de juzgamiento de los responsables del terrorismo de Estado que desde el año 2003, impulsa el Gobierno nacional", aseveró el ministro de Justicia.
Destacó el convencimiento del gobierno nacional en que "sólo la recuperación de la Memoria y la consagración de la Justicia, en el marco de la plena vigencia del Estado de Derecho, nos permitirá superar definitivamente el pasado trágico y avanzar hacia un futuro de paz".
Finalmente, Alak recordó que la cartera a su cargo, a través de la Secretaría de Derechos Humanos que conduce Eduardo Luis Duhalde, "es parte querellante en 82 causas por delitos de lesa humanidad, con lo que ejerce un papel activo de colaboración con la Justicia para el avance de las investigaciones y el necesario castigo a los culpables de la represión ilegal".
Perpetua, en cárcel común
El ex jefe del Tercer Cuerpo de Ejército fue condenado a prisión perpetua, que deberá cumplir en el penal de Bouwer, al menos por ahora. También recibieron perpetua Manzanelli, Díaz, Padován y Lardone. Vega fue condenado a 18 años. Acosta y Rodríguez a 22.
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Honor a las madres de Plaza de Mayo y sus pañuelos en la cabeza. Digno combate por
años para poder imponer lo esencial:
JUSTICIA Y VERDAD !!...
El abrazo de la Justicia
Por Marta Dillon
Si la Justicia tiene un largo brazo, ayer fue capaz de rodearnos a todos. A las mujeres de pañuelo blanco, manos tomadas y brazos en alto en señal de victoria, a la chica que se había pintado en la cara la leyenda Nunca más, a los ex presos políticos que levantaron para las cámaras una bandera discreta hecha de tela y aerosol, a esa madre y esa hija que lloraron abrazadas mezclando lágrimas y sudor y la risa, también, por poder estar juntas en ese momento.
El dictador ha sido condenado.
El Tribunal Oral Número 1, de Córdoba, dispuso su inmediato traslado a una unidad penitenciaria federal. En la sala donde transcurre el juicio estallan los aplausos, el juez que lee la condena pide silencio y parece hablarles también a quienes, a 700 kilómetros de distancia, en pleno microcentro porteño, se desbordan frente a una pantalla gigante que replica la sentencia. Taty Almeida se saca su pañuelo blanco y hace un dibujo con él en el aire, como si fuera un paso de zamba, envuelve con él a Estela de Carlotto. Madre y Abuela de Plaza de Mayo, como si este acto de justicia hubiera borrado algunas de las trazas del tiempo, bailan dando saltitos convertidas en adolescentes. Una condena no puede borrarlo todo, pero sin duda desarticula en este acto tantos años de impunidad.
Alba Lanzilotto, con la imagen de sus dos hermanas desaparecidas en el pecho, Ana María y María Cristina, cuenta una anécdota mientras agita su abanico. Se trata de una Madre, así con mayúsculas, que después de años de estar sumida en la inconsciencia el martes tuvo un instante de lucidez. Y entonces uno de sus hijos le dijo: “Mamá, los estamos juzgando, acaban de darle perpetua al Turco Julián”. La mujer lo escuchó y agradeció: “Que alegría estar viva para poder ser testigo de este momento”. Al rato la Madre volvió a su inconsciencia. “Yo no puedo festejar –dice Alba–, no me sale la euforia. Pero sé perfectamente que estas condenas son un remedio, un remedio para curar al país y a muchas personas individualmente.” Cuando desde la pantalla montada en el auditorio Emilio Mignone, de la Secretaría de Derechos Humanos, se escuchó la sentencia a Videla, Alba apretó los párpados con fuerza y acarició amorosamente las fotos colgadas sobre su pecho.
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Después del pasaje a la cárcel que sacó el dictador Jorge Rafael Videla, el hombre que lleva el nombre de dos muertos –dos hermanos que lo precedieron–, el tipo del bigote tupido y la raya al costado que en 1977, cuando muchos todavía estaban vivos, se jactó en rueda de prensa de que “los desaparecidos no están ni vivos ni muertos, son una entelequia, están desaparecidos”, el mismo hombre que años después, amparado por el indulto que le regaló Carlos Menem –y unos cuantos secuaces, es cierto–, le dijo a un periodista –según consta en el libro El Dictador, de María Seoane y Vicente Muleiro–, “Pongamos un número, pongamos cinco mil.
La sociedad argentina no se hubiera bancado los fusilamientos: ayer dos en Buenos Aires, hoy seis en Córdoba, mañana cuatro en Rosario, y así hasta cinco mil. No había otra manera. Todos estuvimos de acuerdo en esto. Y el que no estuvo de acuerdo se fue. ¿Dar a conocer dónde están los restos? Pero, ¿qué es lo que podemos señalar? ¿El mar, el Río de la Plata, el Riachuelo? Se pensó, en su momento, dar a conocer las listas. Pero luego se planteó: si se dan por muertos, en seguida vienen las preguntas que no se pueden responder: quién mató, dónde, cómo”.
Después del turno de ese hombre, llegó la condena a Luciano Benjamín Menéndez, el señor de los cuchillos. Se escuchó la ristra de delitos de los que fue hallado culpable. Se escucharon las palabras mágicas que conjuran la impunidad: prisión perpetua, inhabilitación perpetua, más accesorias y costas cual broche legal para un destino que se agota en el encierro. Tuvo mejor suerte el autodenominado “soldado victorioso ante la guerrilla marxista”. A él le tocará una junta médica que evaluará si está en condiciones de seguir a Videla a una cárcel común. Menéndez tiene un extraño record, ésta es su quinta condena a prisión perpetua. Un chico con una remera que pide “Juicio y Castigo” apunta: “Ojalá le alcanzara la salud para morir en la cárcel”.
No es un deseo piadoso. Es un deseo acunado por tantos años de espera de actos de justicia como el que sucedió ayer.
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Eduardo Jozami pasó por cinco penales durante la dictadura, de Devoto a Rawson, recorrió medio país mediante traslados intempestivos y arbitrarios. No lo dice, pero como cualquier otro preso político debe haber visto compañeros morir en la cárcel. Para él, este juicio, estas condenas que siguen sucediéndose en la voz monocorde del juez cordobés tienen el peso específico de dar cuenta de cómo la represión era un entramado del que participaba todo el Estado, aun en sus estratos burocráticos. “Esta es una reivindicación también a los presos políticos”, lo alienta Lita Boitano, de Familiares de detenidos y desaparecidos por razones políticas. “Porque a veces parece que los presos no lo pasaron tan mal como otros, que la cárcel ya era lo mismo que sobrevivir”, insiste Lita, con una sonrisa emocionada.
Ni falta que hace la jerarquía entre las víctimas, aunque si lo menciona es porque algo se cae en esa grieta. Será que la profundidad de las heridas se parece a la penumbra y todavía falta mucho por decir, por hacer, por juzgar, por reparar. De eso también se trata la justicia, aun lenta y con cuentagotas. Además de las condenas, lo que se ha dicho en este juicio quedará escrito con la letra de molde que impone la ley. Y podrá ser consultado por muchas generaciones en adelante.
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El silencio conquista la sala mientras la lectura de la sentencia avanza, morosa, formal, reiterativa. Indiferente a lo que significan frases como “imposición de tormentos agravada por la condición de perseguida política de la víctima” para muchas personas en este auditorio, frente a las puertas del Tribunal en Córdoba y en tantos otros lugares del país. Describen, ni más ni menos, que la planificación de una masacre. Describen también eso sin nombre que atravesó alguien querido, un hijo, una madre, un hermano a quien se buscó, por quien se reclamó, que sigue haciendo falta. Esa reiteración del tormento, tormento agravado, tormento seguido de muerte, como un martillo neumático que golpea cada vez con más fuerza. Tal vez se trate de alivio esa manera de aplaudir y festejar cada vez que la descripción de los hechos se traduce en una condena.
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Hay medialunas y sanguchitos en el auditorio, hay mate, café con leche, bebidas frescas para una tarde de calor arrasador. Agueda no come ni bebe. Basta que se la mire a los ojos para que una pequeña inundación se instale entre sus párpados. Ella no es de las que festejan, no puede hacerlo aunque está ahí para escuchar con otros y con otras cómo la Justicia se abre paso. Sus padres, Luis Goyochea y Nelly Moreno, fueron desaparecidos en Córdoba. Ya fue testigo de otra condena a Luciano Benjamín Menéndez, ese general ultranacionalista que en los primeros años de la democracia todavía se sentía con el poder suficiente como para sacar su cuchillo militar y empuñarlo contra quienes lo repudiaban en una de sus tantas visitas a un juzgado. Menéndez, comandante del Tercer Cuerpo de Ejército, amo y señor del Campo Clandestino de Detención y Exterminio de La Perla, donde la mamá de Agueda fue asesinada, irá a la cárcel o donde sea que terminen sus huesos según la junta médica sin decir todo lo que sabe sobre el destino de tantos. Y eso es algo que a Agueda le cuesta digerir. O mejor, es algo que le duele. Que no hablen o que hablen para soltar su discursito del soldado heroico. Sin embargo, ella sabe, como saben otras “hijas” –así de fácil es nombrar a quien tiene a su padres desaparecidos, diciendo “soy hija”, porque el vínculo es algo más que una obviedad, es un relato político– que la rodean, que hay pesadillas que empiezan a disiparse, como esa de encontrarse en la calle con un represor y no saber qué hacer, qué decirle. En ese grupo de cuatro, todas tienen algo que contar. La vez que se cruzaron con Astiz, la vez que Lucía se descompuso sólo de ver al Turco Julián sentado en un bar en Corrientes. Eso, al menos, ya no va a suceder.
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Al celular de quien escribe llegan muchos mensajes cuando ya se cuentan 16 prisiones perpetuas en el juicio por el fusilamiento de 31 presos políticos en Córdoba. La mayoría dicen poco; cosas como “abrazo fuerte”. Debería corregirme, eso está lejos de ser poco; al contrario, da cuenta de un entramado de afecto que se brinda de muchas maneras, que comparte eso mismo que sucede acá, en este auditorio, donde Madres, Abuelas, ex presos políticos, algún funcionario, muchos militantes jóvenes: la alegría de saber que algunas consignas son más que eso, son un objetivo a cumplir. Y esa que decía “cárcel común, perpetua y efectiva para los asesinos, sus cómplices y sus instigadores” y que los chicos y las chicas de HIJOS saben corear con ritmo, morosamente y con cuentagotas, está empezando a cumplirse. Con el insoportable costo de la desaparición de Julio López y el asesinato de Silvia Suppo, también presentes, también dolorosamente ausentes. Desde la pantalla se escucha la voz:
“El juicio ha terminado”, dice y enseguida se escucha el grito que subraya tantos actos: 30 mil compañeros desaparecidos ¡presentes! El abrazo de la Justicia esta vez es tan largo y tan cálido como fue frío e intransigente con quienes debió serlo.
Faltaba más
El ex dictador argentino Jorge Videla sumó una nueva condena a las de 1985, otra vez de prisión perpetua y en una cárcel común.
“Pena de prisión perpetua” e “inhabilitación absoluta perpetua” fueron las condenas dictadas ayer para Jorge Rafael Videla, quien fuera presidente de la dictadura argentina de 1976 a 1980, y para quien fue su jefe del Tercer Cuerpo del Ejército entre 1975 y 1979, Luciano Benjamín Menéndez.
El fallo fue anunciado ayer a las 17.49, hora local, por el Tribunal Oral Federal Número 1, en la ciudad argentina de Córdoba, en el desenlace de un juicio que empezó el 2 de julio. El veredicto fue transmitido en directo en la sede de la Secretaría de Derechos Humanos en Buenos Aires.
El tribunal ordenó el “inmediato alojamiento” en cárcel común para Videla. En el caso de Menéndez, solicitó una revisión médica para “determinar si se encuentra en condiciones de salud” para cumplir su condena en prisión. Mientras tanto, el militar continuará en arresto domiciliario, indicó la prensa local. Otros 28 acusados fueron condenados junto a los dos ex represores, 14 de ellos a prisión perpetua.
Ésta es la primera condena emitida contra Videla en 25 años, desde los juicios a las juntas militares de 1985. Para Menéndez, es la quinta. Todos los condenados fueron juzgados por los asesinatos de 31 detenidos de la Unidad Penitenciaria San Martín de Córdoba, conocida como UP1, y por los secuestros y torturas de seis personas consideradas por la dictadura como “infiltrados de organizaciones revolucionarias”, en 1976.
Al anunciar la condena, la agencia estatal de noticias argentina, Télam, recordó que Videla dijo en su momento a los autores del libro El dictador, María Seoane y Vicente Muleiro, respecto a las desapariciones forzadas que “no, no se podía fusilar. Pongamos un número, pongamos cinco mil. La sociedad argentina no se hubiera bancado los fusilamientos: ayer dos en Buenos Aires, hoy seis en Córdoba, mañana cuatro en Rosario, y así hasta cinco mil. No había otra manera. Todos estuvimos de acuerdo en esto. Y el que no estuvo de acuerdo se fue. ¿Dar a conocer dónde están los restos? ¿Pero, qué es lo que podemos señalar? ¿En el mar, el Río de la Plata, el Riachuelo? Se pensó, en su momento, dar a conocer las listas. Pero luego se planteó: si se dan por muertos, enseguida vienen las preguntas que no se puede responder, ¿quién mató, dónde, cómo?”.
En sus últimas palabras antes de ser condenados, tanto Videla como Menéndez argumentaron que los hechos de los que se les acusa fueron cometidos en el marco de una “guerra contra terroristas”.
Pero los jueces Jaime Díaz Gavier, Carlos Lazcano y José Pérez Villalobo entendieron que tanto Videla como Menéndez y los otros 28 acusados son culpables.
Marina González
Ni cortando esa flor pudieron terminar con la primavera
ABUELAS DE PLAZA DE MAYO "encuentran" el nieto 102
QUE HICISTE DURANTE LA DICTADURA PAPA? - pie de página...
ESCANDALO CON LA CONOCIDA VEDETTE DE LA TV ARGENTINA: MIRTHA LEGRAND
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LA CRUZ DEL BICENTENARIO
VIDELA, BIGNONE Y RIVEROS PIDEN AMNISTIA A TRAVES DE LA IGLESIA
Si algo no existe es el olvido
A través de la jerarquía católica Videla, Bignone, Riveros y un centenar de sus camaradas pidieron una amnistía el 25 de mayo. Mientras la Iglesia no asuma la responsabilidad de su gestión, el gobierno dejará el pedido sin respuesta. La masividad de los festejos del Bicentenario frustró esa Operación Amnistía y mostró una sociedad unida y alegre, sin espacio para estas vueltas al pasado. Hasta los jefes de Estado Mayor bailaron con la murga que cantaba “Militares Nunca Más”.
Por Horacio Verbitsky - "Página12"
El obispo de Mercedes-Luján Agustín Radrizanni usó un tono más sutil que Bergoglio y Aguer, pero el contenido de su predicación no fue muy distinto.
La masividad de los festejos por el Bicentenario de la Nación Argentina desbarató la Operación Amnistía, impulsada desde un cuidadoso segundo plano por el Episcopado Católico. La solicitud del perdón fue transmitida al gobierno nacional por un obispo de esa iglesia y lleva las firmas de los ex dictadores Jorge Rafael Videla y Benito Bignone, el general Santiago Omar Riveros y el vicealmirante Hugo Siffredi, el comisario Miguel Etchecolatz y el sacerdote Christian von Wernich, el Turco Julián y El Nabo Barreiro, el ex jefe del Batallón 601 de Inteligencia del Ejército Carlos Tepedino y su especialista civil en organizaciones religiosas Julio Cirino, los miembros del grupo de tareas de la ESMA Raúl Scheller y Pablo García Velazco, los procesados por la masacre de Margarita Belén y un centenar de ex militares, marinos, policías, penitenciarios y agentes civiles de Inteligencia detenidos por su participación en crímenes de lesa humanidad.
Como la jerarquía eclesiástica obvió el protocolo para entregar la solicitud al Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, en forma extraoficial, sin una nota introductoria, el gobierno no le dará respuesta. Sólo contestará si el Episcopado se hace responsable de la solapada gestión que emprendió.
Desde hace tres décadas el Episcopado Católico repite que según el catecismo de esa entidad el sacramento de la reconciliación o la penitencia requiere algunas condiciones ineludibles: el reconocimiento de los yerros, su detestación y la búsqueda de posibles caminos de reparación.
Pero la carta de Videla & Compañía no cumple con ninguna de esas condiciones. Los represores rechazan la justicia y no tienen la humildad de pedir perdón, por crímenes que no reconocen ni de los cuales se arrepienten. Sólo ofrecen olvidar el mal que les habrían hecho a ellos y no vengarse. Pese a que no se ajusta a sus propios cánones, la jerarquía católica se prestó a canalizar el planteo.
Setenta veces siete
Un grupo de laicos denominado “Proyecto setenta veces siete”, del que forma parte José María Sacheri, quiso participar del acto realizado en Luján hace tres semanas por el presidente del Episcopado, Jorge Bergoglio, pero no se llegó a un acuerdo. Setenta veces siete es la expresión del Evangelio para el perdón (Pedro pregunta si tiene que perdonar hasta siete veces las ofensas de su hermano. “Hasta setenta veces siete”, le responde Jesús.
El pasaje se refiere a ofensas personales y el diálogo habría tenido lugar muchos siglos antes de que nacieran los estados nacionales y su justicia y se tipificaran los crímenes al por mayor contra la humanidad). Sacheri es hijo del ex conductor de la organización integrista Ciudad Católica, Carlos Sacheri, asesinado en diciembre de 1974 por un grupo que según el Ejército pertenecía al ERP22 mientras sus amigos sospechaban de la Triple A de José López Rega. “Setenta veces siete” se puso en contacto con el obispo emérito Carmelo Giaquinta, quien ese mismo día acompañó al grupo en una presentación en la Feria del Libro, durante la cual leyó un documento propio. Giaquinta es un teólogo que estuvo próximo al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y cuya casa fue ametrallada en 1976, según él porque alojó allí al sacerdote y militante montonero Justino O’Farrell.
Ya como obispo fue uno de los pocos que hicieron una reflexión autocrítica, por haber festejado el campeonato mundial de fútbol de 1978 en las calles, “gritando como un estúpido el que no salta es un holandés”, en una Argentina “que tenía la obligación de estar de luto”.
La justicia como venganza
En la feria del libro, equiparó la justicia con venganza y odio y le opuso “el misterio del perdón”. Giaquinta no explicó la diferencia entre los crímenes de lesa humanidad por cuyos autores aboga y los pecados que enseñaba a perdonar Jesús, cuando aún no existía un tercero neutral como el Estado que al impartir justicia evitara una escalada de represalias.
Su rudimentario fundamento evangélico es que Dios “hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos”. Su larga introducción teórica desemboca en un escueto final sobre “la reconciliación de los argentinos” que, según cree este obispo, están “prisioneros en el pasado” y sólo el perdón les permitiría desatarse esas presuntas ataduras para volver “a caminar como Nación”.
Giaquinta advierte que no debe confundirse reconciliación con impunidad, pero no explica en qué consistiría en el concreto caso argentino. Cristo es “el reconciliador universal” y en consecuencia lo son la Iglesia, sus ministros y los fieles que disponen para ello de la oración, el Evangelio y los sacramentos, y “las iniciativas públicas y privadas de los cristianos”.
Los únicos ejemplos que atina a proponer son la mediación de Juan Pablo II en la cuestión del Beagle y la denominada Mesa de Diálogo, con la que el senador Eduardo Duhalde legitimó su breve interinato a cargo del Poder Ejecutivo.
Como es ostensible, ninguna de esas circunstancias son comparables con el perdón que el derecho internacional niega a los autores de crímenes contra la humanidad. Pero de inmediato Giaquinta añade que la Iglesia no puede presentarse “como un ente jurídico mediador ordinario de los conflictos sociales, pues ello desnaturalizaría su finalidad y dañaría a las instituciones mediadoras previstas en la Constitución”.
Es decir, los tres poderes del Estado, que se pronunciaron por la imposibilidad de amnistiar esos delitos o cesar su persecución por el paso del tiempo. Giaquinta fue acompañado en la mesa por Arturo Cirilo Larrabure, hijo del coronel Argentino Larrabure, quien murió en cautiverio el 23 de agosto de 1975.
Las Fuerzas Armadas, parte de la justicia federal y grandes medios de comunicación impusieron la idea de que el oficial había sido torturado y luego asesinado por el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), que lo había secuestrado un año antes al copar la Fábrica Militar de Villa María. Una investigación realizada por el periodista Carlos Del Frade señala que según el expediente original de la causa, que incluye la autopsia realizada en el momento del hallazgo del cuerpo, no hubo tortura ni asesinato y avala el relato del empresario René Vicari, secuestrado durante los últimos días de vida de Larrabure en una celda contigua. Otro panelista fue el ex montonero Luis Labraña.
La declaración impulsada por la Corporación de Abogados Católicos pidiendo que se clausure “la venganza, la persecución implacable”, el acto de Bergoglio con los laicos en Luján, la convocatoria para el 25 de mayo a una movilización en la Plaza de Mayo inspirada en la de Corpus Christi de 1955 y la cita de las cámaras patronales agropecuarias a manifestarse ese mismo día en las rutas, formaban parte de esta Operación Amnistía.
El modelo de carta que se envió al gobierno por intermedio de la jerarquía fue sugerido por un sacerdote colombiano que asiste en las cárceles de ese país a parapoliciales detenidos. Pero la difusión temprana de lo que se estaba preparando y, sobre todo, la escasa asistencia a Luján para un acto que no se justificaba, a pocos días del Te Deum del 25 de mayo en la misma Basílica, el fiasco del llamamiento ruralista, que no reunió más de treinta personas en los principales puntos de reunión, y la ausencia de público para escuchar la prédica de Bergoglio, condenaron la jugada a la insignificancia. Hasta Clarín on line dijo que en la Plaza de Mayo apenas había “centenares de personas”.
Bergoglio y la política
La eficacia de los actos políticos de Bergoglio depende de que no sean vistos como tales. Su esquema habitual es una lectura del Evangelio, en la cual injerta conceptos políticos sin relación o con algún vago contacto con el tema, cuyo sentido se vuelve explícito en las interpretaciones de sus voceros oficiosos, en los principales diarios de la Capital. Así ocurrió cada vez que Bergoglio descargó su mal disimulado encono contra el gobierno que asumió en 2003.
Esa es una de las razones por las cuales tanto el ex presidente Néstor Kirchner como la actual CFK han preferido no ponerse al alcance de su dedo recriminador. La opción no fue suprimir la anacrónica institución medieval del Te Deum, como sería razonable en una república secular, sino desplazarlo a otros lugares del país, en busca de obispos sin la motivación ideológica y política de Bergoglio, quien como parte de las luchas internas del peronismo tuvo fuerte influencia durante el gobierno de Isabel Martínez de Perón, fue militante de Guardia de Hierro y ofreció la Universidad del Salvador para honrar al dictador Emilio Massera.
Cuando el gobierno decidió solicitar el Te Deum del 25 en Luján, Bergoglio decidió realizar otro en la Catedral. Pero convertirlo en un acto político de la oposición requería del sigilo que se perdió cuando esos preparativos se hicieron públicos. Inquieto al quedar tan expuesto, en una institución cuya forma de hacer política es decir que está por encima de la política, tuvo que cambiar de planes y poner distancia, al punto de escabullirse hacia la sacristía para que ni lo saludaran los jefes políticos presentes, como los hermanos enemigos Maurizio Macrì y Francisco De Narváez.
También decidió no leer un texto propio acerca del Bicentenario, sino el que la Comisión Permanente del Episcopado aprobó en marzo, más una zalamería hacia las autoridades que en el mismo momento estaban en la Basílica de Luján. Ese texto, “La patria es un don, la Nación una tarea” afirma que “la celebración del Bicentenario merece un clima social y espiritual distinto al que estamos viviendo”, que según los obispos sería “de confrontación permanente que profundiza nuestros males”. La pluma episcopal atribuye a presuntas deficiencias institucionales un alto costo social.
En una excursión por terrenos que no son de su especialidad pregona que “la calidad institucional es el camino más seguro para lograr la inclusión” y como es usual agrega que “si toda la Nación sufre, más duramente sufren los pobres”.
También opone “leyes que respondan a las necesidades reales de nuestro pueblo” a otras que atribuye a intereses ajenos a una imaginaria “naturaleza de la persona humana, de la familia y de la sociedad”. Es decir la reforma antidiscriminatoria del Código Civil en los artículos sobre el matrimonio.
Aguer sobre odio y venganza
El mismo día, en la Catedral de La Plata, su Arzobispo, Héctor Aguer, criticó que se prescinda “de la referencia fundante a las raíces” y a la tradición, “como si fuéramos seres sin herencia”. Esto explicaría el individualismo y una “inclinación atávica a la discordia”. Pero lo más grave sería la dramática “tergiversación de la historia, en la que se han filtrado imposturas manifiestas canonizadas como dogmas. Así ha ocurrido con sucesos clave del siglo XIX, y ocurre nuevamente con hechos más o menos recientes, observados con mirada tuerta, cuya interpretación sesgada mantiene abiertas heridas dolorosas, incentiva la división, perturba los ánimos y extravía el juicio de los jóvenes y de los desprevenidos”.
Para Aguer “la memoria debe ser integral, la verdad completa; las medias verdades ofrecen mordiente al resentimiento, atizan los rencores, perpetúan el desencuentro. La aspiración ardiente a la justicia no debe servir de disfraz al odio y a la sed de venganza”. El “deber sagrado para quienes presiden la comunidad” sería “procurar la reconciliación”.
Como Bergoglio, también Aguer habló del “recto ordenamiento jurídico de la sociedad” que los tres poderes del Estado deben tutelar y no deformarlo con “leyes inicuas que alteren la esencia natural del matrimonio, que minen la solidez de la familia y entreguen al estrago la vida de los niños por nacer”.
Memoria e Identidad
El arzobispo de MercedesLuján, Agustín Radrizzani, es una persona encantadora en comparación con sus colegas de Buenos Aires y La Plata. Carece de la ambición de poder y el ánimo belicoso de Bergoglio y de la manía por el control y la disciplina de Aguer.
Su percepción de la realidad social se forjó en los años que pasó junto a Jaime de Nevares en Neuquén y luego como obispo del conurbano en Lomas de Zamora. Su preocupación por los más destituidos no es hipócrita ni oportunista. Tampoco está enfermo de hostilidad hacia el gobierno nacional. Por todas esas razones y porque Kirchner se resbaló del brazo del sillón en el que estaba sentado, CFK decidió pedirle que oficiara el Te Deum del Bicentenario. Radrizzani usó un tono más sutil que Bergoglio y Aguer, pero el contenido de su predicación no fue muy distinto.
Dijo que le preocupaba un presunto “deterioro de nuestro acervo cultural” y reclamó que las leyes promuevan “la defensa de la vida, la familia y el bien común”. Luego de establecer que en ese día no diría más sobre “estos aspectos conflictivos” anunció que pensaría el futuro “desde nuestra identidad”, es decir el catolicismo, en cuatro dimensiones: memoria, identidad, reconciliación y desafíos.
Memoria e identidad son dos conceptos emblemáticos de las luchas populares en las últimas décadas, asumidos por los organismos defensores de los Derechos Humanos y por la justicia. Radrizzani se apropió de ellos en una clave por completo distinta. La memoria sería la de la catolicidad del Estado, expresada en el Te Deum que acompañó a la Nación Argentina desde el 25 de mayo de 1810 (sin recordar la abierta oposición de los papas Pío VII y León XII a la Independencia americana y el consecuente alineamiento de los obispos de entonces con la potencia colonial).
También exaltó un “plan de Dios”, que habría ayudado a superar conflictos, “a abrazar los ideales democráticos”, a recibir a millones de inmigrantes y a “cultivar el espíritu de tolerancia”, afirmaciones dogmáticas que los hechos de la historia desmienten. La misma operación aplicó a la identidad.
Exaltó los valores cristianos que impregnaron la vida pública aun antes de la emancipación y dijo que unidos a la sabiduría de los pueblos originarios y a las sucesivas inmigraciones formaron “la compleja cultura que nos caracteriza”, dentro de la cual no incluyó a los otros cultos que también forman parte del país y que junto con agnósticos y ateos suman un cuarto de su población.
En esa cultura prevalecen valores que tienen origen en Dios, como “el respeto a la dignidad del varón y la mujer”, que son los únicos “verdaderos sobre los cuales podemos avanzar hacia un nuevo proyecto de Nación”.
Como ejemplo de esos valores mencionó a Belgrano, “de profundas convicciones cristianas” que en septiembre de 1810 mandó celebrar una misa en Luján pidiendo protección divina para sus campañas, y a San Martín, quien llevó en sus campañas un relicario de la Virgen de Luján.
Esta visión exclusivista fue reforzada luego de la homilía cuando un obispo ortodoxo, una pastora evangélica, un rabino judío y un sheik musulmán fueron invitados a sumarse a la celebración, como representantes de los hombres de buena voluntad que llegaron para habitar este suelo, es decir extranjeros a la nacionalidad argentina, que es católica.
Algunos de ellos lo eran, pero otros tienen más generaciones en esta tierra que el arzobispo lujanero. Una vez establecidos esos límites, Radrizzani predicó sobre la reconciliación luego de las “tremendas luchas fratricidas”, lo cual adquiere todo su sentido con la solicitud de amnistía de Videla y los suyos.
El arzobispo no dejó de implorar una mayor transparencia, una justicia más efectiva, una mejor y más equitativa distribución de la riqueza y una mayor independencia de los poderes republicanos. El desafío consiste en “mejorar la calidad de nuestras instituciones”, sin “perder nuestra identidad”, enriquecernos integrando “la patria grande soñada por San Martín y por Bolívar”, y lograr una educación para todos que forme “buenos cristianos”.
Esas “referencias comunes y constantes”, que están “más allá de partidismos e intereses personales” son las que permitirán “fortalecer el consenso”. Por último, hace falta la ayuda divina para “incluir a todos, promover la igualdad y el desarrollo social”, ya que “la mayor pobreza es la de no reconocer la presencia del Misterio de Dios y de su amor en la vida del hombre”.
Es decir que la memoria debida es la de la catolicidad de la Argentina, la identidad de la patria es el catolicismo y su desafío es aplicar una receta católica para cada problema. Por ejemplo, el perdón a los represores.
La fiesta
La respuesta colectiva a la convocatoria oficial por el aniversario patrio fue imponente. El Estado se propuso agasajar al pueblo convirtiendo a Buenos Aires en un gran parque de diversiones, gratuito y de alta calidad. El pueblo acudió con alegría, pese al sex symbol que calificó de “deserotizante” al Bicentenario y al columnista que despreció el estruendo hiriente que sólo merece un sarcasmo sordo, mientras la gente circula con aire ajeno porque la fiesta no la interpela.
Como en otras ocasiones de la historia, la presencia en la calle de un actor colectivo rompió todos los moldes y enardeció a las elites. Los canales de noticias recién comenzaron a transmitir los actos cuando ya había millones en las calles, pero ayer y hoy compitieron con programas especiales de repeticiones, en los que pasaron desde el desdén al éxtasis.
La concepción de la fiesta que aportó CFK fue política, aunque no partidaria ni proselitista. Tanto la proyección sobre el Cabildo como el desfile alegórico de estructuras gigantescas en movimiento, con ecos del futurismo de Marinetti, llevaron una cuestión ideológica al debate de masas.
Todos los medios reprodujeron la imagen de la presidente cuando bailaba en el palco al ritmo de la murga que escenificó el regreso a la democracia. A pocas filas de CFK, los cuatro uniformados jefes de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas marcaban el ritmo con manos y pies mientras la murga repetía la consigna “Militares nunca más”.
Separan en La Pampa a la docente que reivindicó a Roca y Galtieri
Una defensa de
dictadores y genocidas
Dictador Gral.Galtieri anuncia la Invasión a las Malvinas.
La maestra que justificó la inclusión de Julio Argentino Roca y Leopoldo Fortunato Galtieri en un acto escolar por el Bicentenario fue desplazada de su cargo hasta que concluya el sumario que se le inició cuando trascendieron sus dichos.
Los personajes destacados del Bicentenario en el acto escolar incluyeron a Alberto Migré y Mirtha Legrand.El gobierno de La Pampa decidió ayer separar de su cargo a la docente Susana Orn hasta que termine la investigación sumaria por las declaraciones que hizo a la prensa, en las que “justificó el accionar de algunos personajes de la historia”, como el ex dictador Leopoldo Fortunato Galtieri y el ex presidente Julio Roca, según informó la directora del nivel inicial y primario de la provincia, Ana María Franzante.
Los medios siempre pro-militares "informando" la determinación de la Junta
de Invadir las Malvinas, sin preparación y con un deseo de hacer pasar la
dictadura militar a la cual es objeto la Argentina. El desastre despertaría lamentabmente tarde
Estas figuras del pasado habían sido incluidas, junto a otras, en un acto escolar por los festejos del Bicentenario en la Escuela Nº 133 de la localidad pampeana de General Campos. “Son dos cuestiones las que se investigan: una es el acto en sí, del que participó toda la institución; y la otra, y fundamental, son las declaraciones de la maestra. Irrepetibles”, explicó Franzante.
Ante esta situación, el ministro de Educación de la Nación, Alberto Sileoni, sostuvo que “la sociedad debe reaccionar” cuando se reivindican figuras como la de un ex dictador y advirtió que “en esto no puede haber el más mínimo silencio pedagógico”.Luego de conocerse el polémico acto escolar por los 200 años de la Revolución de Mayo en General Campos y hacerse eco en los medios locales, el gobierno pampeano anunció ayer que la docente que “justificó el accionar” de personajes como Galtieri y Roca fue separada del aula hasta que concluya la investigación, afirmó a Página/12 Franzante.
La decisión fue anunciada por el ministro de Educación de La Pampa, Néstor Torres, que expresó “preocupación” por el pensamiento de la docente y la forma en que eso puede influir en los alumnos.
El escándalo comenzó el martes 25 de mayo cuando en la Escuela Nº 133 se celebró el Bicentenario. “Todos los docentes y alumnos de la institución participaron de la elaboración del acto”, indicó la funcionaria provincial. Según la información que recibió Franzante del colegio, “en el acto no se reivindicaron esos personajes, sino que se eligieron más de sesenta figuras y se les adjuntó una referencia histórica.
Esto también se está investigando”, aclaró. “Nosotros nos enteramos por la prensa de lo que estaba ocurriendo, y mientras pedíamos información, escuchábamos a la docente hacer declaraciones aberrantes en una radio de la ciudad de Santa Rosa”, informó.Susana Orn se refirió a la “actitud heroica (de Galtieri) por declararles la guerra a los ingleses e invadir las islas Malvinas”, y según sus propias declaraciones radiales, distinguió a Julio Argentino Roca por “haber sacado a los indios”.
“Después de estas declaraciones no puedo permitir que esta maestra vuelva al aula, con el riesgo de que las repita frente a los chicos”, resaltó Franzante. Por este motivo, fue separada momentáneamente de su cargo, aunque “sigue cobrado su sueldo”, precisó.
La responsabilidad del Gral.Galtieri, ante una derrota anunciada, de jovenes soldados argentinos, enfrentando a veteranos soldados ingleses, y con todo el apoyo logistico de la Grande Bretaña, es mas que probada. La locura de Galtieri, para tratar de hacer pasar su gobierno de facto, cobró un alto precio de sangre de los jovenes argentinos, marcados a jamás por una expedición llamada al fracaso militar.
Luego de la investigación se determinará cuál será la sanción definitiva, que puede ir desde los cinco días de suspensión hasta la cesantía, notificó la funcionaria.En medio de la polémica, Franzante pidió “separar las cosas.
Por un lado estuvo el acto del Bicentenario, y estamos investigando cómo se desarrolló y cuál fue el sentido del desfile de más de sesenta personajes –entre los que se incluyó al parecer a Mirtha Legrand–. Por el otro, están las declaraciones de la docente”
.Link a la nota:
De esta manera, y bajo esta tierra, terminó el delirio de Galtieri y el sacrificio de
la juventud argentina.
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ESCANDALO EN LA TELEVISION ARGENTINA
Golpe. Hasta hace unos días, ocultó desaparición de sobrino político
Revelación de Mirtha Legrand
causa indignación en Argentina
Pedirán que sea citada a declarar como testigo.
La reconocida figura de la televisión argentina Mirtha Legrand reveló días atrás que durante los años de la dictadura argentina debió recurrir al general argentino Jorge Harguindeguy para "salvarle" la vida a su sobrina, entonces detenida por el aparato represivo del Estado junto a su esposo, hoy desaparecido.
La "diva" reveló en uno de sus programas que su sobrina de sangre y su sobrino político fueron secuestrados durante el proceso dictatorial, ante lo que ella decidió pedir "ayuda" a un "general de la nación". En este sentido, Legrand narró que la joven fue liberada por ser su sobrina, pero el esposo de esta nunca más apareció.
El testimonio de Legrand provocó la reacción de periodistas, activistas por los derechos humanos y funcionarios del gobierno argentino, indignados por el silencio que la conductora mantuvo durante más de treinta años.
El periodista Fernando Blanco recopiló para el programa "Página en Blanco" (1410 AM Libre) los principales testimonios vinculados al caso, que conmocionó a la sociedad argentina e incluso implicó que varios abogados querellantes en causas por violaciones a los derechos humanos solicitaran la comparecencia de Legrand ante la Justicia para declarar como testigo.
El periodista presentó, en este sentido, el audio con la revelación de Legrand: "A mí se me pasó contarle a mi familia (el caso de) una sobrina mía y su marido. Su marido desaparecido, yo pedí ayuda al que era interventor del Canal 13 en ese momento y no me la brindó por temor, porque todo el mundo tenía miedo de comprometerse, el canal estaba en manos de la Marina. Entonces recurrí a un general de la nación, a quien circunstancialmente habíamos conocido.
Entonces lo llamé al general Harguindeguy, voy a decir su nombre, nunca lo he dicho; lo llamé por teléfono, le expliqué de que se trataba. Y me dijo: 'Bueno, en un tiempo Mirtha lo voy a averiguar, es muy difícil el caso'. El anterior, el marino, me había dicho: 'No intervenga, no intervenga, por favor ni se le ocurra, esto es peligrosísimo'. Y finalmente a mi sobrina la liberaron y al marido no, nunca más supimos de él, nunca más. Mi sobrina dice que estuvo en Palermo, porque escuchaba pasar los trenes y la liberaron cerca de la General Paz, por ahí.
Y al muchacho lo torturaron muchísimo, Julio se llamaba, nunca más supimos de él. Nunca lo he contado, es la primera vez que lo cuento. Pero gracias a que yo era conocida y famosa pude salvarla, porque cuando la liberaron le dijeron: 'Porque sos la sobrina de Mirtha'", narró ante el silencio de sus comensales.
La revelación de Legrand implicó una fuerte crítica contra su actitud de guardar silencio por más de 30 años. Una de ellas fue la del presidente del Consejo Federal de Comunicación Audiovisual de Argentina, Néstor Busso, quien opinó que la actitud asumida la convierte en "cómplice" de la violencia ejercida por la dictadura.
"Me parece que personajes como esta señora, son claramente cómplices, porque se puede entender que durante la época de la dictadura hayan tenido miedo. Lo que no se puede entender es que tras la recuperación de la democracia no se hayan presentado a la justicia a denunciar lo que sabían. La no denuncia de 1983 para adelante, en la Conadep o en los respectivos juicios, demuestra complicidad. Y me parece grave", dijo Busso.
Asimismo, las críticas aumentaron al emitirse la grabación del programa de la "diva" del 21 de setiembre de 1978, donde defendió la gestión del ex dictador argentino Jorge Rafael Videla y afirmó que las críticas al régimen respondían a una campaña "anti-argentina". La sobrina de Legrand fue secuestrada en marzo de 1977, por lo cual al defender a Videla sabía de las detenciones clandestinas.
EL "ARCHIVO" IMPLACABLE
La decisión de Mirtha Legrand de revelar lo ocurrido con su sobrina y el esposo, hoy desaparecido, implicó no sólo la crítica por su silencio, sino que también su sometimiento al "archivo", emitiéndose en diversos programas su postura sobre el tema de los detenidos desaparecidos durante el período posdictadura.
En este sentido, el programa "Página en Blanco" emitió el diálogo entre Legrand y la actriz Cecilia Rossetto, cuyo esposo desapareció en dictadura, hace 10 años, donde la "diva" de los almuerzos le criticó ser "demasiado de izquierda" y estar "muy politizada".
He aquí el diálogo entre ambas:
Mirtha Legrand Cecilia Rosetto
Mirtha Legrand: "Recién me tomé el atrevimiento de decirle a Cecilia que está muy politizada, que nadie le va a impedir viajar y trabajar de pronto en Miami, que hoy esas cosas ya se pasan por alto, lo que vale es el talento y vos lo tenés y mucho. Entonces que dejes esa cosa tan politizada que tenés, que todo el mundo la conoce y es admirable".
Cecilia Rossetto: "No, no, me dijiste algo que al haber sido yo tan politizada había perjudicado mi carrera y esto me parece muy triste, porque no perjudica de pronto a grandes estrellas que ocupan las tapas de todas las revistas, no sé, que practicaban, ya que hemos hablado, de prostitución y todo, que practicaban 'la fellattion con los genocidas".
M.L.: "Cada vez que venís al programa siempre hablás de política, en lugar de hablar de lo tuyo, de tu talento, de tus espectáculos que hacés, siempre muy politizada, muy, muy de izquierda, demasiado, demasiado. Y eso pasó de moda, totalmente, como el comunismo, tampoco me gusta la gente de derecha".
C.R.: "Que horror, que horror, que triste".
M.L..: "¿Qué triste qué?"
C.R.: "Que triste que se digan esas cosas".
M.L: "Es así, estás muy politizada".
C.R.: "No está pasado de moda".
M.L.: "Está pasado de moda".
C.R.: "Perdón, no está pasado de moda. Yo tengo a mi marido desaparecido y no está pasado de moda".
A mi viejo lo siento todo el tiempo”
La desaparición de su papá y el secuestro de su mamá fue reflotado esta semana por Mirtha Legrand, quien contó por primera vez que una sobrina suya había estado secuestrada. Julieta es sobrina nieta de la conductora de TV pero no quiere hablar de ella. Cuenta su historia.
Foto de Julio Enzo Panebianco
Julieta Panebianco es hija de Julio Enzo Panebianco y María Fernanda Martínez Suárez. Su papá está desaparecido. Su mamá estuvo secuestrada y fue liberada. Esta semana se habló mucho de su historia. Fue mencionada por Mirtha Legrand, quien contó que una sobrina suya y su marido fueron secuestrados y ella pidió “ayuda” a altos funcionarios de la última dictadura, como el ministro del Interior Albano Harguindeguy. Julieta es sobrina nieta de la conductora de los almuerzos televisivos, pero no tiene relación con ella. No sabe, tampoco, por qué habló de sus padres ahora, después de treinta años de silencio. Se sintió tan sorprendida como cualquier televidente, pero intuye que la mención no fue casual. No quiere polemizar con Legrand pero sí contar que su papá sigue desaparecido y que ella sigue reclamando justicia.
Julieta Panebianco habló el viernes en el programa La lucha que nos parió, de FM La Tribu. Es un espacio de H.I.J.O.S. (Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio) Capital. Allí fue entrevistada por Camilo Juárez, Lucía Extremera y Giselle Tepper.
Julieta: Quiero aclarar primero cierta información que circuló que tiene que ver con una exhumación que se hicieron de restos que finalmente no fueron de mi viejo. Que eso quede claro: que sigue desaparecido. No hubo ningún velatorio ni nada por el estilo. Tampoco fue el año pasado, fue hace seis años.
HIJOS: ¿Quién era tu papá?
J: Mi viejo militaba en la JTP, trabajaba en la DGI... Yo no lo conocí. El sí me conoció. No lo recuerdo pero lo tengo súper presente, lo siento todo el tiempo, me acompaña, estoy muy orgullosa. Para mí es difícil estar hablando de esto.
H: ¿Cuántos años tenías vos cuando...?
J: Seis meses.
H: La historia es que tu mamá también fue secuestrada, luego liberada, y como contabas, tu papá continúa desaparecido. Se supo que estuvo en El Atlético, que es un centro clandestino por el cual ahora se está juzgando a algunos represores junto a los del Olimpo y el Banco, pero tu papá todavía no entra como un caso en los juicios.
J: En realidad, cuando los antropólogos identifican por un caso de un enfrentamiento fraguado, surge que él estuvo ahí, en ese lugar, por huellas dactilares, y ahí sale el dato de que lo mataron en un dizque enfrentamiento, le pusieron armas a cada uno, eran cuatro personas, fue en Parque Patricios. Se sabe que fue el 18 de marzo. A él lo llevaron el 2 de marzo de 1977.
H: ¿Tenía 23 años?
J: Sí. Como supongo que es un hecho que lo hicieron en la vía pública, intervino la policía, se levantaron actas, se sacaron fotos, se mandaron a la morgue, NN, en Chacarita, y en el supuesto lugar donde se enterraron se hizo la exhumación y la otra chica que fue con él ahí donde se enterraron sí salió que sus restos eran de ella, pero los otros restos no eran de mi viejo.
H: Bueno, como sucedió con tantos otros casos, como la familia Lanuscou, que es uno de los nietos que buscamos, en donde supuestamente se había enterrado a una de las hijas que continúa apropiada. La invitación era un poco a que cuentes la historia a partir de tu vida, que obviamente no es la misma que la de otros sectores de esa familia. Vos contabas que tu abuelo (José Martínez Suárez) también tuvo una participación bastante importante...
J: Sí, muy importante. En ese momento fue muy bravo para toda la familia. De hecho, se puso muy mal con esto porque vuelve toda esa historia de terror, esos días de terror, en los siguientes años. La verdad que muy valiente, porque salió a ver por dónde conseguía hábeas corpus y todo lo que se pudiera hacer... No le daban bola, se te cagaban de la risa, un desastre.
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Proponen revisar la distinción a Mirtha Legrand - Para sacarle el lustre
Tras las declaraciones de Mirtha Legrand sobre la dictadura, el legislador Raúl Fernández propuso que se revise su designación como ciudadana ilustre.
“No entendemos cómo en todos estos años la señora no ha hecho una denuncia”, cuestionan a Legrand.
La Legislatura podría revisar la designación de ciudadana ilustre de Mirtha Legrand. La revisión fue solicitada por el diputado Raúl Fernández en la Comisión de Cultura del cuerpo, a partir de las declaraciones sobre la dictadura militar que la conductora de televisión hizo durante la emisión del martes 15 de junio. Ese día, Legrand dijo que una sobrina suya había sido secuestrada por el aparato represivo junto a su marido, y que ella misma había hecho gestiones para que fuera liberada. Según Fernández, la confesión de Mirtha Legrand revela que sabía lo que sucedía en el país. “No entendemos –dijo el diputado– cómo en todos estos años, sobre todo desde el regreso de la democracia, la señora no ha hecho denuncia judicial alguna o aportado elementos a la Justicia o a los distintos organismos de derechos humanos.” El proyecto de ley ya generó controversia.
Formalmente, la iniciativa de Fernández (Encuentro Progresista) debe pasar por la Comisión de Cultura, obtener un dictamen de mayoría ordinaria, y luego pasar al recinto. Pese a que no hay antecedentes, desde el despacho del diputado sostienen que para ser revocada la distinción deberá darse una mayoría especial, de cuarenta votos, porque ese mismo número requiere la designación de ciudadana ilustre.
Las declaraciones de Mirtha Legrand despertaron polémicas y distinto tipo de efectos. Familiares de víctimas de la última dictadura pidieron al juez federal Daniel Rafecas que la convoque a declarar ante la Justicia.
Ahora, Fernández reclama que le sea quitado el título de ciudadana ilustre que recibió en diciembre de 2007.
“Cuando vi el video del programa me sacó de quicio –dice Fernández–. Ella contaba como una anécdota, triste pero una anécdota, el secuestro de su sobrina y que se había contactado con determinados personajes para zafar; más allá de lo que dijo, me molestó el tono, como si fuera una cosa más.” El legislador cuestiona que la conductora no haya dicho nada desde la recuperación de la democracia.
Con ese argumento, abrió además el debate más de fondo sobre las obligaciones que deben cumplir quienes hayan sido declarados ciudadanos ilustres en la ciudad. “Entendemos que las conductas públicas deben reflejar el compromiso permanente para con los valores democráticos, los derechos, las garantías y el respeto por el orden constitucional.”
En su programa del 15 de junio, Mirtha Legrand contó que llamó a Albano Harguindeguy para pedirle por su sobrina. “Bueno, déme un tiempo, Mirtha, lo voy a averiguar, es muy difícil, muy difícil el caso”, contó que fue la respuesta del represor. Después aseguró que por esa gestión la sobrina fue liberada. “Gracias a que yo era conocida y famosa, pude salvarla, porque cuando la liberaron le dijeron: ‘Te salvaste porque sos la sobrina de Mirtha’”, dijo Legrand.
La presentación del proyecto probablemente abra un largo debate en la Legislatura. Fernández cree que será mas simple lograr el acuerdo en la comisión presidida por el socialista Raúl Puy, aunque intuye que le espera una larga discusión en el recinto.
Gabriela Alegre, presidenta de la Comisión de Derechos Humanos, fue quien promovió la designación de ciudadana ilustre de Estela de Carlotto, entre otros referentes de organismos de derechos humanos. El proyecto de Fernández, sin embargo, no la convence, pero de todos modos dice que debe ser parte de un debate complejo. “Creo que hay mucha hipocresía en el debate que generaron las declaraciones de Mirtha, que no es serio que estemos dedicando nuestro tiempo de trabajo legislativo a una cosa como ésta, más allá de que critico el posicionamiento de ella sobre la dictadura”.
E indicó: “Todos conocíamos estos antecedentes cuando se votó su nombramiento y no los tuvimos en cuenta, ya sabíamos qué defendía y tendríamos que haberlo pensado”. Desde PRO, Cristian Ritondo adelantó que de momento “no pensamos acompañar ese proyecto”.
Los próximos días marcarán el derrotero del debate.
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LA PERPETUA BESTIALIDAD Y ARROGANCIA:
Jorge Rafael Videla habló por primera vez ante un tribunal de la democracia en
el juicio de la UP1 de Córdoba
“Mis subordinados cumplieron mis órdenes”
Sentado junto a Luciano Benjamín Menéndez y los otros veintinueve procesados por el asesinato de 31 presos políticos de la UP1 de Córdoba, Videla reivindicó el fuero militar, se escudó en los decretos de Isabel Perón y anticipó que no va a declarar.
Por Nora Veiras
El ex dictador Jorge Rafael Videla, en el centro de los 17 militares, 13 policías y un civil juzgados en Córdoba.
Con voz firme y tono menos castrense, Jorge Rafael Videla habló por primera vez en un tribunal de la democracia. “Asumo mi responsabilidad en la guerra interna librada contra el terrorismo subversivo, mis subordinados se limitaron a cumplir mis órdenes como comandante en jefe”, dijo el ex general que encabezó el último golpe militar de la Argentina. Repitió que el Tribunal Oral de Córdoba “carece de competencia” para juzgarlo por crímenes de lesa humanidad, reivindicó como su “juez natural al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas” y anunció que no va a prestar declaración. A menos de un mes de cumplir 85 años y de doce años de prisión, Videla apareció con mejor semblante, inclusive, que cuando en plena dictadura declaró ante corresponsales extranjeros: “Los desaparecidos no están ni vivos ni muertos, están de-sa-pa-re-ci-dos”. El jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, Luciano Benjamín Menéndez, otro de los 31 acusados por las torturas y crímenes cometidos en la Unidad Penitenciaria 1 (UP1) de Córdoba también se hizo del micrófono. Con el mismo libreto que viene usando en los juicios en los que fue condenado ya en Tucumán y Córdoba, señaló que “los terroristas marxistas que, conducidos desde el extranjero, asaltaron la República porque no creían en nuestras instituciones democráticas, ahora aprovechan, se refugian y usan esas mismas instituciones democráticas para juzgar a quienes las defendimos”. Menéndez luego anticipó, al igual que su jefe máximo, que no va a declarar porque desconoce la Justicia civil.
Sin culpa
El viernes pasado apenas se empezó a leer la acusación contra los responsables del asesinato de treinta y un presos políticos de la UP1, entre abril y octubre de 1976, Videla había querido hablar. El presidente del Tribunal Jaime Díaz Gavier lo interrumpió porque no era ése el momento reservado para escucharlo. Videla, quien se había mantenido en silencio durante el Juicio a las Juntas en 1985, tuvo la oportunidad de explayarse, pero lo hizo por pocos minutos. Recordó que “la Cámara Federal juzgó en mi caso todos los hechos (...) considero que los hechos constituyen cosa juzgada. Nadie puede ser juzgado dos veces por la misma causa”. Dijo que en agosto de 1984 declaró por primera vez ante el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas y “siempre reconocí la autoría de las directivas que impartí en cumplimiento de la directiva 1 del Ministerio de Defensa y de los decretos firmados por el Poder Ejecutivo Nacional en pleno ejercicio de sus facultades constitucionales. Las directivas fueron calificadas de inobjetables por el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas”.
Apenas asumió Raúl Alfonsín, el 10 de diciembre de 1983, dictó el decreto 158, por el cual estableció el juzgamiento de las tres primeras juntas militares a través del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas. El 13 de febrero del ’84, ante las demoras y la falta de voluntad demostrada por el tribunal castrense, se sanciona la ley que reforma el Código de Justicia Militar y habilita a la Justicia civil a intervenir. El 11 de julio del ’84, la Cámara Federal le indica al Consejo Supremo que investigue si hubo violaciones a los derechos humanos. El 25 de septiembre es cuando el tribunal militar responde y califica como “inobjetables” “los decretos, directivas, órdenes de operaciones, etcétera, que concretaron el accionar militar contra la subversión terrorista”. El 4 de octubre, la Cámara Federal desplaza a los jueces castrenses y se hace cargo del histórico juicio. Videla es condenado a reclusión perpetua, inhabilitación absoluta perpetua, destitución del grado militar. El ex presidente Carlos Saúl Menem lo indulta en 1990, ocho años más tarde vuelve a prisión por una causa de robo de bebés: pasa 38 días en la cárcel de Caseros y luego en prisión domiciliaria hasta que en 2008 lo recluyen en la cárcel dependiente del Servicio Penitenciario Federal en Campo de Mayo.
Videla, al igual que Menéndez, nunca reconoció la jurisdicción civil. Ayer, antes de advertir que no va a declarar se permitió una precisión sobre la acusación que pesa sobre él por el asesinato de treinta y un presos políticos. Dijo que “el viernes se hizo mención a que la policía de Córdoba quedó subordinada a partir del 24 de marzo del ’76 al Ejército cuando, en realidad, por decreto de 6 de octubre de 1975 firmado por el doctor (Italo) Luder se dispuso a partir de esa fecha que todos las policías quedaban bajo el control operacional de las Fuerzas Armadas”.
Ese es otro de los ejes argumentales de la defensa de los represores: que sólo se limitaron a cumplir con los decretos de “aniquilamiento de la subversión” dictados por Luder, como presidente provisional, durante el mandato de Isabel Martínez de Perón. El testimonio de Fermín Rivera es elocuente del cambio que significó el salto de la democracia a la dictadura para los detenidos en la UP1 (ver página 2).
Los subordinados
Apenas terminó Videla, tomó la palabra Menéndez con su ya conocida contextualización sobre “el marxismo internacional” que inspiraba a “los subversivos contra la sociedad occidental y cristiana”. Esta vez no parafraseó –como en diciembre pasado en otro de los juicios que lo tiene como protagonista– al fugaz ministro de Educación porteño, Abel Posse, pero siguió fiel a ese libreto. Los problemas de sonido que incomodaron a Videla se repitieron con algunos de los 17 militares, 13 policías y el médico civil, pero no fueron obstáculo para que hablaran sin inhibiciones. A tal punto que hoy continuarán con sus arengas.
Entre los que se hicieron escuchar estuvo el comisario mayor retirado Carlos Alfredo Yanicelli, alias Tucán, imputado por tormentos a 210 personas y seis homicidios. Yanicelli fue designado director de Inteligencia Criminal de la Policía de Córdoba por Oscar Aguad mientras se desempeñaba como ministro de Gobierno de Ramón Mestre. Aguad es ahora el presidente de la bancada radical en la Cámara de Diputados de la Nación.
El coronel retirado Osvaldo César Quiroga pidió un pie para el micrófono y se despachó durante una hora. Quiroga, al igual que gran parte de los otros oficiales reivindicaron que Videla haya asumido su responsabilidad como jefe y se limitó a marcar el cumplimiento de órdenes. Quiroga también participó de la represión en el campo de concentración de La Perla. El teniente coronel retirado Enrique Pedro Mones Ruiz intentó hacer gala de cierto histrionismo para criticar al secretario de Derechos Humanos de la Nación, Eduardo Luis Duhalde, y fue amonestado por el tribunal
Cuando la tarde ya cedía a la noche, Francisco Pablo D’Aloia seguía hablando y fue el único que aceptó contestar preguntas. El fiscal, algunos defensores y hasta otros imputados recrearon entonces un diálogo inédito que continuará hoy. D’Aloia, acusado de haber participado en el traslado de los presos, el mecanismo para fraguar las supuestas fugas que justificaban los fusilamientos, pidió una pizarra para continuar hoy con su defensa.
Frente a representantes de todos los organismos defensores de derechos humanos y de familiares de las víctimas, seguirán repitiendo sus argumentos en los que no asoma ni siquiera el arrepentimiento por las atrocidades cometidas.
Un grupo de familiares de los acusados comparten el ámbito en el que por primera vez abrió la boca frente a jueces de la democracia el militar que más tiempo ejerció el poder de facto en la Argentina: Videla, durante cinco años.
habla hija del represor eduardo kalinec,
juzgado en la causa Campo de Mayo
Lesa humanidad
¿Vos qué hiciste en
la dictadura, papá?
Analía Kalinec, de espaldas, charlando con la periodista de Miradas al Sur. Hace unos años descubrió el pasado de su padre.
Analía Verónica es la hija de Eduardo Emilio Kalinec y decidió contar la historia de su padre. el doctor K está siendo juzgado en la causa Campo de Mayo, junto a otros represores.
Por Jimena Rosli
Papi está preso”. El llamado la aturdió. Tenía a su hijo en brazos, a punto de amamantarlo. “Es por cuestiones políticas, culpa de este gobierno”, le dijo su madre. En vez de aclarar las cosas, la confundió más. Aquel 31 de agosto de 2005 Analía Verónica se fundió en un llanto largo y profundo. Es la hija de Eduardo Emilio Kalinec, alias Doctor K, uno de los diecisiete implicados en la causa de Campo de Mayo por la represión ilegal perpetuada durante la última dictadura militar.
A su padre se lo juzga por intervenir en la custodia de los detenidos, en interrogatorios y en tormentos en tres centros clandestinos de detención: Atlético, Banco y El Olimpo. Oficial ayudante de la Superintendencia de Seguridad Federal de la Policía Federal Argentina, Kalinec llegó a ser comisario, aunque siempre negó haber llegado a ese cargo en la fuerza.
Analía no cuenta su historia, la escupe. Escribió una carta abierta de cincuenta hojas. Después de mucho meditarlo, hoy decide hablar con Miradas al Sur. Lo hace firme y en ningún momento titubea. Su hijo más pequeño llora, demandando un poco de atención. Le tira de las polleras negras de bambula. “Éstas son las fotos de la época en que mi papá era represor”, muestra Analía. Una foto carnet blanco y negro muestra a un muchacho joven de cejas negras.. De civil, con expresión seria. Algo sonriente.
Analía es docente. Trabaja como maestra recuperadora de chicos con dificultad en el aprendizaje.. Su labor consiste en sacarlos del aula y nivelarlos, para luego incluirlos y posibilitar la integración. Defensora de la educación pública, paró semanas atrás contra el gobierno de Mauricio Macri. Dos de sus hermanas son policías. María de los Ángeles –Titi– se recibió de abogada en el Instituto Universitario de la Policía Federal y trabaja en un estudio de abogados policías. Alejandra es licenciada en Relaciones Internacionales, graduada en la misma institución.
“Fijáte cómo son las cosas: a las dos las metió mi viejo –se resigna Analía– y es como un clan. Yo quiero sacar a mis hijos de ahí”. La otra hermana, Claudia, cortó relación con la familia y nunca más se supo de ella. Paradojas de la vida, su marido estuvo exiliado durante la dictadura, dos de sus amigos aún están desaparecidos, y su suegro, el Doctor K, está involucrado en la causa.
Las visitas. Marcos Paz fue el primer destino de Eduardo Emilio Kalinec. Antes de terminar en Devoto, tuvo una estadía en el edificio del Cuerpo de Policía Montada. Fue el único que tuvo ese privilegio. Según Analía, porque tiene una memoria prodigiosa. Mejor bien cuidadito con tanta información. Los domingos eran los días de asado familiar en el quincho del lugar. No faltaba ni el aire acondicionado ni Lunero –el caballo que le habían asignado para que descanse– ni el vecino Christian Von Wernich. “Pobre cura, es muy buena persona”, decía su padre.
El fin de semana siguiente a la elevación de la causa a juicio oral, Analía, su madre y su hermana Titi lo fueron a saludar. El mandato era claro: papá estaba bajoneado y había que tirarle buena onda. “Cuando lo vi me impresioné. Estaba con los ojos llorosos y muy nervioso. Lo abracé fuerte y le di un beso. Nos sentamos, me agarró la mano y me preguntó si pensaba que él era un monstruo. Yo le dije que sí. Empezó a temblar”. Al otro día, lunes 30, sonó su teléfono celular. Estaba dejando a sus hijos en el jardín. Apenas atendió, una voz grabada le informaba que la llamada provenía de un instituto penitenciario. Le resultó extraño. Su padre nunca la llamaba a su teléfono personal. Con la voz llorosa, Kalinec le confesó lo solo que se sentía y cuánto necesitaba escucharla. Analía, con un nudo en la garganta, intentó explicarle que tenían maneras diferentes de pensar. Esa noche le garabateó una carta. “Te invito a sincerarte, a que permitas cuestionarte. Te invito a ponerle el pecho a tu propia historia. Sin picanas ni submarino”.
Gral.Galtieri
El escrito tuvo sus repercusiones. Su mamá la llamó y le reprochó la carta horrible que había escrito. En un papelito al lado del teléfono, Analía respondió: “Horrible no es lo que yo hago, horrible es lo que él hizo. Horrible no es lo que digo, horrible es no decirlo. Horrible no es mi carta, horrible es lo que pasó”.. La situación la desbordó y afectó a sus hijos. La llamaron los directores del jardín, alarmados. Su hijo más grande andaba diciendo a sus compañeros que su abuelito “había matado muchas personas”. Los nenes de sala de cinco años, interesados, lo atosigaban a preguntas sobre si lo había hecho con una ametralladora o con qué tipo de arma.
La crisis. “Recién caí en lo que era mi viejo cuando la causa se elevó a juicio oral”, confiesa Analía. La orden la había dado el juez federal Daniel Rafecas el 25 de junio de 2008 y el Tribunal Oral Federal Nº 2 de la Capital Federal sería el encargado de realizar el juicio. Kalinec negó siempre su participación en los hechos que se le imputan. Incluso promete hacerle un juicio millonario al Estado apenas salga en libertad. Su abogado defensor, Juan Martín Hermida, había pedido su excarcelación por falta de méritos. Sin embargo, en la cárcel, le dijo una vez a Analía: “¿Cómo no ponerle una picana a un tipo que sabés que tiene información?”..
Dispuesta a investigar, Analía le pidió a su hermana Claudia que le envíe la causa por mail. Se sentó en la computadora y empezó a leer. No paró de llorar hasta terminar las 812 fojas.. Luego puso el nombre de su padre en Google. Listados de organismos de derechos humanos lo nombraban y lo denunciaban por hallarse en funciones.. Y libre.
“Al principio me comí el buzón de que él luchó por la patria. Lloraba por lo injusto de la situación. Sin darme cuenta me fui dando cuenta. Y empecé a llorar por lo justo de la situación”, confiesa Analía. A Kalinec se lo acusa de 181 privaciones ilegítimas de la libertad. Lo nombran los testimonios de Mario César Villani, Ana María Careaga, Delia Barrera de Ferrando, Miguel D’Agostino, Nora Bernal, Daniel Aldo Merialdo, Horacio Cid de la Paz y Javier Antonio del Cerro.
“Es muy duro saber que mi papá empuñaba una picana con las mismas manos con las que me tocaba. Y que la misma voz que me sigue diciendo que me quiere es la misma que dio orden de muerte y de tortura. ¿Cómo puedo hacer para unir en la misma persona a mi papá y al Doctor K?”, se pregunta Analía en su carta. Intentó hablar con su familia, pero ninguno quería. Hermética, su abuela Elsa –la mamá de su padre– decía no recordar nada. Sólo Laura –la hermana de su papá– accedió a contar todo lo que sabía. De chica, ella también había sufrido torturas por parte de su hermano. Le ponía la cabeza en un balde de agua durante mucho tiempo, hasta la desesperación. “Es un juego”, le decía el futuro Doctor K.
Laura le contó también sobre su primer matrimonio con un señor de apellido Giménez, que fue compañero de Kalinec durante la dictadura. Algunas veces, cuando volvía a su hogar, Giménez llegaba descompuesto y vomitaba. Y le decía a la tía de Analía: “Esto es una carnicería, yo no sé como tu hermano puede hacer lo que hace”.
Analía se enteró de lo que tenía ganas de enterarse y también de lo que no. De abusos familiares, de infidelidades –varias– por parte de su padre. Hasta de una supuesta media hermana, de una mujer que su padre habría dejado embarazada. Recordó a su padrino, un tal Fernando Guillermo González, al cual no vio nunca más. González había adoptado una beba llamada Mariana en el año ’80. Intentó buscarla, pero al tener un apellido tan común se le complicó. Analía tiene serias sospechas de que esa nena es hija de desaparecidos.
Las cosas por su nombre. “Mi papá es un represor”, sentencia Analía. La dureza y realidad que impone al hablar se reflejan en sus ojazos azules. En ningún momento se le llenan de lágrimas. Hoy hace terapia en el Centro de Atención por el Derecho a la Identidad de Abuelas de Plaza de Mayo. Ya casi no se habla con nadie de su familia y sólo la acompaña Luis, su marido. Mucho antes de que se sepa todo, en una muestra de derechos humanos de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Buenos Aires, su primo Germán encontró el nombre y apellido de su padrino, el papá de Analía.
Era uno de los pocos que no tenía fotografía. Al parecer, organismos de derechos humanos lo habían estado siguiendo para fotografiarlo, pero ante el hábil y escurridizo hombre, nunca dieron con su cometido. Analía fue quien aportó su imagen. La entregó personalmente a la agrupación Hijos. Su rostro es hoy difundido en carteles que exigen juicio y castigo. “Meses antes de que lo lleven a prisión preventiva estaba con una actitud muy persecuta –deduce Analía–. Algo sabía. Alguien le había informado.”
El día del inicio del juicio, el único espacio libre para acceder a la sala era para un familiar. Analía no quiso entrar así. Estuvo en lista de espera con un primo hasta que lograron entrar como público: “No iba como familiar a apoyar lo que hizo. Yo vengo como parte de una sociedad. De última como hija, pero para repudiarlo y denunciarlo”. La separaba de su padre una distancia de seis metros. Lo encontró igual a como lo había visto la última vez, quizás un poco más gordo.
De animalito a mujer. A Analía su papá la llamaba la vizcachita, porque en un momento, cuando era chica, sólo tenía dos dientes arriba y dos abajo. Como el animalito. “De chica yo era su novia. Siempre lo acompañaba a todos lados y estaba con él. Cuando él venía de trabajar yo iba a recibirlo gateando”, escribe en su carta abierta Analía. Y pone el verbo “trabajar” en itálica.
La historia de Analía es similar a la de Ana Rita Laura Pretti Vagliati, hija del comisario bonaerense Valentín Milton Pretti, alias Saracho. Su padre había participado de la dictadura militar, torturado y asesinado personas. Presentó una demanda en el tribunal de familia número 2 de Lomas de Zamora para suprimir su apellido paterno. En 2007 se convirtió en el primer y único caso en el cual la Justicia autorizó a llevar sólo el apellido materno. Se le hacía insoportable llevar su nombre junto a la herencia de un torturador. Analía lo pensó, pero no tomó la misma decisión: “Es parte de mi historia y de lo que soy yo”. Es la misma dicotomía que se le presenta hoy. El proceso que aún sigue resolviendo. Que terminará el día que se dicte la sentencia. O posiblemente ni siquiera. El máximo deseo de Analía es dejar de ser su vizcachita y pasar a ser una mujer con identidad propia.
–¿Lo seguís queriendo a tu papá?
–Sí, es mi papá y siempre lo va a ser. Lo quiero, pero lo espero de la vereda de enfrente.
Marcela Noble podría ser
la nieta de Chicha Mariani 
La fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo, sospecha que la hija de Ernestina Herrera de Noble, dueña de Clarín, sea, en realidad, su nieta, Clara Anahí, quien fue secuestrada tras el bombardeo a su casa en La Plata , en noviembre de 1976.
La fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo, sospecha que la hija de Ernestina Herrera de Noble, due?a de Clar?n, sea, en realidad, su nieta, Clara Anah?, quien fue secuestrada tras el bombardeo a su casa en La Plata, en noviembre de 1976.
En declaraciones brindadas a una radio local, Chicha confirmó que hizo una presentación judicial ante el juez Corazza y por su intermedio ante el juez Bergesio, de San Isidro, que es quien lleva adelante la causa por los hijos de la dueña del multimedio Clarín.
En la acción, se solicita “que se entrecrucen los análisis de Marcela Noble y los de mi familia que están en el Banco Genético y también con todos los familiares que figuran allí porque así lo dispone la ley”.
Consultada sobre en qué basa sus sospechas sobre que Marcela Noble sea Clara Anahí Mariani Teruggi, explicó: “tuve dudas desde 1977 cuando los obispos de La Plata y religiosos me prometían que me iban a ayudar, al tiempo volvía y eran otras las personas que me recibían”.
Además, reveló que en un momento, “me dijeron que mi nieta estaba con gente de muchísimo poder, que era imposible tocarla. Lo recibí de la Iglesia una y otra vez, pero hubo otros elementos que me fueron convenciendo de que podía ser Clara Anahí”.
Asimismo, Chicha admitió que en un momento perdió la esperanza de que Marcela Noble pudiese ser su nieta, al revisar, junto a su abogada, el expediente de su adopción y verificar que “las fechas no concordaban”. Sin embargo, la expectativa resurgió cuando “vinieron dos personas a avisarme que ese expediente era totalmente falso y se descubrieron mentiras”.
La fundadora de Abuelas recordó que “cuando asumió Alfonsín, los llevaron a una escuela suiza hasta que vieron que no pasó nada, entonces los fue a buscar la madre, las fotos de los chicos con príncipes, reyes y presidentes salían en los diarios y yo las junté y encontré parecidos” y Marcela Noble “se parece bastante a la familia de Diana ahora”.
En ese marco, Chicha recalcó que “cuando se llevan a Clara Anahí, la ponen en el auto de Fiorillo (un policía), y ahora me entero que él fue quien llevó a Marcela con la señora de Noble. La llevó de La Plata porque hay documentos de personas que afirman que monseñor Plaza intervino en la entrega de Marcela”.
“Ahora dije basta, no quiero quedarme con la duda y pedí que se hagan los análisis y se crucen con mi familia y con los demás también”, declaró Chicha y se preguntó: “¿Alguien se detiene a pensar en los 33 años que llevan Madres, Abuelas y familiares de esta tortura infinita de no saber, es la tortura más grande y se acrecienta porque uno se va a ir y no pudo hacer nada, y dónde está y cómo duerme, dónde vive y con quién?”
“Hay mucha gente que da una mano. Sé que lo que ocurrió en la calle 30 lo sabe toda la gente del barrio, muchos vieron cómo se la llevaron a Clara Anahí, en cambio se difunde la versión de que había muerto, sin embargo, dos personas me dijeron la verdad, pero si lo hubieran dicho hace 20 años, cuánto dolor hubieran evitado”, reflexionó Chicha Mariani.
Por último, Chicha dijo que otro de los elementos que la llevan a pensar que Clara Anahí podría ser Marcela Noble, tiene que ver con las muchas mentiras que se dijeron en torno al paradero de su nieta: “Por qué tapan tanto lo de Clara Anahí? ¿Por qué se inventaron tantas cosas? ¿Para qué? Es porque están tapando algo muy grosso”.
OPINIÓN
Clara y la oscuridad
Josefina Licitra
Clara Anahí Mariani nació el 12 de agosto de 1976. Tenía, desde un primer momento, un cuerpo y un nombre. Y padres. Su mamá se llamaba Diana Teruggi y estudiaba Letras. Su papá, Daniel Mariani, era economista. Ambos vivían en Plata, la ciudad donde se conocieron, donde compraron una casa modesta –ubicada en la calle 30 entre 55 y 56–, donde tuvieron una hija, donde fueron asesinados y donde Clara Anahí Mariani desapareció.
Ocurrió el 24 de noviembre de 1976. Clara tenía tres meses. Esa mañana Diana se preparaba para llevarla, como todos los lunes y los miércoles, a la casa de su suegra. Pero nadie llegó a ninguna parte. En algún momento, la casa fue rodeada por tanques de guerra, helicópteros, patrulleros y doscientos miembros del Ejército. Todos estaban al mando de Ramón Camps –entonces jefe de la policía bonaerense– y querían sangre. No queda claro si alguien dijo “ahora”. Sólo se sabe que la balacera reventó hasta el alma de las cosas. Y que Diana pudo, tras la primera descarga, esconder a Clara en una bañera, bajo una pila de almohadones.
En la casa de Diana, Daniel y Clara funcionaba una imprenta de Montoneros, a la que se accedía de un modo solapado. Allí se editaba la revista Evita y una serie de publicaciones que echaban algo de luz sobre las muertes, las torturas y las desapariciones que eran fantasmas innombrables por buena parte de los medios de comunicación. Se sabe que al gobierno militar cierta prensa le molestaba mucho, entre tantas otras cosas que también le molestaban mucho.
Diana fue acribillada bajo un limonero. En la unión de dos paredes –un rincón donde hoy se concentran decenas de agujeros de bala– fue asesinado Daniel Mendiburu Eliçabe, el marido de Feli, el papá de Pablito, el hermano de Fideo y Cali (Feli, Pablito, Fideo, Cali: los nombres de una parte de mi infancia; los compañeros de exilio de mi padre). También mataron a Roberto César Porfirio, Juan Carlos Peiris y Alberto Oscar Bossio, y volaron ventanas a punta de bazucas porque, en fin, a los militares les gustaba el tema de llegar de a cientos y en tanque, aunque “el enemigo” consistiera en cuatro personas y un bebé.

Los únicos que no murieron esa tarde fueron Daniel Mariani –no estaba ahí, aunque sería asesinado ocho meses después– y Clara. Su llanto se escuchó cuando llegó el silencio. Y después no se escuchó otra cosa. Clara fue entregada a Ramón Camps y desde entonces crece en otra familia. Tiene mi misma edad: 34 años. Y un nombre que no es el suyo. Como todo lo demás, que tampoco es suyo. No tener nombre es no tener nada.
La abuela de Clara se llama María Isabel “Chicha” Chorobik de Mariani, es fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo y está viejita. Así lo dice el mail que recorre las casillas de muchísima gente estos días: a los 87 años, Chicha Mariani está viejita y, como todos los viejos, tiene la urgencia de los asuntos pendientes. Chicha busca a su nieta desde que encontró sus ropas mínimas entre los escombros de la calle 30. Un comisario le confirmó, en ese momento, que su nieta estaba viva y que había sido colocada “muy alto”. Lo mismo le dijeron un monseñor y un capellán de La Plata. Chicha, entonces, llegó lo más alto que pudo. Tiene varios motivos para sospechar que su nieta podría ser Marcela Noble, la hija apropiada de Ernestina Herrera de Noble.
No es fácil. No va a ser fácil. Chicha tiene 87 años y está viejita. Quizás algún día yo también sea abuela. Pero por ahora la cuestión del afecto es sólo esta suposición: cuando veo a mi madre querer a mi hijo, intuyo que el amor por un nieto es muy superior al mito alcanforado de la “tercera edad”. Lo más preciado de lo más preciado: eso será un nieto. Un número elevado a su propia potencia, un último y desesperado aprendizaje.
Hoy hay 400 Abuelas de Plaza de Mayo –nacidas en 1977 como Abuelas Argentinas con Nietitos Desaparecidos– buscando el único eslabón que las tiene atadas a los días. Morir sin encontrarlo, en el fondo, es haber vivido en una especie de inframundo. ¿Entonces es posible morir más de una vez? Claro que sí. Ellas saben que sí.
Está comprobado que sobreviviste y estás en poder de alguien. Ya tienes 34 años y tu número de documento probablemente sea cercano al 25.476.305 con el que te anotamos. Yo quisiera pedirte que busques fotos de cuando eras bebé y las compares con las que acompañan este texto
(…). A mis más de 80 años mi aspiración es abrazarte y reconocerme en tu mirada, me gustaría que vinieras
hacia mí para que esta larga búsqueda se concretara en el mayor anhelo que me mantiene en pie, el que nos encontremos”.
Eso, en síntesis, dice la carta que hoy circula por la web. Dice, además, que el tiempo es poco, que hay que difundirla pronto y que todas las vías valen la pena. Ésta incluida.
"Detras del miedo está la libertad".
Graffiti
LAS ABUELAS ANUNCIARON LA IDENTIFICACION DEL NIETO 102, QUIEN SE NEGO A LAS PRUEBAS DE ADN
En el fondo, él desea saber quién es”
Estela Carlotto lo anunció ayer en la sede de Abuelas. Es el hijo de los militantes montoneros María Graciela Tauro y Jorge Daniel Rochistein, secuestrados en 1977. No quisieron dar el nombre del joven ni de su apropiador.
Por Alejandra Dandan
“El documento es de una persona que no existe –dijo Estela Carlotto– porque existe otra persona que va a tener que recuperarlo, y eso es obra de la Justicia.” La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo presentó así la noticia de la recuperación del nieto número 102. Un caso que no es sencillo, dijo, porque el joven no aceptó hacerse voluntariamente los análisis genéticos.
Después de muchos años y de varios fallos judiciales, confirmaron finalmente que es hijo de María Graciela Tauro y de Jorge Daniel Rochistein, dos militantes de Montoneros secuestrados el 15 de mayo de 1977. El joven, del que no se dijo su nombre, no estuvo en la casa de las Abuelas para la conferencia de prensa. Hubo un dato en la causa que fue especialmente subrayado en Abuelas: la existencia de un allanamiento donde se fraguaron las pruebas con la intervención del mismo comisario que actuó en otros casos similares, como el de los hermanos Herrera Noble.
“En el fondo, él desea saber quién es”, dijo Estela. “Y va a seguir amando a quien quiera.” Las Abuelas, siguió, “no pueden decir como dicen livianamente algunos miembros del Poder Judicial cuando dicen ‘pobrecitos’, ‘déjenlos’”, explicó.
“Este es un derecho de acción pública: si las Abuelas dicen ‘pobrecito’ están encubriendo un delito, siendo parte, siendo cómplices, por eso tenemos que llevarlo a la Justicia.”
La sala de la sede de Abuelas estaba repleta de cámaras, micrófonos de televisión y voces de cronistas de tonos extranjeros. “Estamos en un país en democracia –explicó Carlotto cuando le preguntaron por el rol de los medios–, donde no tenemos que tener miedo para hablar de una situación que no está resuelta. Los medios pueden ser portadores de la verdad o pueden ocultarla.”
Las Abuelas mencionaron la historia de la causa del nieto 102, pero sobre la identidad del joven apropiado señalaron pocos datos. El joven se crió como hijo natural de un integrante de un grupo de tareas de la Fuerza Aérea, la fuerza de seguridad que mantuvo secuestrada a su madre en Mansión Seré desde donde la llevaron a dar a luz a la ESMA. Anoche, un cable de la agencia DyN divulgó el nombre del comodoro –prófugo de la Justicia desde hace años– que sería el apropiador del nieto recuperado.
Pero, como solicitaron las Abuelas, Página/12 no lo dará a conocer para no obstaculizar el proceso de adaptación del joven a su nueva identidad.
Sus padres eran María Graciela Tauro y Jorge Daniel Rochistein. Ella era “La Gracie” entre sus familiares. Vivía en Bahía Blanca, tenía una hermana más chica, un padre tornero de los talleres del ferrocarril y propietario con su mujer de un quiosco de barrio. María Graciela estudió Bioquímica en la Universidad Nacional del Sur hasta tercer año, viajó a Buenos Aires, trabajó de empleada en una fábrica, era militante de la JUP y luego de Montoneros. Para sus compañeros era Raquel, Chela o Queda. Y era muy linda, dijo Estela, “tenía el cabello oscuro y ondulado”.
Jorge estudió Ciencias Económicas en la misma universidad. Su padre tenía una fábrica de carteras en Coronel Suárez, que luego mudó a Bahía Blanca. Jorge militaba en Montoneros. Entre sus compañeros era El Hippie, Ricardo o Iricardo. Los dos se conocieron durante los años de militancia, se casaron el 30 de enero de 1976 en Buenos Aires, y con los primeros meses del golpe estuvieron en el Gran Buenos Aires.
Cuando los secuestraron, el 15 de mayo, ella llevaba cuatro meses y medio de embarazo. Pasaron por la Comisaría 3ª de Castelar, ella estuvo en el centro clandestino de Mansión Seré desde donde la llevaron a la ESMA. En noviembre de ese año dio a luz a un varón, asistida por el médico militar Jorge Luis Magnacco.
Según consta en la causa judicial, a ambos los ejecutaron en forma sumarísima durante un enfrentamiento fraguado de guerrilleros con militares, un procedimiento habitual en la época.
De lo que pasó después, Abuelas casi no dio información. La investigación para recuperar al niño se inició hace unos diez años por los datos de un represor, parte del grupo de tareas donde operó el apropiador del niño. Esa persona estuvo con María Graciela y pudo contar quién se llevó a la criatura. Su testimonio sin embargo cobró valor porque aportó además los datos de otro niño apropiado. Era el caso de Guillermo Francisco Gómez, que rápidamente se demostró que era nieto de Rosa Roisinblit. Ese apropiador, dijo Estela, “se animó por primera vez a hablar, cosa que ojalá todos los que participaron de la represión hicieran. Rosa lo supo hace ya diez años, en este caso demoró más porque el caso era mucho mas difícil”.
Como el joven se negó a realizar el estudio de ADN, el caso llegó a la Corte Suprema que se expidió contra la extracción obligatoria. Como sucede con el caso de los Noble Herrera, el tribunal consideró que se podían utilizar medidas alternativas para obtener la información genética. La causa estaba en manos del juez Rodolfo Canicoba Corral, quien ordenó un primer allanamiento para obtener muestras de sus objetos personales. “Como también sucedió en otros casos –explicó la presidenta de Abuelas–, las muestras fueron fraguadas y resultó imposible reconstruir el perfil genético.”
Los imputados supieron entre tres y cuatro días antes que se iba a hacer ese allanamiento. De acuerdo con los datos de la causa, le dieron a la Justicia un cepillo de dientes de la apropiadora. Canicoba volvió a convocar al joven. Esta vez, él mismo le compró ropa, ordenó el secreto de sumario y se aseguró de llamarlo después de un día de trabajo. Lo convocó a su despacho y presenció el momento en el que se quitaba y cambiaba la ropa para asegurarse de que no hubiese otro error.
Cuando le preguntaron a la presidenta de Abuelas por esa medida y la relación con el caso Noble Herrera, ella respondió: “La Justicia debiera ordenar la extracción como lo hizo Canicoba”.
Pero las Abuelas mencionaron otro dato. El allanamiento que ordenó Canicoba se hizo en mayo de 2008 y estuvo a cargo del subcomisario Carlos Garaventa de la División de Seguridad de Estado de la Policía Federal. En mayo de este año, Garaventa intervino en el allanamiento de los Herrera Noble. “Casualmente –dijo Estela–, en ambos procedimientos intervino el mismo jefe policial”. Garaventa fue separado de la fuerza el mes pasado
Con el avance de las investigaciones en Abuelas, ahora se sabe además que esa misma división estuvo a cargo de otro procedimiento fraguado en el año 2006 en el marco de la causa por la apropiación de Alejandro Sandoval Fontana por el gendarme Víctor Rei. Alejandro estaba ayer en la sede de Abuelas. En su caso, la policía llamó 48 horas antes a su apropiador para avisarle del operativo. Rei llamó a Alejandro a Campo de Mayo para que pase a buscar un cepillo de dientes suyo, un peine, una remera y una toalla. Elementos a los que sumó además el cepillo de dientes de un hijo biológico con la intención de fraguar los resultados. Alejandro declaró sobre el allanamiento hace dos meses en el juzgado de Sandra Arroyo Salgado, a cargo de la investigación de la causa Noble Herrera. Pero declaró en una causa paralela.
“Permitime, que quiero decir una cosa”, le pidió a Estela el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde. “En este caso, con todas las dificultades que tuvo, se llegó a saber la verdad: eso nos fortalece la idea de que a pesar de todas las medidas dilatorias la Justicia va a avanzar”, concluyó.
María Graciela Tauro y Jorge Daniel Rochistein, los padres del nieto 102, fueron secuestrados en mayo de 1977.
Con nombre propio....
Las Abuelas de la Plaza de Mayo anunciaron ayer que fue identificado el nieto número 102.
Un abogado que nació hace 32 años en el centro de detención y tortura que durante la dictadura argentina funcionó en la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA) es el nieto 102 recuperado por las Abuelas de Plaza de Mayo, anunció ayer la titular de esta organización, Estela de Carlotto.
El nombre actual del nieto 102 no se difundió porque él todavía “está procesando la noticia de la desaparición de sus padres”, dijo Carlotto. Es hijo de María Graciela Tauro y Jorge Daniel Rochistein, jóvenes militantes de la organización Montoneros desaparecidos en mayo de 1977.
La identidad del nieto 102 se pudo establecer cuando él accedió a la propuesta del juez Rodolfo Canicoba Corral de entregar su ropa para una prueba de ADN, informó la agencia estatal argentina Télam. “En las cuatro prendas entregadas, la identificación fue positiva”, declaró el abogado de Abuelas, Alan Iud. Antes, el juez había dispuesto la incautación de pruebas genéticas en un allanamiento, pero no sirvieron para identificarlo, recordó el diario Página 12.
Esto llevó a Carlotto a recordar el caso de Marcela y Felipe Noble Herrera, los hijos adoptivos de la dueña de Clarín, Ernestina Herrera de Noble. También para ellos un juez dispuso realizar pruebas a su ropa para determinar si son hijos de desaparecidos, pero las prendas incautadas resultaron contaminadas con el ADN de otras personas y no fue posible establecer su perfil genético.
La presidenta de Abuelas denunció además que quien se había apropiado del hijo de Rochistein y Tauro “está prófugo” y que se trata de un militar retirado en cuyas manos “el nieto 102 salió de la ESMA”.
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Ni cortando esa flor pudieron
terminar con la primavera
AZUCENA VILLAFLOR
Diego Csöme, Claudia Bueno, Laura Villafañe y Julián Cosenza, integrantes del equipo documentalista del Instituto de Medios de Comunicación de la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM) y autores de un documental sobre su vida, se confiesan enamorados de la figura de Azucena Villaflor, esa mujer que al decir basta abrió una grieta en el curso de la historia argentina e inventó una nueva categoría para ese vínculo privado que une a madres e hijos o hijas. Desaparecida ella también después de fundar Madres de Plaza de Mayo, marcada por Alfredo Astiz con un beso justo antes de ser secuestrada y conducida hacia la muerte en las profundidades del Río de la Plata, Azucena es la protagonista ausente del documental que lleva su nombre y que el próximo martes, en vísperas del Día de la Madre, se presentará en la UNLaM.
Por Diego Bocchio
¿Qué trabajos previos existían sobre Azucena?
Claudia Bueno: –Se trabajó sobre las Madres, claro, pero no sobre Azucena, no es tan conocida su historia. Hay un trabajo bibliográfico de Enrique Arrosagaray, que es de Avellaneda como Azucena y que, incluso, fue compañero de escuela de uno de sus hijos. El hizo una investigación muy profunda y publicó un libro –Los Villaflor de Avellaneda–, y es uno de los entrevistados del documental.
En cuanto a relatos audiovisuales, nada. Sí hay documentales antropológicos de cuando se restituyen los restos de Madres desaparecidas, en los que se hace hincapié en la aparición de los restos de Azucena.
Diego Csöme: –En contraposición, nuestra elección fue contar quién fue Azucena como madre y como mujer. Tratamos de no quedarnos en el instante fundacional de Madres, sino hurgar en su vida anterior.
Al encarar esta historia relativamente desconocida, ¿qué encuentran?
Laura Villafañe: –Empezamos por ir a la raíz, sus hijos, y, ahí, enfrentamos descubrimientos sorpresivos, nos encontramos con la mujer y con la madre, con esa faceta no histórica, y con lo que sucede cuando te tocan un hijo. La forma en que Azucena reacciona ante ese hecho es lo que genera un quiebre en la historia argentina.
Claudia: –Uno de los hijos lo cuenta muy bien en el documental. Los familiares de los desaparecidos cumplían un circuito que era el que los mismos militares les pautaban. Los “entretenían” llenando fichas, yendo al vicariato, al Ministerio del Interior, de escritorio en escritorio; de esa forma nadie iba a encontrar a sus seres queridos. Uno de sus hijos, Pedro, cuenta: “La genialidad de mi mamá fue que un día dijo: ‘¡Basta! Así no vamos a encontrar a nadie. Vayámonos a la Plaza’”. Ese es el quiebre. Azucena hizo todo lo que políticamente estaba mal hacer en esa época. Pero, en el relato intimista surge que, para ella, lo que hacía no era nada excepcional.
La hija, Cecilia, cuenta: “Cuando yo tenía complejo de fea en la escuela, mi mamá me llevó a un concurso de baile. Y cuando mi hermano Toto se rompió el brazo, mi mamá estuvo detrás de él hasta que se le soldó el hueso roto. Así que, cuando mi hermano Néstor desapareció, mi mamá salió a buscarlo. Es pura lógica de madre”
.Diego: –A través de la mirada de los hijos, nos encontramos con una mamá maravillosa. Y se reivindica el porqué una mamá sale a buscar a su hijo: por amor; a partir de ese amor, se gestará un movimiento histórico.
Azucena tenía ángel. Las Madres dicen en el documental: “Azucena llegaba y era como que llegaba nuestra madre. Todas íbamos corriendo a abrazarla”. Como los grandes líderes, tenía algo especial dentro de su carisma que hacía que todas las otras madres estuviesen a su alrededor. Pero también era muy estratégica para moverse
.Una madre común y una madre extraordinaria, en un mismo cuerpo. ¿Y cómo era su vínculo con su propia madre?
Claudia: –La mamá de Azucena era muy chica cuando la tuvo, tenía quince años. El papá de Azucena la anotó como hija de él y en el casillero correspondiente al nombre de la madre trazó una línea. Es decir, ella fue inscripta como de madre desconocida. Doce años después, la madre la volvió a inscribir, pero, esta vez, como de padre desconocido.
Con lo que, en Avellaneda, hay dos partidas de nacimiento diferentes.
Más allá de la complejidad legal, lo cierto es que ni la madre ni el padre biológicos se encargaron en forma directa de la crianza de Azucena, sino que la crió como a su propia hija la tía Magdalena. Y sus tres primas funcionaron en su vida como sus hermanas.
El padre murió muy joven en un accidente de trabajo y ahí volvió la madre, que fue a buscarla a casa de los Villaflor. Para entonces, Azucena tenía ya catorce años.
Y ella no quería volver con la madre, se pasó casi un año enferma y perdió un año de colegio, hasta que finalmente volvió a vivir con sus tíos. Vivió muy poco tiempo Azucena con su madre biológica, tenía una relación muy difícil con ella; incluso, de grande, se quedaba angustiada cada vez que la madre iba a visitarla. Elvira, la empleada doméstica de la casa de Azucena de toda la vida, cuenta que cuando la madre iba a verla no le preguntaba ni cómo estaba. Iba a buscar plata.
¿Y este elemento tan fuerte de la historia personal cómo juega en el relato?
Julián Cosenza: –Tratamos de no usarlo más que como dato biográfico, sin construir a partir de ese dato una hipótesis del tipo “Fue tan buena madre porque su madre había sido muy mala”. El dato de que no fue reconocida por su mamá y que ella apareció para hacerse cargo de su crianza cuando ya tenía 14 años es muy fuerte y sólo eso da para una película. Por eso, lo incluimos como dato de su biografía que abre una puerta, pero sin ahondar más. El núcleo del relato es el secuestro del hijo y lo que ello desencadena.
¿Con qué testimonios cuenta el relato?
Laura: –Azucena tuvo cuatro hijos: Néstor, que es quien desapareció junto a su esposa, Raquel Mangin; Pedro, Cecilia y Adrián. Pedro y Cecilia nos dieron su testimonio.Con Adrián, “Toto”, no nos contactamos, porque los hermanos nos dijeron que tuvo una mala experiencia con un reportaje que les hicieron a los tres juntos cuando aparecieron los restos de Azucena en General Lavalle y, a partir de ese momento, decidió no dar más notas
Diego: –También entrevistamos a Aída Sarti y Pepa Noia, de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora. Pepa fue una de las 14 madres de la primera ronda, el 30 de abril de 1977, y estuvo presente en el momento en que Azucena se paró en la iglesia Stella Maris, en el vicariato del Ejército, y dijo: “Vayámonos a la Plaza”.
Pepa cuenta ese instante fundacional. Y está su prima, Lidia Moreman, hija de la tía Magdalena, que era incondicional con Azucena y la acompañó a las primeras marchas. Era como una Madre más.Julián: –Y que es quien se da cuenta de que “Gustavo Niño” (Astiz) era un infiltrado. Lidia cuenta en el documental que ella le decía a Azucena: “Este tipo es cana”, incluso, adelante de él. “No le des datos.”
Pero Azucena le abrió las puertas de su casa. Los testimonios revelan que más de una vez Astiz llevó a Madres a sus casas en su auto, tras haberse metido en el grupo haciéndose pasar por hermano de un desaparecido. Tanto Lidia como el marido de Azucena le advertían que no les gustaba ese tipo...
Claudia: –Hablan también Elvira, la empleada doméstica, Enrique Arrosagaray, el biógrafo, y Lila Pastoriza, que estuvo detenida en la ESMA con Azucena y fue quien brindó el testimonio que permitió reconstruir qué pasó con ella tras su secuestro.En 2005, cuando encuentran en General Lavalle los restos de las víctimas de los vuelos de la muerte y sale a la luz la historia de Azucena, Lila se da cuenta de que Azucena Villaflor fue la mujer con la que ella había estado en la ESMA. Azucena estuvo detenida dos días en Capuchita, en diciembre del ’77. Gracias al testimonio de Lila, los hijos pudieron reconstruir cómo habían sido los últimos días de vida de su mamá. Ese testimonio está en el documental.
¿Cómo es ese testimonio de Lila Pastoriza?
Laura: –Lila cuenta que, un día, le llamó la atención que entrara un grupo de mujeres grandes: estaban, además de Azucena, las dos madres que habían sido secuestradas en la iglesia de la Santa Cruz, y estaba también una de las monjas francesas. Le llamó la atención porque le parecía un grupo de madres, o de tías, y no daban con el promedio de edad que veían entre los secuestrados en la ESMA. Lila cuenta que vio cuando se la llevaron a Azucena para torturarla y que trató de asistirla cuando volvió: tenía muchas marcas en los brazos y la notó floja, como entregada, muy caída. Pero aun así ella decía que lo único que quería era encontrar a “sus hijos”, porque eran Néstor y su nuera, Raquel. Lila cuenta eso, la vio cuando llegó, habló algunas palabras con ella, la vio cuando la trajeron de vuelta de la tortura y después, de pronto, no la vio más.
Diego: –Y habían pasado apenas dos días en “capucha” y “capuchita”, las dos dependencias del casino de oficiales de la ESMA; capucha era un altillo y capuchita era todavía peor, era como un entrepiso, pero arriba de todo, con cuchetas en el piso, con toda la gente amontonada. Lila cuenta que cuando llegó este grupo relativamente grande no había mucho lugar y quedaron más amontonados todavía. Era diciembre y el lugar no tenía ventanas prácticamente, era un hacinamiento.
Y que, mientras ellas estaban encerradas en ese altillo, afuera, en los parques de la ESMA, los chiquitos de los oficiales andaban en bicicleta. Lila relata que, una vez, dentro de un grupo que llevaban en los aviones para los vuelos de la muerte, había un tipo al que llevaron por equivocación, que, al volver, les contó que les inyectaban pentotal y con eso los dormían, los subían a los aviones y los tiraban al agua. Así se enteraron de los vuelos de la muerte.
Este testimonio nos terminó quedando afuera del documental. Pero sí incluimos las vivencias de Lila en esos pocos días compartidos en la ESMA con Azucena y lo que pasó cuando, al recuperarse sus restos, se dio cuenta de que aquella señora mayor de vestido floreado con la que recordaba que había estado hablando, era Azucena Villaflor.
HIJOS DE AZUCENA
¿Cómo fue el diálogo con los hijos de Azucena?
Claudia: –El contacto con Cecilia lo logramos a través de Aída Sarti, que tenía un vínculo muy estrecho con Azucena, que luego continuó con su hija. Una vez que nos contactaron, tuvimos una charla previa con Cecilia, porque quería saber el enfoque iba a tener nuestro trabajo, ya que había tenido experiencias insatisfactorias en relación con otros proyectos y estaba alerta. Cuando le contamos nuestra intención, enseguida nos dio la entrevista. Lo mismo pasó luego con Pedro. Tuvimos entrevistas personales previas con cada reporteado y el convencimiento fue en virtud del enfoque.
Diego: –Lo que nos encontramos en las entrevistas personales con ambos, tomando un café, primero, y con las cámaras, después, fue exactamente lo mismo. Contaron las mismas cosas, de la misma forma y con el mismo énfasis. Es su historia y es así, con la cámara o sin ella.
Muy natural. Los hijos cuentan la intimidad del vínculo con su madre, pero también cómo ella empezó a moverse para encontrar a Néstor, cuando las Madres empezaron a ir a su casa y cómo vivieron, finalmente, su desaparición. Hablan de esa intimidad también, no solo de ella como mamá.¿Y cómo fue el contacto con las Madres?
Claudia: –Aída Sarti fue nuestra primera entrevistada y se convirtió en una especie de ángel de la guarda del documental. Aída jugó un rol fundamental en la publicación de la famosa solicitada en el diario La Nación, el 10 de diciembre de 1977, el hecho que determina el secuestro de Azucena. Como Astiz estaba infiltrado en Madres sabía que estaban organizando la publicación de la solicitada, que el motor de esa movida era Azucena y que estaba pensado que saliera el 10 de diciembre. Entonces, él organiza un operativo de secuestros, que incluía a Azucena, para el día 8, en la iglesia de la Santa Cruz.
Pero le sale mal porque Azucena no va a esa iglesia ese día; las Madres estaban terminando con los preparativos de la solicitada, juntando firmas y juntando la plata, y entonces se dividen en dos grupos ese día: Aída y Azucena se van a la iglesia Betania y Astiz manda el operativo a la Santa Cruz, donde estaban otras dos Madres, Mary Ponce y Esther Careaga, a quienes secuestran junto a una de las monjas francesas. Pero a Azucena no logran secuestrarla ese día.
Laura: –Entonces, el operativo solicitada sigue adelante y el día 9 es toda una corrida, porque llevan la solicitada a La Nación escrita a mano, y les dicen que la tipeen. Lo tienen que hacer corriendo, en los sótanos del Ministerio de Economía, donde trabajaba el marido de Nora Cortiñas, que es quien las hace entrar. Y Aída permanece haciendo vigilia el día completo en el diario La Nación.
¿Cómo aparece en el documental esta historia?
Julián: –Aparece contada a través del testimonio de Aída, que, además, lee en off parte de la solicitada. Y se ve la imagen de la solicitada, le sacamos fotos de un ejemplar guardado en la biblioteca del Congreso. En el ejemplar que había comprado Azucena aquella mañana del 10 de diciembre había salido la hoja prensada, como fruncidita, pero en el ejemplar que conservan en la hemeroteca del Congreso está bien. La solicitada es bien grande, ocupa casi toda una página: “Sólo pedimos la verdad”.
Claudia: –Aída era muy unida a Azucena y estuvo en su casa la noche anterior a que la secuestraran. Recuerdo que fuimos con Diego a verla y nos abrió su corazón: nos dio todo, nos mostró todo, nos contó todo. Nos mostró las pancartas que usaban para las marchas los jueves, el boletín de la hija desaparecida.
Fue la primera entrevistada y quien nos abrió las puertas con Cecilia. Tan estrecho fue el vínculo que se nos ocurrió la idea de que Aída fuera la voz de los off del documental. Y de hecho lo es. Y Julián la hizo actuar como parte de la artística que abre el documental. La vimos unas 15 veces desde que empezamos el documental y vino a la UNLaM a grabar.Diego:
–Las Madres nos abrieron sus puertas, nos invitaron a marchar con ellas, fuimos a la Plaza con ellas y nos dejaron filmarlas. Nos dieron todo.
¿Qué revela el testimonio de Elvira, la última persona que vio a Azucena antes del secuestro?
Diego: –Elvira cuenta la mañana en la que vio a Azucena irse caminando, con su bastón y con la bolsa de los mandados. Su testimonio lo tomamos en la misma casa de Azucena. En un momento, ella vuelve la mirada hacia la dirección por la que se fue Azucena y cuando corre la mirada empieza a recordar realmente cuando Azucena se estaba yendo por la mitad de la calle y se pone a llorar.
Ese es el testimonio real, lo más puro que hay, cuando se puede retroceder realmente en el tiempo, despojándose de todo lo que hay alrededor. Y entonces cuenta en la entrevista la imagen que ella tenía en la cabeza.Esa no es una reconstrucción treinta años después: es la recuperación de aquella sensación. Ella mira a la calle como si la estuviera viendo irse otra vez.
PEDRO Y NESTOR
¿Qué aprendizajes les transmitió hacer este documental?Claudia: –Este documental nos dio la oportunidad de descubrir a una persona maravillosa y dar con la intimidad de aquel instante fundacional de Madres, con un sentimiento muy puro, con la fuerza del amor y los intereses nobles que dieron origen a un movimiento maravilloso.
Julián: –Investigar sobre la historia de vida de una persona, descubrir quién era y qué hizo, y darte cuenta de que no sabías nada de ella, te da la pauta de lo valioso que es trabajar con una figura de relevancia pública pero cuya historia, a la vez, es relativamente desconocida. Es como descubrir un pequeño tesoro.
Diego: –Esta realización nos llevó dos años. Mi mayor aprendizaje es lo que está plasmado. Otra cosa que me dejó es la reflexión sobre cuánto está dispuesto a sacrificar realmente uno por una causa; muchas veces uno dice “daría la vida por tal cosa” y hay que ver hasta qué punto efectivamente eso es cierto, como lo fue en esta historia.
Y después, es que el amor de una madre no tiene límites, realmente no tiene límites. Eso te hace pensar que cuando vos discutís con tu vieja, te peleás o la mandás a cagar, quizá no te ponés a pensar que el amor de una madre hacia un hijo realmente no tiene ningún límite. Eso a mí me hizo replantear un montón de cosas. A veces nos enojamos por tantas cosas banales y quizás no les damos a nuestras viejas el abrazo a tiempo que le tenés que dar, esas cosas que te quedan..
.(Silencio. La entrevista termina con todos emocionados.)
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