Militares uruguayos y argentinos se asociaban en secuestros extorsivos
El periodista compatriota Roger Rodríguez presentó ayer ante a Justicia argentina, un documento inédito con sellos del Ministerio de Defensa de Uruguay, en el que consta el viaje de la nuera del poeta Juan Gelman, a bordo de un avión de Pluna desde Argentina a nuestro país.
Así lo informa esta mañana el diario Página 12, el que añade que María Claudia García, los hermanos Anatole y Victoria Julien, y María del Carmen, otra secuestrada con indicios de embarazo de la que se omitió el apellido, fueron trasladados a Montevideo el 17 de octubre de 1976.
El documento hallado, deja constancia que los “detenidos” eran enviados para ser “interrogados” por orden del canciller uruguayo, y lleva las firmas de Jose Gavazzo y de Jorge Silveira. Roger Rodríguez dijo que el documento recién pudo ser chequeado el fin de semana último en Buenos Aires, e incluso encontró a la pasajera María del Carmen a la que entrevistó, pero la mujer negó de plano tocar el tema. “Ya sufrimos mucho por todo eso”, le dijo, de lo que puede deducirse que lo relatado en el documento, ocurrió. La mujer pertenece a una familia de alcurnia en Argentina. Este último punto es importante, en tanto explicaría porque todos estos argentinos fueron trasladados a Uruguay: los secuestros habían dejado de ser políticos para transformarse en extorsivos.
El periodista uruguayo, presentó la documentación ante el Tribunal Oral Federal 6, ante el fiscal Martín Niklison, quien le consultó sobre más detalles del caso. Sin embargo lo único confirmado es que María Claudia no viajó en el “primer vuelo” ya que los sobrevivientes al mismo, recuerdan la presencia de una argentina, y el llanto de un bebe.
UN DOCUMENTO DE LA DICTADURA URUGUAYA REVELA CUANDO Y COMO FUE LLEVADA A MONTEVIDEO LA NUERA DE JUAN GELMAN
Nuevos datos sobre el traslado, 35 años después
El periodista uruguayo Roger Rodríguez presentó ante la Justicia un documento del Ministerio de Defensa de Uruguay donde consta que María Claudia García Iruretagoyena y otros secuestrados fueron llevados el 17 de octubre de 1976 en un avión de Pluna
Por Alejandra Dandan
La investigación por la apropiación de Macarena Gelman todavía tiene puntos oscuros. ¿Por qué los represores se llevaron del país a María Claudia García Iruretagoyena, la nuera del poeta Juan Gelman? ¿Por qué a Uruguay? Y un punto más específico: nunca hubo certezas sobre el momento y el modo en que salió embarazada y secuestrada hacia Montevideo.
Ayer, en la audiencia del juicio por el plan sistemático de apropiación de bebés, declaró el periodista uruguayo Roger Rodríguez, investigador de los derroteros y efectos de las dictaduras del Cono Sur. Reveló un documento hasta ahora inédito, con siglas del Ministerio de Defensa de Uruguay, que indica que el viaje se hizo el 17 de octubre de 1976 a bordo de un avión de Pluna, desde Ezeiza hasta el aeropuerto de Carrasco.
Claudia viajaba en calidad de detenida con otras tres personas secuestradas: los hermanos Anatole y Victoria Julien y María del Carmen, otra secuestrada con indicios de un embarazo, de quien se omitió dar públicamente el nombre. El documento lleva las firmas del general José Gavazzo y de Jorge Silveira, jerarcas uruguayos de la dictadura y operadores del Plan Cóndor en Buenos Aires. Según el documento, ambos dejan constancia de que enviaban a los “detenidos” para ser “interrogados” por orden del canciller uruguayo.
Rodríguez terminó de chequear la validez de esa prueba este último fin de semana en Buenos Aires, a partir de un contacto con la pasajera número cuatro. Los papeles están ahora en poder del Tribunal Oral Federal 6 y empezarán a ser evaluados.
Durante la declaración, el fiscal Martín Niklison le preguntó a Rodríguez por ese traslado. ¿Logró reconstruir algo de cómo fue? ¿Cuándo?, preguntó. Los datos que hasta ahora se tenían eran escasos. Se sabía que María Claudia no había viajado como parte del llamado “primer vuelo” de los uruguayos, porque los sobrevivientes empezaron a registrar la presencia de una argentina, el embarazo, el operativo para trasladarla para parir y el llanto de la niña, tiempo después.“Ese es uno de los temas que no queda claro hasta ahora”, dijo. “Hasta hora, porque 48 horas atrás, desde el viernes, traté de chequear con un trabajo de campo en Buenos Aires algunos datos en relación con la confirmación de un documento que también voy a entregar al Tribunal, donde constaría el dato que yo no podía confirmar hasta ahora.
”El documento, dijo, “es del Ministerio de Defensa uruguayo. Silveira y Gavazzo dejan constancia por orden del canciller uruguayo del movimiento de traslado de cuatro personas el 17 de octubre del ’76: esas personas son María Claudia Gelman, Anatole y Victoria Julien y María del Carmen”.
El vuelo es el vuelo 123 de Pluna, que tiene salida a la 0.07 de Ezeiza en Buenos Aires e ingreso a la 1.45 en Uruguay. “La fecha era de un domingo, una fecha particular en el calendario argentino y nombraba a esas personas”, explicó.El fin de semana pasado, Rodríguez se fue a buscar a esa cuarta pasajera del avión. “Encontré a esta María del Carmen –dijo–, y esta persona en su negativa parecía estar confirmando que efectivamente lo hizo.
Me dijo: ‘Yo no quiero saber más nada de esto, no me metan en líos, ya bastante mal la pasé’. Otro tanto dijo su marido.” Por esa respuesta, el nombre de la cuarta pasajera quedó en reserva. Se sabe, sin embargo, que su apellido pertenece a una familia de alcurnia, un dato que en su investigación alimenta la hipótesis de que pudo haber sido un secuestro enmarcado en las operaciones extorsivas que se habilitaron desde el centro clandestino Automotores Orletti, donde estuvieron María Claudia y los Julien.
Orletti era la base del Cóndor en Buenos Aires, pertenecía a la estructura de la SIDE. Adentro operaban Aníbal Gordon y la patota integrada entre otros por Eduardo Ruffo, desde donde no sólo se hacían secuestros políticos, sino también negocios. “Orletti era además un lugar de extracción económica”, dijo Rodríguez. “Hubo dos períodos respecto de los uruguayos: uno primero en junio que genera un traslado a Uruguay con 23 uruguayos que quedan en la SID (Secretaría de Informaciones de Defensa uruguaya) y luego hasta septiembre no hay más uruguayos en Orletti.
En septiembre comienza un segundo operativo en el que, a diferencia de los primeros, están todos desaparecidos.”Cuando Orletti se cerró, los argentinos devolvieron a Uruguay a los detenidos-desaparecidos de ese país. Respecto de los niños, como los casos de Mariana Zaffaroni Islas, los Julien o María Claudia, que fueron trasladados a Uruguay, o Simón Riquelo que quedó en Buenos Aires, Rodríguez cree que pensó: “Los niños de unos quedaban en el país del otro para que no vuelvan a ser encontrados”.
Los efectos
Visto hacia atrás, el documento echa luz sobre testimonios y elementos hasta ahora sin explicación. El periodista se detuvo en algunos ejemplos, entre ellos uno de los relatos que viene haciendo hace años Sara Méndez. Ella, que pasó por Orletti, estuvo secuestrada también en la SID y fue una de las que escuchó el llanto de la hija de María Claudia, siempre habló de la presencia de una segunda mujer embarazada.
La cuarta pasajera sería según Rodríguez, “la segunda persona que está viviendo en una provincia argentina”.También cobra sentido un dato sobre el que le hablaron sus fuentes militares uruguayas cuando todavía buscaba a María Claudia Iruretagoyena. “Nosotros la devolvimos en Argentina”, decían. O el dato de los sobrevivientes de Orletti que sitúan a María Claudia presente en ese centro clandestino aún el 9 de octubre.“Creo que es el momento de entregarlo”, dijo después sobre el documento. “Traté de confirmarlo, están las direcciones de esa mujer.
Está esa reacción que, en mi carácter de periodista, tiene el carácter confirmatorio de que algo sabe.”La lista de traslados se la dio un militar uruguayo del que se reservó el nombre. Poco después, la presidenta del Tribunal, María del Carmen Roqueta, leyó en voz alta el documento.“Por orden del señor canciller doctor Juan Carlos Blanco se nos encomienda (el traslado de) María del Carmen...; Claudia García Gelman; Anatole Casares Grisone; Victoria Cáseres Grisone, estos últimos menores, a efectos de interrogaciones en Montevideo.
Las dos primeras personas presentan síntomas de embarazo.” Se lee en un caso, la mención a 38 semanas de embarazo. Y luego el número de vuelo, el horario, la indicación de los dos aeropuertos.
Y luego: “A la llegada hago entrega de documentos de los detenidos en Buenos Aires para evaluación del mayor Martínez”. Las firmas son de Jorge Silveira y Gavazzo.Para Rodríguez, el vuelo de María Claudia se dio en lo que llama el “contexto del segundo vuelo”.
Hubo un vuelo clave el 5 de octubre, un dato que fue confirmado años después, a partir de su investigación, por la fuerza aérea uruguaya. Y hubo otros vuelos después. Mencionó otro del 27 de noviembre, del que también participó Gavazzo. Blanco está detenido desde 2006.
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CASO LUZARDO. "EXTEMPORANEO PLANTEO"
Tribunal rechazó recusación del Goyo
Con el voto unánime de sus integrantes, por ser "improponible".
El Tribunal de Apelaciones en lo Penal (TAP) de 4º Turno rechazó el incidente de recusación contra el juez Penal de 1er. Turno, Juan Carlos Fernández Lecchini, promovido por la defensa del ex dictador Gregorio "Goyo" Álvarez, en el marco de la indagatoria penal por la muerte de Roberto Luzardo, en 1973.La Sala desestimó, con el voto unánime de sus integrantes, la recusación "por ser manifiestamente improponible por razones de forma", por cuanto el escrito fue presentado fuera del plazo previsto para interponer el recurso, según el fallo al cual accedió LA REPÚBLICA.
El ex dictador recusó al juez Fernández Lecchini en virtud de discrepancias con la conducción del proceso, la aparente desigualdad en el trato con el Ministerio Público y la "apreciación de la prueba testimonial". La defensa fue "discriminada" y "tratada en forma desigual", lo cual configuraría "la hipótesis de parcialidad" prevista en el artículo 325 del Código General del Proceso (CGP) y el necesario apartamiento del juez Fernández Lecchini, según argumentó el abogado Pedro Montano.Empero, "sin entrar a considerar las causas que denuncia el recusante (y sin perjuicio del tratamiento que de las mismas pudiera corresponder en el resto de la impugnación si hubieren sido invocadas como agravios), la demanda debe rechazarse en virtud de su extemporáneo planteo", expresa la sentencia.
El fallo implica un nuevo revés judicial para los abogados de militares indagados, procesados o condenados por crímenes de la dictadura. El TAP de 3er. Turno rechazó recientemente los dos incidentes de recusación planteados contra la jueza Penal de 7º Turno, Mariana Mota, por cuestionamientos a su imparcialidad para juzgar causas por crímenes de la dictadura, en atención de su presunta participación en la 16ª Marcha del Silencio.
"El hecho de hallarse presente en la vía pública en el momento que se estaba realizando la multicitada marcha, sin haber concurrido allí con la expresa intención de participar activamente de la misma, y sin haberlo hecho en la práctica una vez que ocasionalmente se encontró con ella, no cuestiona la imparcialidad de la doctora Mota para seguir conociendo en estos hechos de pública notoriedad", expresó el TAP.
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DEDITO A DEDITO
No querían Ñato, dos platos...
Martín Lees
“Bienvenido al club” dirá el ministro de Economía y Finanzas, Fernando Lorenzo, a Eleuterio Fernando Huidobro cuando lo reciba en el Consejo de Ministros.El sorpresivo alejamiento de Luis Rosadilla del Ministerio de Defensa había provocado una “pérdida irreparable” para el gobierno, según palabras del propio presidente José Mujica.
Problemas de salud que se agudizaban con el stress laboral, y un inminente tratamiento con internación, obligaron a Rosadilla a dejar la Secretaria de Estado en la que se desempeñaba desde la instalación del nuevo período de gobierno frenteamplista.
Mujica considera que para un gobierno de izquierda, la cartera de Defensa es la más difícil, si ese gobierno no se hace el distraído o mira para el costado.Para el presidente, el Ministerio de Defensa constituye -junto a Interior y Relaciones Exteriores- uno de los tres pilares sobre los que se asienta la estabilidad institucional del país
.Por eso había dado una primera pista sobre el perfil que buscaba para el cargo: un hombre de la vieja guardia, de su absoluta confianza política, pero con experiencia en la gestión.
Los caminos conducían a tres hombres del “riñón” presidencial: Eleuterio Fernández Huidobro, Eduardo Bonomi y Julio Baráibar.
La posibilidad de Bonomi no fue considerada y el presidente se aseguró este jueves una primera respuesta favorable: la del embajador itinerante, ex director nacional, subsecretario y ministro de Trabajo, Julio Baráibar.Tan es así, que en la misma noche del jueves, legisladores del MPP recibieron la información de que el nombramiento se formalizaría durante la reunión del Consejo de Ministros especial de este viernes.
Baráibar es un hombre de consulta permanente del presidente en la Torre Ejecutiva, donde se le ve entrar y salir todos los días, llegando en su propio vehículo color azul metalizado.Hábil negociador, conciliador, sereno en sus expresiones, de trato afable pero reservado en el manejo de los temas de gobierno, era un candidato cantado. Y al decir de un burrero de ley, que cuesta encontrar en filas de la izquierda, su designación “pagaba dos pesos”.Pero el presidente tenía el “dos de la muestra” y sin cantar truco, esta mañana sorprendió a propio y ajenos en el Consejo de Ministros.
Eleuterio Fernández Huidobro ni siquiera pudo pensar en la respuesta que daría a Mujica.Siempre dijo ser “un soldado del presidente” que se cuadraría ante él cuando se lo pidiera.
Cuando renunció hace poco tiempo al Senado, afirmó que no se iría para su casa y que iba a seguir militando por la causa “del Pepe”.Los años de cuartel acumulados y el período en el Ministerio que sumará ahora, tal vez le dan razón al futuro jerarca en su “pretensión” siempre reivindicada públicamente de cobrar una jubilación de la Caja Militar.
La herencia fundamental de la dictadura es la Impunidad
Por ALVARO RICO
El viernes 15 de abril, a pocas horas de haberse aprobado en el Senado la anulación de la ley de caducidad, la periodista Sonia Breccia entrevistó en su programa de Canal 5, al Dr. Álvaro Rico. El académico es el actual Decano de la Facultad de Humanidades e investigador y autor de varios libros sobre el periodo de la dictadura 1973-1984.
La periodista inquirió al investigador sobre lo realizado y la realidad presente sobre los derechos humanos. Lo que sigue es la versión tomada por La ONDA digital de la grabación del programa.
Los trabajos, como se sabe, los hemos realizado y los seguimos realizando en base a un convenio que la Universidad de la República tiene con la Presidencia, para la búsqueda de restos de detenidos desaparecidos el equipo de arqueología y - en mi caso - para la coordinación del equipo de historiadores en la búsqueda de documentación en archivos del estado sobre el período de la dictadura, la desaparición forzada y el asesinato político.
Creemos que no puede haber justicia sin verdad histórica y - muy modestamente - estas investigaciones realizadas y sus resultados, junto a otras investigaciones que se han y se siguen realizando, creemos que son aportes invalorables. Sobre todo estas investigaciones que tienen un soporte documental muy importante para la actuación de la justicia en los casos denunciados como violaciones a los derechos humanos durante el período de la dictadura.
Las investigaciones han podido profundizar en el fenómeno de la desaparición forzada y en el fenómeno del asesinato político y de la prisión masiva y prolongada de ciudadanos uruguayos, como una metodología implantada por la dictadura entre 1973 y 1985 y sus antecedentes desde los años 60, en esa transición hacia el autoritarismo que nuestro país recorrió, donde también - recordemos - el primer detenido desaparecido (del cual se va a cumplir 40 años de ese hecho) fue en 1971, o sea, bajo el estado de derecho y bajo democracia. Decía que las investigaciones han aportado documentación que permiten avanzar y confirmar un universo de víctimas que, en las políticas de silenciamiento y de ocultamiento, tampoco queda muy claro. ¿Cuántos fueron? ¿Cuántos niños fueron? ¿Qué procedencia tiene? ¿Qué historia tiene?
Hoy nosotros podemos decir, aunque son avances parciales, porque las investigaciones continúan, que durante ese período, estamos hablando de un total de 177 detenidos desaparecidos y de 116 asesinados políticos y de un universo (por lo menos documentado por nosotros) de casi 6000 presos políticos durante la dictadura. Y en esa cantidad de presos políticos, la documentación que hemos podido encontrar para el caso de las mujeres, de 756 mujeres presas en el penal de Punta de Rieles, por lo menos hasta el año 1979 y de 159 presas políticas en el penal de Paso de los Toros. Pero creemos que no solamente aportamos en investigar acerca de las historias personales de este universo de víctimas, sino también en poder contextualizar los hechos que produjeron esas desapariciones y esos asesinatos políticos. Entonces, documentar que la causal política fue determinante para las acciones represivas y punitivas del estado uruguayo. Así como hay causales de raza o causales religiosas para los genocidios históricos que nosotros conocemos en otros contextos históricos y en otros países, la causal política fue la fundamental para provocar este genocidio a escala de nuestro país en los períodos de la dictadura. Fíjate que 136 detenidos desaparecidos del universo del que hablé, lo fueron por razones políticas. Es decir, desaparecieron en el contexto de grandes operativos represivos organizados por las fuerzas de seguridad del estado uruguayo y en coordinación con las fuerzas represivas argentinas, que tenían como objetivo fundamental el desmantelamiento de las organizaciones políticas de pertenencia y el aniquilamiento físico de sus integrantes.
Nos parece que esos hechos, de ese universo de 177 detenidos desaparecidos, 16 menores de edad fueron secuestrados temporalmente y aún hay 3 que continúan desaparecidos en nuestro país. Sesenta y cuatro desaparecidos fueron detenidos en su domicilio y en su trabajo. No en ninguna acción de enfrentamiento armado en esa circunstancia. Setenta y ocho de ellos fueron detenidos en la noche y en la madrugada, o sea, mientras dormían, no estaban participando de ninguna acción. La mayoría de esos detenidos desaparecidos no registran antecedentes políticos previos a las acciones punitivas del estado. Y lo mismo podríamos decir con relación a los presos y a los asesinados políticos: 23 mujeres (dentro de los 116 asesinados políticos).
La mayoría de ellos - y este es un dato muy importante a tener en cuenta - 68 de esos 116, lo fueron en prisión. O sea, murieron como resultado de las políticas de hostigamiento carcelario, de dureza del tratamiento carcelario, por torturas o por no tratamiento a tiempo de enfermedades que poseían o que fueron adquiriendo en situaciones de cárcel. Y nosotros creemos que este dato, que vincula el asesinato a la cárcel y el otro dato que yo señalaba, de la prisión masiva y prolongada, en la cantidad que indiqué simplemente como ejemplo, no está desligado del problema que hoy tenemos en el Uruguay y en democracia sobre el problema carcelario, sobre la población carcelaria, sobre los derechos humanos de los presos y sobre los menores infractores. Es decir, hay una continuidad dictadura y democracia, que hace del problema carcelario y de las poblaciones en gran cantidad de presos, un problema en la larga duración de la historia de nuestro país en democracia y en dictadura.
Creo que este es un dato muy importante en sí mismo. Pero, además, por lo siguiente: porque el enfoque que nosotros tenemos para investigar el fenómeno de la dictadura, bajo el acuerdo con Presidencia o en la Universidad de la República, sin ninguna duda es un enfoque historiográfico que intenta, fundamentalmente, reconstruir los hechos, datar los hechos, organizarlos en el tiempo y vincularlos. Pero también, es una preocupación fundamental de nuestras investigaciones, ver las continuidades de la dictadura en la democracia, por cuanto las dictaduras, más allá de su temporalidad, más allá de su duración, generan - por estas prácticas represivas - efectos duraderos en el presente de los uruguayos, que inciden sobre la sociedad y sobre el comportamiento individual. Y aunque esto no esté incorporado en el discurso político dominante, porque muchas veces estos fenómenos de violencia, de encarcelamiento, de infracción, se analizan como si surgieran hoy, sin ninguna duda la reconstrucción histórica permite ver esa continuidad y esa duración media de fenómenos que son problemas para la sociedad uruguaya.
En ese sentido, por ejemplo, una de las herencias fundamentales de la dictadura y de las arbitrariedades cometidas por el Estado en dictadura, es la impunidad. Y la impunidad, no solamente en una acepción limitada, referida a “el no castigo” a quienes cometieron delitos de lesa humanidad durante la dictadura. No solamente en ese sentido limitado que sí es impunidad. También en un sentido más general. Intentar explicar la impunidad, como una forma de relacionamiento social de los uruguayos hoy día. Que explica, en muchos sentidos, otros silenciamientos, ocultamientos, complicidades, discursos políticos mentirosos - aún del pasado reciente - para generar efectos políticos actuales en el Uruguay democrático.
Entonces, de alguna manera, la impunidad es una continuidad de la arbitrariedad del Estado, pero - además - transformada, lamentablemente, hoy por hoy, en una forma de relacionamiento de los uruguayos, que tiende a esto. A no asumir responsabilidades por nuestros actos, a subir la apuesta porque - total - “a mi no me pasa nada”. A subir la apuesta con el alcohol, a subir la apuesta con la velocidad, porque soy impune, omnipotente, no me pasa nada.
Entonces, creemos que esa continuidad de la dictadura en democracia - y la ley de impunidad lo confirma - asienta buena parte de la desconfianza de los uruguayos hacia las instituciones y hacia el Estado, en particular. Así como aquel estado idealizado, de la época del Uruguay batllista, protector, ejemplar, integrador, nos dio la sorpresa - en aquel camino al autoritarismo que recorrimos entre el 68 y el 73 - de auto-transformarse en un estado autoritario, en un estado violentista y, después, en un estado terrorista, no dando garantías a la vida de las personas y violando - desde el estado - los derechos ciudadanos, bueno, el estado que reniega al castigo de los violadores de los derechos humanos - bajo el período de la dictadura - también asienta la desconfianza de nosotros (uruguayos) hacia los fines de justicia, de bienestar y de seguridad de nuestro propio estado.
Entonces, pienso que eso es parte de esas continuidades de la dictadura a la democracia, que reestructuran formas de relaciones sociales y políticas, que se instalan en la cotidianeidad nuestra y que muchas veces le buscamos explicaciones a fenómenos que transcurren - repito - como si los mismos surgieran de hoy para mañana. Y, de alguna manera, pienso también que esta impunidad y esta desconfianza hacia las funciones tradicionales del estado de derecho uruguayo, también tiene una incidencia fundamental en un tercer aspecto: las dificultades que tenemos los uruguayos para amistarnos nuevamente. Períodos históricos en los cuales la enemistad, la construcción de enemigos, el discurso estigmatizador, fue construyendo - también - una forma de interrelacionamiento interpersonal e intergrupal. Y esas formas construidas desde los años 60 y bajo dictadura, se trasladan hoy - en democracia - a la imposibilidad de recomponer una comunidad y relaciones de amistad. Es decir, sigue predominando la diferenciación, sigue predominando el estigma, sigue predominando la catalogación, incluso, sobre actitudes que cada uno pudo asumir en el pasado reciente, pero que están dando cuenta - en el presente - de que esta democracia, siendo desde el punto de vista político consolidada, esta democracia, desde el punto de vista cultural, desde el punto de vista social, desde el punto de vista de nuestros relacionamientos interpersonales, deja mucho que desear. Y esto tiene que ver, no con la voluntad del sistema político, sino que tiene que ver con nuestro pasado reciente y con cómo ese sistema político reprodujo y continuó - en buena medida - ciertas lógicas de ese pasado reciente autoritario

El 8 de enero de 1973 moría asesinada en Recife (Brasil) Soledad Barrett Viedma.
Francisco Corral ABC (Paraguay)
Cuando en 1977 llegué por primera vez a Asunción, Soledad Barrett permanecía viva en la retina de muchos. Su trágica muerte, ocurrida cuatro años antes, aún despertaba el horror y las lágrimas de quienes la habían conocido. Todos la recordaban como una joven adorable, extraordinariamente bella y dotada de un especial encanto personal
con tu pinta muchacha
pudiste ser modelo
actriz
miss paraguay
carátula
almanaque
Poseía, además, esa particular gracia para el canto y la danza que brota como una armonía natural en muchas mujeres paraguayas. Quienes la escuchaban, quedaban inevitablemente deslumbrados por la magia suave de su sonrisa y de su voz
con sólo colocárteles en frente
sólo mirarlos
sólo sonreír
sólo cantar cielitos cara al cielo
Pero si notable era su belleza física y su atractivo externo, no era menor la integridad de su personalidad y de su carácter: bondadosa, solidaria, sensible a todos los dolores ajenos e indiferente a los propios, rebelde frente a las injusticias, decidida, valiente. Soledad poseía una sólida conciencia moral que la impedía permanecer indiferente ante el despotismo y la empujaba a colocarse al lado de los oprimidos.
Se diría que los ardientes e incisivos escritos de su abuelo, la denuncia dolorida de la explotación que Rafael Barrett había plasmado, por ejemplo, en "El dolor paraguayo", se habían hecho carne viva en la persona de la nieta.
pero el abuelo Rafael el viejo anarco
te tironeaba fuertemente la sangre
y vos sentías callada esos tirones
¿Quién podría sospechar que la vida injusta y cruel (o mejor dicho, la cruel condición de los seres humanos) iba a deparar a esta joven extraordinaria uno de los destinos más terribles que la mente humana pueda imaginar?
Paraguay, Uruguay, Cuba y Brasil
Había nacido el 6 de enero de 1945 en Paraguay. Y quienes gusten de cábalas o concedan algún valor al ciego azar de las fechas del calendario, anoten la curiosidad de que su abuelo Rafael había nacido un día después, el 7 de enero; y un día más tarde, el 8 de enero, fue la fecha fatídica de su propia muerte.
Soledad se exilió en Uruguay con sus padres y vivió en Montevideo buena parte de su juventud. Allí protagonizó en julio de 1962 un incidente que tuvo amplia repercusión en la opinión pública uruguaya: un grupo neo-nazi la raptó en su condición de destacada dirigente estudiantil y con amenazas de muerte quisieron obligarla a gritar sus consignas. Como Soledad se resistió, le grabaron con una navaja cruces gamadas en la carne.
hace diez años tu adolescencia fue noticia te tajearon los muslos porque no quisiste gritar viva Hitler ni abajo Fidel
Era el comienzo de la violencia que en Uruguay llevaría a la instauración del régimen militar. Y Soledad tuvo que abandonar también ese país. Vivió varios años en Cuba y allí conoció al brasileño José María Ferreira de Araujo; se casaron y tuvieron una hija. Él volvió a Brasil en 1970 para integrarse a los grupos que en aquellos años aspiraban a realizar la revolución socialista inspirados en el ejemplo cubano. Un año después, Soledad le siguió. Al poco tiempo de llegar a Brasil supo que José María había sido apresado y muerto. Soledad encontró en esa muerte un motivo más para seguir en la lucha contra las dictaduras que por aquellos años dominaban los países latinoamericanos.
Entra en escena el "Cabo Anselmo"
Se llamaba Anselmo dos Santos y había tenido una actuación muy relevante en la política brasileña de los años 60. Fue uno de los líderes del llamado "movimiento de los marineros" que en 1963 se atrevió a desafiar la rígida estructura militar de la Marina reclamando condiciones dignas y el elemental respeto a la dignidad humana de los soldados. Bien es verdad que la situación política era favorable: el gobierno progresista de Joao Gulart no veía con malos ojos esas reivindicaciones.
El 30 de marzo de 1964, cuando sólo tenía 24 años, el Cabo Anselmo tuvo su gran día de gloria. Como portavoz de los marineros que estaban amotinados, Anselmo compartió la tribuna nada menos que con el propio presidente de la República, João Gulart, en un momento trascendental para la historia de Brasil, una de las ocasiones que todos los libros de historia recogen. Fue en el local del Automóvil Club de Río de Janeiro, en un acto público que se recuerda como el último discurso de Gulart. A las pocas horas, al amanecer del día siguiente, se produjo el golpe de Estado que iniciaba 21 años de dictadura militar en Brasil.

Como el personaje destacado que era, Anselmo fue expulsado del ejército en uno de los primeros decretos que firmó el nuevo gobierno militar y empezó a ser buscado intensamente. Consiguió asilarse en la embajada de México, pero luego renunció al asilo y abandonó la embajada para integrarse en los grupos que se mantenían en la clandestinidad. Poco después fue preso y permaneció detenido durante varios meses hasta que consiguió escapar de la prisión y salir de Brasil.
Tras una corta estancia en Montevideo, viajó a Cuba donde permaneció desde finales de 1965 hasta el 15 de septiembre de 1970, fecha en que regresó a Brasil con identidad falsa para unirse a la lucha clandestina que en esos momentos se estaba organizando contra la dictadura.
En la vida de Soledad se cruza el Cabo Anselmo
Anselmo era amigo y camarada del compañero de Soledad, José María Ferreira, que también había sido marinero y había participado en las revueltas de Río de Janeiro. Es seguro, por tanto, que Soledad y Anselmo coincidieron en Cuba, e incluso tal vez ya antes en Uruguay.
Cuando José María regresa de Cuba a Brasil entre junio y julio de 1970 junto con Edson Neves Cuaresma, uno de sus cometidos consistía en preparar el terreno a Anselmo y a otros que iban regresando desde el exilio. Pero coincidiendo casi con la vuelta de Anselmo (septiembre de 1970) José María es capturado y muerto.
Soledad, por su parte, como ya hemos dicho, viaja a Brasil un poco después, en los primeros meses de 1971. Y sólo en Brasil sabe de la muerte de José María.
Con el paso del tiempo, las vidas de Soledad y del viejo camarada y amigo de José María se van acercando; y Anselmo acaba convirtiéndose en el nuevo compañero de Soledad.
Pero lo terrible de la historia, es que el Cabo Anselmo... era en realidad un infiltrado, un agente al servicio de la policía.
La otra vida de Anselmo
¿Cómo y en qué momento pudo convertirse en un delator aquel joven que había llegado a ser todo un mito de la izquierda y que a los 24 años había alcanzado mayor protagonismo político que ningún otro líder revolucionario a esa edad?
Algunos, como Edgar Morel o Jarbas Marques, que le conocieron en los años 60, dicen que en aquellos momentos ya sospecharon que podía ser un agente provocador encargado de radicalizar el movimiento de los marinos para fomentar enfrentamientos que justificaran el golpe militar. Y alegan como apoyo de esa versión la extraña historia de su renuncia al asilo en la embajada de México y su posterior huída de la cárcel.
Otros, creen (y esto parece ser lo más probable) que cambió de bando cuando fue preso en São Paulo el 30 de mayo de 1971, unos ocho meses después de haber regresado de Cuba. La tortura y las amenazas de muerte habrían conseguido que Anselmo se prestara a colaborar con la policía política.
En cualquier caso, no hay ninguna duda (y él mismo lo ha confesado) de que a partir de 1971 Anselmo colabora como confidente con los más sanguinarios grupos de la represión. Y lo hace con una eficacia terrible ¿se imaginan tener como infiltrado al más emblemático joven líder revolucionario? Nadie hubiera podido nunca desconfiar del prestigioso líder de los marineros.
La razón se resiste a aceptar que alguien pueda llegar a tal grado de inhumanidad y de vileza como para denunciar sistemáticamente durante casi dos años a decenas (tal ven centenares) de compañeros, lo que significaba entregarles a la tortura y la muerte. Pero Anselmo llegó aún más lejos y completó su miserable traición entregando a los seis miembros del grupo del que él mismo formaba parte como infiltrado. Entre ellos se encontraba su propia compañera, Soledad, que además estaba embarazada.
Los seis fueron apresados, torturados y muertos.
La "masacre de la Chácara de São Bento"
La versión oficial fue la de un "enfrentamiento a tiros" ocurrido el 8 de enero de 1973 en un lugar próximo a Recife conocido como la Chácara de São Bento. En el tiroteo entre la policía y un grupo de siete subversivos, seis de ellos habrían sido muertos y uno habría conseguido escapar. El que supuestamente habría escapado sería Anselmo y mediante esa estratagema, la policía esperaba poder seguir utilizando sus servicios. No sirvió de mucho, pues la traición quedó al descubierto y Anselmo se vio obligado a desfigurar su rostro para no ser reconocido y a vivir oculto desde entonces.
Sólo a partir del año 1995, gracias a la ley nº 9.140, pudo crearse en Brasil una "Comisión Especial de Reconocimiento de los Muertos y Desaparecidos Políticos". En 1996 la Comisión se ocupó de aquel asunto y enseguida confirmó lo que siempre se había sospechado: que la versión oficial era totalmente falsa.
Se constató que uno de los seis integrantes del grupo (José Manoel da Silva) fue apresado la noche del día antes, 7 de enero, en una gasolinera. Otro de ellos (Jarbas Pereira Marques) fue detenido en la librería en la que trabajaba. Otros dos (Eudaldo Gomes da Silva y Evaldo Luiz Ferreira) en sus domicilios. Y los otros dos (Pauline Reichstul y Soledad Barrett) fueron detenidas en la boutique donde trabajaban.
Una de las testigos presenciales, Sonja María Cavalcanti, testificó ante la Comisión que "Soledad y Pauline estaban en la boutique cuando cinco hombres, diciéndose policías, invadieron el local, golpearon salvajemente a Pauline mientras Soledad, que estaba embarazada, sólo se preguntaba insistentemente ¿por qué?".. "después las dos fueron llevadas en dos autos".
Cuando le fueron mostradas fotos, la testigo identificó al Cabo Anselmo como uno de aquellos cinco hombres.
No hay palabras que puedan reflejar lo que pasaría en aquellos momentos por la cabeza de Soledad. Tan sólo la sequedad tremenda de ese repetitivo "¿por qué?" nos indica algo de su desconcierto ante la brutal densidad del drama. Ni la más terrible tragedia griega ha llegado a dibujar una situación semejante: descubrir de golpe que se ha incubado el huevo de la serpiente y que su pareja y padre de su futuro hijo se ha transfigurado en el verdugo que empujará a la muerte a sus compañeros, a ella misma y a su propio hijo antes de nacer.
mi vida entera no alcanza para creer
que puedan cerrar lo limpio de tu mirada;
no existe tormenta ni nube de sangre que puedan borrar
tu clara señal
Las declaraciones presentadas ante la Comisión son estremecedoras. Para no abundar en el horror, nos quedamos con una parte del testimonio de la abogada Mércia Alburquerque que logró entrar al depósito de cadáveres del cementerio de Santo Amaro y que describe así la escena que contempló: "Pauline estaba desnuda, tenía una perforación en el hombro y parecía haber sido muy torturada. Jarbas tenía perforaciones en la cabeza y en el pecho y marcas de cuerdas en el cuello. Soledad, también desnuda, tenía a su alrededor mucha sangre y a sus pies un feto".
Así, con esa imagen sangrienta de la crueldad, pusieron injusto fin a la vida de aquella mujer extraordinaria que fue Soledad Barrett.
Su corta existencia fue un canto de rebeldía y libertad; su final, una triste historia de lucha, amor, traición y muerte en tiempos oscuros de dictadura.
Una triste historia que no debería ser olvidada.
Soledad no viviste en soledad
por eso tu vida no se borra
simplemente se colma de señales
Soledad no moriste en soledad
por eso tu muerte no se llora
simplemente la izamos en el aire
Homenaje de
Mario Benedetti y Daniel Viglietti
Mario Benedetti y Daniel Viglietti son dos referentes de la palabra comprometida del Uruguay. No es casual que se hayan reunido y que esa reunión haya perdurado en el tiempo, abriendo un espacio que fue resignificándose con el paso de los años. En 1978, cuando el poeta y el cantautor se encontraron en el exilio en México cayeron en la cuenta de cuánto había en común en lo que estaban escribiendo cada uno por su lado y así nació la idea de encontrarse en A dos voces.
Lo que comenzó como una experiencia que respondía a la necesidad de alzar las voces y de unirlas en el exilio terminó siendo un espectáculo que mantuvieron durante 27 años, y que llevaron por distintos países, de este lado de la orilla, en 1984 en Obras Sanitarias y en 1993 en el Gran Rex, y también en Montevideo, en 1985 en el cine 18 de Julio.
Daniel Viglietti y su homenaje
a SOLEDAD BARRET
“Lo que hicimos fue un trabajo casi de hilanderos, de tejido, empezamos a tejer confluencias”, definiría más tarde Viglietti. Así se entrelazan las voces de ambos cantando y recitando en homenaje a Roque Dalton (A Roque, de Benedetti, Daltónica, de Viglietti), a Nicaragua, a Chile y Salvador Allende. Y así van desfilando clásicos de cada uno como Bandoneón y Por qué cantamos, entre lo más cantado y repetido en postales de la obra de Benedetti, La llamarada y Otra voz canta, entre los temas más conocidos del repertorio de Viglietti. Y están los versos que cada uno por su lado escribió en homenaje a Soledad Barret, la militante paraguaya secuestrada en 1962 en Montevideo y asesinada en Recife, Brasil, y que tienen un significado especial en el disco
Mario Benedetti recuerda en diálogo con Página/12 la importancia que tuvieron estos versos en el origen de A dos voces: “Con Daniel éramos muy amigos, desde hacía años. Nos encontramos en México, en el exilio, y empezamos a hablar de lo que estaba haciendo cada uno. Que esta canción, que este poema...
Nos sorprendió encontrar que los dos le habíamos escrito a Soledad Barret, porque la habíamos conocido y le teníamos mucho cariño”, cuenta el autor de Gracias por el fuego. “Empezamos a ver que teníamos otros temas comunes, y así fuimos armando un recorrido de poesía y canción.
Con el tiempo fuimos introduciendo muchos cambios en el repertorio, pero el poema y la canción de Soledad Barret siempre quedaron, son especiales para nosotros”, explica el poeta, que antes de A dos voces ya había hecho la experiencia de llevar sus versos a los escenarios junto a Alberto Favero y Nacha Guevara, con éxito masivo.
Soledad Barret y La noche de los caimanes
“Se recuerda para preparar un futuro más justo, más fraternal y sin guerras”
Arthur London
Escrito por: GRACIELA AZCÁRATE
Corría el año 1973 y en el Luna Park de Buenos Aires, Mikis Teodorakis acompañado de una orquesta sinfónica y un coro griego atronaba con su… “era la noche de los caimanes”. Los jóvenes no sabiamos que íbamos a ser traicionados.
Era el músico de la película Estado de sitio, del relato de Dan Mitrione, de Costa Gravas, de la noche de los coroneles en Grecia. Era un tiempo de apocalipsis.
Pero nosotros, la juventud de ese entonces no sabiamos nada de lo que estaba por venir.
El genial compositor griego le habia puesto musica al Canto General de Pablo Neruda que fue premonición y augurio.
En septiembre, en el Sur profundo se inicio la larga noche de espanto para los chilenos, en Buenos Aires la Triple A de López Rega desaparecía la juventud en flor y en Brasil, al empezar el año, el 8 de enero de 1973 para ser precisos mataban bajo tortura a Soledad Barret la nieta del divino Rafael Barrett el escritor anarquista español.
El 8 de enero de 1973 fue torturada y asesinada en la ciudad de Recife en el norte de Brasil, Soledad Barrett Viedma. Tenía 28 años, había nacido en Paraguay y era la nieta del periodista español Rafael Barrett. Mario Benedetti escribió en su memoria el poema "Muerte de Soledad Barrett" y Daniel Viglietti compuso la canción "Soledad".
Sus biógrafos la relatan llena de encanto y con la gracia tan particular de la
mujer paraguaya. Era bella por fuera pero por dentro la integridad de su personalidad y de su carácter bondadoso y solidario la hacia sensible a todos los dolores ajenos e indiferente a los propios. Era rebelde frente a las injusticias, decidida, valiente.
Soledad estaba poseída por la sólida conciencia moral del abuelo que le impedía permanecer indiferente ante el despotismo y la empujaba a colocarse al lado de los desdichados.
Como un mandato ancestral, como esas “cartas del pasado” que recuerdan toda una obligación generacional es posible que ella reinterpretara “los bastonazos aplicados por su abuelo al duque, que en realidad fueron, un verdadero vapuleo a toda una clase social atrincherada en sus bandidescos privilegios”.
Porque el abuelo escribió ardientes e incisivos escritos donde denuncio la explotación de los yerbatales plasmado en "El dolor paraguayo", “que se habían hecho carne viva en la persona de la nieta./pero el abuelo Rafael el viejo anarco/ te tironeaba fuertemente la sangre/ y vos sentías callada esos tirones”
Soledad Barrett nació el 6 de enero de 1945 en Paraguay. Por un juego de cábala o de azar su abuelo Rafael nació un día después en 1876, y casi un siglo después la mataron de manera innoble y a traición.
Soledad y su familia se exiliaron en Uruguay y vivió en Montevideo buena parte de su juventud. En julio de 1962, siendo una adolescente un grupo neo-nazi la raptó por su condición de dirigente estudiantil, la amenazaron de muerte, la quisieron obligar a gritar consignas por Hitler y como se negó le grabaron en carne viva una cruz gamada.
Debió exiliarse y vivió varios años en Cuba donde conoció al brasileño José María Ferreira de Araujo con el que se casó y tuvo una hija. Él regreso a Brasil en 1970 para integrarse a los grupos clandestinos que trabajaban por el socialismo pero es apresado y muerto. Ella entonces encuentra a su ángel de la muerte.
Se llamaba Anselmo dos Santos y tuvo una actuación muy relevante en la política brasileña de los años 60. Fue uno de los líderes del llamado "movimiento de los marineros" que en 1963 se atrevió a desafiar la rígida estructura militar de la Marina reclamando condiciones dignas y el elemental respeto a la dignidad humana de los solda
Desde 1971 Anselmo colaboró como confidente con los más sanguinarios grupos de la represión con una eficacia terrible.
El cabo Anselmo fue maestro de inhumanidad y vileza porque denunció sistemáticamente durante casi dos años a centenares de compañeros, lo que significaba entregarlos a la tortura y la muerte. Anselmo llegó bien lejos y completó su traición entregando a los seis miembros del grupo del que él mismo formaba parte como infiltrado. Entre ellos estaba su propia compañera, Soledad, que además estaba embarazada. Los seis fueron apresados, torturados y muertos. en lo que se llamo la masacre de la Chácara de São Bento"
La versión oficial habla de un "enfrentamiento a tiros" ocurrido el 8 de enero de 1973 en un lugar próximo a Recife conocido como la Chácara de São Bento.
Sólo a partir del año 1995, gracias a la ley 9.140, pudo crearse en Brasil una "Comisión Especial de Reconocimiento de los Muertos y Desaparecidos Políticos"
En 1996 la Comisión se ocupó de aquel asunto y confirmó que la versión oficial era falsa. De los seis integrantes del grupo, José Manoel da Silva fue apresado la noche del día antes, 7 de enero, en una gasolinera, Jarbas Pereira Marques, fue detenido en la librería en la que trabajaba, Eudaldo Gomes da Silva y Evaldo Luiz Ferreira fueron apresados en sus domicilios. Pauline Reichstul y Soledad Barrett fueron detenidas en la boutique donde trabajaban.
Una testigo presencial, Sonja María Cavalcanti, testificó ante la Comisión y dijo: "Soledad y Pauline estaban en la boutique cuando cinco hombres, diciéndose policías, invadieron el local, golpearon salvajemente a Pauline mientras Soledad, que estaba embarazada, sólo preguntaba insistentemente ¿por qué?"… "después las dos fueron llevadas en dos autos". Cuando le fueron mostradas fotos, la testigo identificó al Cabo Anselmo como uno de aquellos cinco hombres.
…Era la noche de los caimanes…y Soledad descubrió de golpe que habia incubado el huevo de la serpiente, que su pareja y el padre de su futuro hijo era el verdugo que empujó a la muerte a sus compañeros, a ella y a su propio hijo antes de nacer.
“mi vida entera no alcanza para creer/ que puedan cerrar lo limpio de tu mirada;/ no existe tormenta ni nube de sangre que puedan borrar/ tu clara señal”
Las declaraciones presentadas en 1995 ante la Comisión de reconciliación por la abogada Mércia Alburquerque que logró entrar al depósito de cadáveres del cementerio de Santo Amaro son estremecedoras: "Pauline estaba desnuda, tenía una perforación en el hombro y parecía haber sido muy torturada. Jarbas tenía perforaciones en la cabeza y marcas de cuerdas en el cuello. Soledad, también desnuda, tenía a su alrededor mucha sangre y a sus pies un feto".
CASO BERRIOS: pie de página...
DOCUMENTOS Y FECHAS...
Ayer mataron a Salvador Allende
Por José Pablo Feinmann
Sería ingenuo no creer que el 11 de septiembre que el mundo recordará será el de las Torres Gemelas antes que el de Chile. El de las Torres tuvo una audiencia en simultáneo, un público atónito que asistía, compartiéndolo, en vivo y en directo, a uno de los acontecimientos más poderosos de la historia humana. No menos poderoso fue el de Chile, pero nos tenía más acostumbrados. Sin embargo, no bien se desplegó el terror pinochetista supimos que eso era nuevo, no tenía antecedentes. Lo mismo sucedió con el terror de la Junta argentina.
Ignoro si se ha reflexionado sobre un punto (sin duda, sí; pero merece ser ofrecido otra vez al análisis): el acontecimiento de las Torres y el de Chile no sólo comparten la fecha, sino mucho más. El país de las Torres (el Imperio) fue el causante directo del septiembre chileno. Chile nada tuvo que ver con la caída de las Torres.
Pero Estados Unidos hizo el golpe de Pinochet, lo inventó a Pinochet y lo asesinó a Allende. Era parte de la política que se había otorgado para manejar las cosas en eso que llaman su “patio trasero”.Desde que llegó a la presidencia, Ke-nnedy, que era un furioso anticomunista, advirtió que –durante el llamado período de la Guerra Fría– las acciones bélicas directas no tendrían lugar entre los dos bloques hegemónicos. Había, en ellos, un exceso de técnica bélica que lo impedía.

El terror nuclear recomendaba una excesiva prudencia que los dos colosos ejercieron celosamente. Las luchas, entonces, se dieron en otras latitudes.Demoraron en advertir que en América latina los comunistas se habían posesionado de Cuba, brillante tarea de esos barbudos que habían seducido y engañado a la CIA diciéndose democráticos, y que la CIA creyó que apenas venían a tirarles abajo a ese sargento Fulgencio Batista, un sanguinario impresentable, que había hecho de Cuba un prostíbulo y un garito para la mafia. Apoyaron a los muchachos de Fidel, que les dieron una enorme y pésima sorpresa: su líder se definió y definió a su movimiento como marxista-leninista.
Decidieron aprender la lección: nunca más un Castro en América latina. Porque Estados Unidos decía no pretender apropiarse del mundo como los soviéticos, pero en verdad ya casi lo dominaba o ésa era su meta. Con justa razón, el profesor Chalmers Johnson consideró que había más simetría entre las políticas de la Unión Soviética y de los Estados Unidos de lo que los norteamericanos deseaban reconocer: “Si en el transcurso de la Guerra Fría la Unión Soviética intervino manu militari en Alemania Oriental (1953), Hungría (1957) y Checoslovaquia (1968), los Estados Unidos articularon el golpe en Irán (1953), la invasión de Guatemala (1954) y de Cuba (1961), ocuparon militarmente la República Dominicana (1965) e intervinieron en Corea (1950) y en Vietnam (donde sustentaron dictaduras y mataron a un número más grande de personas que la Unión Soviética en sus exitosas intervenciones)” (Chalmers Johnson citado por Luis Alberto Moniz Bandera en su notable ensayo: La formación del Imperio Americano).
En una comparación inevitablemente odiosa y desagradable, posiblemente la CIA sea y haya sido una organización más cruel, más asesina y, sobre todo, más responsable de la llegada de regímenes genocidas al poder que la KGB soviética. Medio mundo o más no diría esto por la prepotencia, la supremacía que tienen los medios en la formación de la subjetividad de las personas. El cine, por ejemplo (gran herramienta de propaganda de EE.UU.), siempre ha mostrado a un agente de la KGB como alguien más siniestro que uno de la CIA, que, con frecuencia, es el héroe de la película. Jack Ryan, sin ir más lejos, tuvo la pinta y el carisma de Harrison Ford. ¿Quién, en la KGB, podía competirle? Pero un serio problema se le aparece a la Administración Nixon.
En 1970, el socialista Salvador Allende, candidato de la Unidad Popular, gana de modo inobjetable las elecciones en Chile. Pese a que Allende propone una “vía pacífica” –o una “vía democrática”– al socialismo, Richard Nixon lo odia desde el primer día. Y desde ese día se propone echarlo del gobierno. Aquí debo mencionar dos documentales formidables con los que trabajo estas cuestiones y deben (creo) ser consultados: uno es casi una autobiografía de Robert McNamara y se titula
La niebla de la guerra, el otro es una pequeña obra maestra de Chistopher Hitchens, Los juicios de Henry Kissinger. En éste, Hitchens nos muestra la pasión que pone Kissinger en dejar contento a su jefe, Nixon, y demostrarle que se puede hacer con un país lo que Estados Unidos desee. No aún con Chile, porque Allende acaba de ganar muy limpiamente “y nosotros respetamos la democracia”. Nixon acepta este dogma, pero tiene claro que –en caso de llegar a imponer una dictadura– siempre es mejor una dictadura no-comunista que una comunista (ver: Luis Alberto Moniz Bandeira, La formación del Imperio Americano, p. 278).
Seguramente compartían este criterio las empresas que le hicieron saber acerca de la gravedad del asunto: la ITT, la Pepsi Cola y el Chase Manhattan Bank. Todas se comunicaron con el presidente de la CIA, Richard Helms. También lo hizo Nixon, en una reunión relámpago: se sentó, tomó un vaso de agua, dijo un par de cosas y se fue. Destinó 10 millones de dólares para la tarea de desestabilizar al “hijo de puta” –así le decía: SOB—, pidió acción inmediata, dejar de lado al embajador, poner los mejores hombres en la tarea y en 48 horas deteriorar la economía. A partir de ese punto empezaría el trabajo en serio.Kissinger tenía un buen concepto de la habilidad política de Allende: por todos los medios exhibiría que no era un satélite soviético, a lo Castro, ni siquiera un gobierno abiertamente comunista.
Pero no estaba dispuesto a mostrar que le creía. En suma, entre Nixon y Kissinger deciden hundir a Allende desde el primer día de su llegada al poder. Así se hace la historia. En tanto, en América latina se festejaba el gran paso de la llegada al gobierno por elecciones libres y democráticas de un gobierno socialista (aunque fuese con un margen leve: la Unidad Popular sólo alcanzó el 36,2%), en las oficinas de la CIA o en el despacho más privado de Nixon la tarea de destrucción ya estaba en camino.
Precisamente en Los juicios de Kissinger, el halcón Alexander Haig (que anduvo por aquí tratando de arreglar la guerra de Malvinas) lanza una exclamación con la fuerza de un escupitajo iracundo: “¿Otro Castro en América latina? ¡Por favor!” O sea, ni locos. Allende debía caer.Haig es un activo soldado de esa causa. En mi novela Carter en New York, Joe Carter le cuenta a un amigo moribundo el modo en que Haig (Alexander Higgins en la novela) se despide de Allende antes de subir al avión que lo llevará a los States, cumplida ya su tarea.
Explica: “El problema –ahora– es el Islam. Pero a los 24 años conocí al senador republicano Alexander Higgins. El hombre era un genio. Uno de los grandes cerebros que –allá por 1973– liquidó al gobierno socialista de Salvador Allende. Y que –no hacía mucho, entre un trago y otro– le había confesado ciertas cosas. ‘Sabes, Carter, Allende tenía la beatitud de un arcángel. Mas, ¿qué podía hacer yo? Sólo reconocerlo, pero no evitar mi trabajo por sentimentalismos peligrosos, que te mienten o te ciegan. La última vez que estreché su mano, poco antes del golpe que acabó con su vida, abandonaba yo la República de Chile, todo estaba ya hecho. Acerqué mi cara a la suya y en voz muy baja pero audible para él y para mí, le dije: ‘Es usted un hombre puro. Comunista o no.
Cuando le caiga encima el caos que le hemos preparado recuerde estas palabras de uno de sus enemigos. Es usted un hombre bueno, equivocado pero honesto y valiente. Estrecho su mano con orgullo, doctor Allende. Y es la última vez que lo hago’. Me miró a través de esos anteojos doctorales, de académico, de hombre culto. Dijo: ‘¿Por qué si tanto me respeta está al lado de quienes buscan mi destrucción?’ ‘Doctor, es muy simple: otra Cuba, en América latina, no.
No podemos permitir eso.’ ‘¿Y quiénes son ustedes para permitir o no lo que un pueblo ha elegido democráticamente?’ ‘Los Estados Unidos de América. Y ustedes nuestro patio trasero. No queremos más problemas por aquí. Trate de salvarse. Huya.’ ‘Nunca. Usted no me respetaría si yo huyera. Me respeta porque sabe que lucharé hasta el fin.’ ‘Lo sé. Lo que nunca sabré es por qué luchará hasta morir por una causa tan infame.’ Allende me clavó sus ojos. Diablos, cuando miraba feo podías temblar si no eras duro, si te escaseaban los cojones.
Dijo: ‘Lo que nunca sabré es cómo usted dice respetarme y es un mercenario al servicio de un imperio de asesinos’. ‘Doctor, no nacimos para entendernos. Estamos a punto de dejar de respetarnos. Y si me quedo uno o dos minutos más junto a usted acabaré por hacer el trabajo que en breve harán sus verdugos.’ ‘Parece conocerlos.’ ‘Los hemos entrenado nosotros, doctor.’ ‘¿Quién es el principal cabecilla?’ ‘¿No lo sabe? ¿Ni eso sabe?’ No dijo palabra. Todo estaba tan irrefutablemente tramado que no me importó darle el nombre del general que le habíamos destinado como verdugo. ‘Pinochet.’ ‘¿El general Pinochet?’, se asombró.

Y, muy seguro, dijo: ‘El general Pinochet es mi amigo’. ‘Doctor Allende, parto de Chile con una duda: si es usted increíblemente bueno o increíblemente tonto.’ ‘Pues yo lo despido con una certeza: usted es un perro, una escoria humana que insulta la esencia del hombre.’ ‘Lamento desilusionarlo, doctor: pero a esa esencia, de nosotros dos, la encarno yo mejor que usted. Le dejo una enseñanza antes de irme: usted, como comunista, cree que esa esencia es buena y bastará que ella triunfe para que los hombres sean libres. Nosotros creemos que es mala. Que es egoísta y sólo el dinero le importa. Por eso los matamos y los seguiremos matando y les ganaremos todas las guerras. Piénselo.’” (Carter en New York, ed. cit. pp. 105/106/107).
El otro decisivo factor que derrocó a Allende fue “el decano de la prensa chilena”, el centenario periódico El Mercurio. Agustín Edwards, su director, viajó hasta las oficinas de Nixon y volvió con dos millones de dólares para la tarea democrática a emprender. Desde sus páginas inflamadas de patriotismo anticomunista, El Mercurio llamó a la lucha a las conchetas chilenas, que son temibles. Inauguraron la moda de las cacerolas.Todo está dicho.
Allende se refugia en La Moneda y dice que no habrá de huir. Ahí se queda. Se hunde con su barco. Tiene puesto un casco de guerra y sostiene una metralleta. Da un último discurso: “Trabajadores de mi Patria, tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo en el que la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”. Don Agustín Edwards, director del “decano de la prensa chilena”, habrá brindado con buen champán. Las conchetas, felices.
Los obreros, perseguidos y asesinados. Allá, en el Norte, la CIA, Nixon y Kissinger, satisfechos. Allende se suicidó o lo mataron. Pero estuvo en su puesto hasta último momento. El 11 de septiembre que América latina recuerda y llora es éste.
El otro, el de las Torres, ni sabemos quién lo hizo. Y, emperradamente, como le habría gustado a don Salvador, seguiremos creyendo que alguna vez, más tarde o más temprano, se abrirán las grandes alamedas.
Y el primero en pasar por ellas será don Salvador Allende. Una enorme pancarta con su cara de hombre bueno, que soñó un sueño tal vez imposible, pero que él sostuvo hasta el final. Así, pocos, Salud, héroe, mártir, ejemplo perenne. En usted se encarnó lo mejor de la condición humana.
Delitos. Impuntan "secuestro" y "asociación ilícita"
Caso Berríos: condena para
los militares uruguayos
La Justicia chilena condenó a tres militares uruguayos por su participación efectiva en los hechos que desencadenaron el crimen del bioquímico chileno, Eugenio Berríos. Los militares fueron enjuiciados por delitos de "secuestro" y "asociación ilícita". El fallo recuerda que el crimen fue cometido en plena democracia.
El juez chileno Alejandro Madrid dispuso ayer la condena de 14 personas, entre ellas, tres militares uruguayos extraditados oportunamente al país trasandino, por el crimen del bioquímico chileno y ex agente de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) de Chile, Eugenio Berríos, cuyo cuerpo sin vida fue encontrado en una playa de El Pinar, en 1995, tres años después de su desaparición.
El magistrado dispuso, en este sentido, la condena del coronel (r) Tomás Casella, y los coroneles, en actividad, Wellington Sarli y Eduardo Radaelli. Casella fue condenado a 8 años y dos días por los delitos de "secuestro" y "asociación ilícita", mientras Radaelli fue enjuiciado a 5 años y 62 días por los mismos delitos, ambos con pena de penitenciaría.
En tanto, el coronel Wellington Sarli fue condenado a 3 años y 61 días (también por "secuestro" y "asociación ilícita"), pero fue beneficiado con medidas de libertad vigilada, según informó ayer el diario La Nación de Chile.
Asimismo, el juez Madrid dispuso la condena de los militares chilenos Arturo Silva Valdés, Hernán Ramírez Rurange, Eugenio Covarrubias, Manuel Provis, Jaime Torres Gacitúa, Raúl Lillo, Pablo Rodríguez Márquez, Manuel Pérez Santillán, Fernando Torres Silva, Nelson Román y Marcelo Sandoval a penas entre 1 y 3 años de prisión, por su participación en el secuestro y posterior homicidio de Berríos. En tanto, cinco militares fueron exculpados y absueltos de los cargos imputados.
La pena más severa del proceso recayó sobre el teniente coronel (r) Arturo Silva Valdés ("secuestro con homicidio"); el enjuiciamiento de dos ex jefes de la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE) como los generales (r) Covarrubias y Ramírez Rurange, demostraría el grado de vinculación de las altas autoridades del Ejército chileno con el crimen.
En este sentido, la resolución del juez Madrid establece tajantemente que el secuestro y posterior homicidio de Berríos fue perpetrado "durante un período de plena vigencia del orden constitucional", por "personal militar en servicio activo de los Ejércitos de Chile y Uruguay". El secuestro de Berríos ocurrió en 1992; su cuerpo apareció tres años después en la playa de El Pinar.
Los militares "se apartaron de las funciones propias de sus cargos, formando una organización paralela a la estructura regular", establecieron "una línea de mando jerárquica paralela", mediante la cual dispusieron de "recursos económicos" para la realización de "las misiones ilícitas". Además, establecieron "vínculos con militares extranjeros a los que invitan a participar en esta organización delictual, quienes en algunos casos actúan directamente, y, en otros colaboran en la perpetración de delitos", detalla la sentencia del magistrado según el diario "La Nación".
Los militares uruguayos fueron condenados por su participación efectiva en el secuestro de Berríos, tras permanecer cuatro años en territorio chileno desde su extradición dispuesta en abril de 2006, en un fallo unánime de la Suprema Corte de Justicia (SCJ). "Los requeridos, aún antes de verificarse la comisión del ilícito penal, estaban dispuestos a colaborar con los militares chilenos en la custodia del secuestrado para eludir la acción de la Justicia, hecho que no puede reexaminarse en sede de casación penal porque 'no podrán discutirse los hechos dados por probados en la sentencia, los que se tendrán por verdaderos'", señaló la resolución del máximo órgano del Poder Judicial uruguayo.
"Los delitos por los cuales se les incrimina (asociación ilícita y secuestro) tuvieron su comienzo de ejecución en Chile, pero por tratarse de delitos de carácter permanente los involucrados pueden ser responsabilizados desde el comienzo de la conducta delictiva", estimó la Corte en dicha oportunidad.
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Militares condenados en
Chile por caso Berríos
El juez chileno Alejandro Madrid condenó ayer a los militares uruguayos Tomás Casella, Eduardo Radaelli y Wellington Sarli por su participación en el secuestro y asesinato del químico chileno Eugenio Berríos.
Catorce militares fueron condenados ayer a prisión por el secuestro y asesinato del químico chileno Eugenio Berríos. Entre ellos, los militares uruguayos Tomás Casella, Eduardo Radaelli y Wellington Sarli.
El coronel retirado Casella fue condenado a cinco años y un día por su participación en el secuestro y a tres años y un día por el delito de "asociación ilícita". El coronel en servicio, Eduardo Radaelli, recibió una pena de cinco años y un día de prisión por secuestro y 61 días por asociación ilícita, mientras que el también coronel en actividad, Wellington Sarli, fue condenado a tres años y un día de prisión, aunque el juez le concedió el beneficio de la libertad vigilada, que rige en el sistema chileno para las condenas menores a cinco años, según informaron ayer las agencias internacionales AFP y EFE.
El abogado de los militares, Carlos Castro, dijo a Montevideo Portal que es "absolutamente aberrante" que sus defendidos hayan permanecido todo este tiempo en Chile, a donde fueron extraditados el 18 de abril de 2006.
El abogado subrayó que las penas de los tres militares uruguayos fueron medias en comparación con los otros procesados por el caso y citó el ejemplo del ex mayor del Ejército chileno, Arturo Silva Valdés, quien por la misma causa fue condenado a 10 años y un día de prisión por secuestro con homicidio, más 3 años y un día por asociación ilícita.
En cuanto a la diferencia de las tres condenas, Castro explicó que el magistrado encontró mayor responsabilidad en el caso de asociación ilícita en Casella tomando en cuenta su grado, mientras que en el caso del delito secuestro, Madrid consideró los diferentes niveles de participación.
El ex mayor del Ejército, Jaime Torres Gacitúa, el ex oficial, Manuel Provis Carrasco, y el general retirado, Hernán Ramírez Rurange (ex jefe de inteligencia del Ejército), fueron condenados a ocho años de cárcel por los delitos de secuestro y asociación ilícita.
En tanto, Raúl Lillo Gutiérrez, ex empleado civil del Ejército, recibió una condena de cinco años y un día por el delito de secuestro y cien días más por asociación ilícita, mientras que Fernando Torres Silva, general y ex auditor del Ejército, fue condenado a tres años de cárcel.
El general retirado, Eugenio Covarrubias Valenzuela, y los ex oficiales Pablo Rodríguez Márquez, Manuel Pérez Santillán, Marcelo Sandoval y Nelson Román fueron condenados por su participación en el secuestro y a todos se les concedió la libertad vigilada.
En tanto, los ex militares absueltos por el juez Madrid en el fallo de primera instancia fueron Enrique Ibarra, Mario Cisternas, Nelson Hernández Franco, Erika Silva Morales y Emilio Rojas.
Berríos, a quien se atribuye la fabricación del gas sarín que la dictadura chilena usó para eliminar a disidentes, fue sacado clandestinamente de Chile el 26 de octubre de 1991, bajo el nombre falso de Tulio Orellana, en una operación que involucró a agentes de la Dina (la disuelta Policía secreta de la dictadura de Augusto Pinochet), con la colaboración de militares uruguayos. El operativo se realizó para impedir que declarara en el juicio por el homicidio del ex canciller Orlando Letelier, perpetrado por la Dina en Washington, en 1976.
El agente fue visto por última vez en 1992, cuando se presentó en una comisaría de Uruguay para denunciar que estaba secuestrado, pero fue entregado a unos militares y no se supo más de él.
En abril de 1995 su cadáver fue hallado, con disparos en el cráneo y atado de pies y manos, en una playa del balneario canario de Parque del Plata.
DISCURSO PRONUNCIADO POR SALVADOR ALLENDE
LARGO CAMINO
artículo tomado de "La DIARIA" de Montevideo
Se inició un juicio por la desaparición, en abril de 1975, de Omar Cubas Simones.La jueza penal de 7º Turno, Mariana Mota, y la fiscal Ana María Tellechea empezaron ayer a tomar declaraciones en calidad de denunciantes a cuatro hermanos y a la sobrina de Omar Cubas Simones, quien no tenía actividad partidaria.
La confirmación de la desaparición fue recibida, durante un interrogatorio, por una de las hermanas, Mirtha Cubas, quien ante la magistrada identificó al coronel Ernesto Ramas y al teniente José Luis Parisi como los torturadores.Los hermanos decidieron acudir a la Justicia a raíz de una investigación que inició la sobrina de Omar, Leticia Cubas para un documental. “Haciendo el proyecto se encuentra con una filmación de la dictadura en la que se veía, en un muro, una pintada con la silueta de Omar y una inscripción de ‘desaparecido’”, explicó Mirtha a la diaria tras su comparecencia, y mientras aguardaba en la sala de espera del juzgado de Misiones y 25 de Mayo que sus hermanos y testigos hicieran lo propio.
Ella fue la primera.“A partir de entonces, esa idea que estuvo flotando durante mucho tiempo se refuerza. La idea de retomar la búsqueda. Lo había buscado fundamentalmente mi madre, que murió en 1991. Pero esa silueta, no sé cómo le impresionó a cada uno, pero para mí, cuando Leticia me dijo: ‘tía, tengo algo para mostrarte’, y lo vi, fue como volver a traer a la persona, la representación. Eso nos dio fuerzas para iniciar este largo camino”, relató, al tiempo que su sobrina daba su testimonio ante las magistradas.El material audiovisual en el que Leticia trabaja contiene la versión de una vecina -“que ya está muy anciana”- que vio cómo fue el despliegue del operativo de detención de Omar.
Este testimonio resulta clave para el proceso judicial y seguramente el registro será tomado como prueba por la fiscalía. También declararon ayer Mireya y Luis Cubas, este último, padre de Leticia. Al cierre de esta edición todavía no lo habían hecho los testigos Francisco Souza, Graciela Marichal y Deny Martínez.
Los hechos
En febrero de 1975 las Fuerzas Conjuntas apresaron a la madre de los hermanos, Élida Simones, quien vivía al fondo de una tintorería, la empresa familiar, que hizo las veces de “punto de encuentro” entre militantes del Partido Comunista, en el cual militaban los cuatro hermanos denunciantes.
El mismo día también capturaron en sus respectivos domicilios a Mirtha y a Omar. Todos fueron encapuchados, trasladados al Departamento II de la Jefatura de Policía e interrogados por separado.“Se nos dijo que estábamos detenidos bajo medidas prontas de seguridad, se nos fichó como comunistas y se nos amenazó de que no siguiéramos realizando actividad política porque nos iba a ir peor. Ese mismo día nos pusieron en libertad”, recordó Mirtha.
Desde entonces, los hermanos dejaron de tener contacto entre ellos; algunos pasaron a la clandestinidad y otros se exiliaron. “Transitando el otoño de 1975, las únicas personas de la familia que hacían ‘vida normal’ eran nuestra madre, Miryan y Omar, puesto que pensábamos -erróneamente- que no corrían riesgos”, porque no tenían militancia, tal como consta en la denuncia a la que accedió la diaria.
Omar permaneció detenido por las Fuerzas Conjuntas y está desaparecido desde fines de abril de ese año, según la información recabada en aquel entonces por su madre en base al aporte de vecinos. “Nuestra madre buscó a Omar por comisarías, cuarteles, hospitales y hasta en la morgue. En ningún lugar le dieron información. A partir de entonces comenzó a presentar denuncias”, señalan en el escrito.En enero de 1976 Mirtha estuvo detenida en el Batallón 13.
“Me preguntaron sobre mis otros hermanos, pero nunca por Omar. Cuando pregunto qué le hicieron, en la parte del interrogario, de la tortura, me dicen que él seguramente se fue del país”, recordó a la diaria. Mirtha -quien estuvo recluida en la cárcel de Punta de Rieles hasta fines de 1982- identificó como sus torturadores al coronel Ernesto Ramas y al teniente José Luis Parisi, a quienes el abogado querellante, Óscar López Goldaracena, solicitó que los citen como testigos o, llegado el caso, como indagados. Y extiende el pedido para el dictador Juan María Bordaberry.
Los familiares reclaman que se indague sobre lo sucedido, se identifique a “los responsables en todos los niveles” y se juzgue como crimen de lesa humanidad. “No resulta aplicable en la especie ninguna normativa legal o administrativa que obstaculice o impida la investigación, persecución y juzgamiento de crímenes de lesa humanidad”, advierte el abogado en la demanda, en alusión a la vigencia de la Ley de Caducidad.
Sobre este punto, López Goldaracena adelanta que si se declarase el caso amparado en esta norma “impidiéndose la prosecusión de esta denuncia”, recurrirá a la Suprema Corte de Justicia para que se pronuncie sobre su inconstitucionalidad.
Lourdes Rodríguez
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